Hace varios años, me llamó la atención un estudio sobre los parques temáticos de Disney: la empresa había contratado un equipo de analistas para averiguar qué era aquello que lo niños encontraban más fascinante dentro de su parque temático. ¿Serían Mickey y Minnie? ¿El castillo de Cenicienta? ¿Space Mountain?

No, eran los móviles de sus padres. Puesto que sus padres siempre los estaban mirando, los niños también lo querían hacer. Daba igual que estuvieran rodeados de tazas de té giratorias, piratas gruñones y ratones gigantes. A pesar del colorido y ruidoso mundo a su alrededor, tanto los niños como los padres estaban más interesados en el diminuto y silencioso mundo que transcurría dentro del rectángulo luminoso de cristal.

Hoy, una mayor proporción de nosotros estamos atados a estos dispositivos, que a su vez nos mantienen atados al trabajo. The Economist los ha denominado como "los dispositivos de venta más rápida de la historia". El iPhone se lanzó en 2007, la Blackberry en 1999, y aun así la mitad de la población adulta tiene un smartphone. La cifra es aún más alta en Estados Unidos, donde casi dos tercios de los adultos disponen de uno (aproximadamente la cifra es el doble de la de 2011). Y los utilizamos constantemente. El estadounidense medio dedica más de dos horas al día a su smartphone. Los miramos a primera hora de la mañana, a última hora de la noche, desde el inodoro. Uno de cada 10 personas reconoce utilizarlo incluso durante las relaciones sexuales.

Estas crecientes tasas de uso coinciden con un marcado descenso en los días de vacaciones disfrutados. Los estadounidenses de hoy disfrutan de casi una semana menos de vacaciones que en 2000. Antes de esta fecha, el tiempo de vacaciones disfrutadas se había mantenido relativamente estable.

Gráfico: El gráfico muestra el número de días medios de vacaciones disfrutados por los estadounidenses desde 1978 hasta 2014.

Para 2014, el 42% de los estadounidenses aseguraba a los encuestadores que no habían disfrutado ni de un sólo día libre durante el último año. Así que mientras que hace largo tiempo que Estados Unidos representa la única nación desarrollada que no garantiza ningún descanso remunerado a sus trabajadores, su estatus de Nación Sin Vacaciones es un fenómeno relativamente reciente.

Y, al igual que en Disney World, nuestros hijos se están percatando de ello.

Así lo revela el nuevo informe Proyecto: Tiempo de Descanso (PTO, por sus siglas en inglés), que encuestó a una muestra representativa de más de 700 niños entre los 8  años y los 14 años, y a sus padres. Según sus resultados, el hábito de la "conexión perpetua" también está modelando las vidas de nuestros hijos.

Tres cuartos de los niños encuestados afirman que sus padres no desconectan completamente del trabajo al llegar a casa, y más del 80% ha observado cómo sus padres se traen el estrés profesional a casa con ellos. (PTO es una iniciativa financiada en gran parte por la Asociación de Viajes de Estados Unidos, que naturalmente está preocupada por lo que todo este trabajo está haciéndole a la industria del turismo).

Hablé con Katie Denis, que redactó el informe y es la directora de programa de PTO, y me facilitó algunos datos adicionales de la encuesta que no fueron incluidos en el informe final. Según su correo electrónico: "Los niños con padres que contactan con el trabajo la mayoría de los días tienen más del doble de probabilidades de afirmar que sus padres vuelven del trabajo de mal o muy mal humor (20%) en comparación con los niños cuyos padres nunca contactan con el trabajo fuera de su horario laboral (8%)".

Los padres que contactan regularmente con el trabajo fuera de horas también tienen mayores probabilidades de tener unos hijos estresados, por unos 20 puntos de porcentaje. Aproximadamente uno de cada cinco niños afirma que sus padres trabajan fuera de horas desde casa casi cada noche.

Y aun así, no se puede decir que los padres estadounidenses estén descuidando a sus hijos: de hecho, en la actualidad pasan más tiempo con sus hijos que durante la década de 1960. Así que, ¿cuál es el problema?

Pues, existen investigaciones longitudinales y revisadas por pares que demuestran que la cantidad de tiempo que uno pasa con sus hijos realmente no importa. El viejo mantra es cierto: lo que cuenta es lo que hagamos con ese tiempo. Si pasa mucho tiempo con sus hijos, pero ese tiempo lo emplea de forma paralela en distintas pantallas, ese tiempo no va a tener el mismo impacto que una tranquila acampada o un juego de mesa informal.

Pero fíjense: avasallar ansiosamente a los niños como un súperpadre parece ser igual de destructivo que mantener una mala separación de lo profesional y personal. Es el estrés lo que hace daño a los niños, no la causa de ese estrés, según el mismo estudio revisado por pares, otra cosa que también señaló el informe de PTO. Tal y como me contó Denis por teléfono, "los niños se fijan mucho en el estado anímico de sus padres".

Los niños también perciben si sus padres no acuden a sus eventos más importantes. Casi seis de cada 10 niños dijo que sus padres se habían perdido hitos como obras de teatro, partidos de fútbol y ceremonias de entrega de premios, incluso importantes fiestas populares, por culpa del trabajo. La mayoría de los niños (59%) se sintieron disgustados por la falta de presencia de sus padres en sus vidas y el 58% "pueden detallar el último acontecimiento al que faltaron sus padres".

Por una parte, un padre ocupado podría señalar que los niños de hoy parecen tener un sinfín actividades de este tipo y que muchos colegios parecen no hacer ni siquiera un esfuerzo simbólico por acomodarse a los horarios de los padres trabajadores. Pero por otra parte, recuerden, no es como si los estadounidenses estuviesen utilizando todos sus días de vacaciones, ni la mayor parte de ellas. En el estudio de PTO, el 39% de los padres disponían de días de vacaciones sin disfrutar, y el 22% de todos los padres reconocieron que hacía más de un año desde sus últimas vacaciones en familia. En otro estudio, el 85% de las personas reconoció que les resultaría fácil gastar un día más de vacaciones para pasarlo con sus familias.

Por supuesto, es cierto que Estados Unidos tiene un tejido social menos consistente que muchos otros países desarrollados y prósperos. Hay padres en Estados Unidos que no disponen de vacaciones remuneradas por que trabajan de autónomos, mantienen varios trabajos distintos a tiempo parcial o podrían ser despedidos a voluntad por quedarse en casa cuidando de un hijo enfermo. Y existen bastantes pruebas de que crecer en un hogar económicamente inseguro resulta estresante para los niños y afecta negativamente su desarrollo.

Pero, extrañamente, parece que los padres que teóricamente tendrían cierto control sobre su trabajo son los mismos que más luchan con la sobrecarga de trabajo. Joan C. Willians y Heather Boushey encontraron en un informe de 2010 que los estadounidenses trabajaron una media de 11 horas a la semana más en 2006 que en 1979, lo que equivale a tres semanas más de trabajo al año. Es más, encontraron una diferencia en la distribución de estas horas adicionales: las horas de los mejores asalariados subieron, mientras las horas de los estadounidenses de bajos ingresos se redujeron. Los autores detallan: "Lo que muestra nuestro análisis de datos es lo que los eruditos llaman 'la división del tiempo'. En los Estados Unidos de hoy, muchos de los trabajadores mejor remunerados quieren desesperadamente trabajar menos horas, mientras que muchos trabajadores con ingresos más bajos sólo encuentran trabajo a tiempo parcial, o ningún trabajo en absoluto".

Otro estudio de PTO encontró, de forma parecida, que mientras que la mayoría de los empleados tienen pocas dificultades para disfrutar de sus días de vacaciones, a los altos cargos les resulta mucho más difícil mantenerse alejados del trabajo cuando están de vacaciones:

Gráfico: El gráfico muestra el número de días medios de vacaciones disfrutados por los estadounidenses desde 1978 hasta 2014.

Existen muchos motivos por los que los profesionales luchan contra esto, algunos más psicológicos que económicos. Pero el impacto está claro: genera estrés y desgaste, tanto en el trabajo como en casa, y subir de categoría no resuelve el problema. No estoy segura de que sepamos, aún, qué pasará cuando a los líderes les parezca normal estar trabajando todo el tiempo, pero puede que estemos en proceso de averiguarlo. Es un problema para las empresas y para los padres.

Denis afirma: "Lo que más me preocupa es que no sólo estamos diciendo a los niños que trabajar todo el tiempo representa un comportamiento aceptable, sino que estamos estableciendo una nueva norma. Y si ese es el caso, nuestros hijos creerán que está bien y la situación no hará más que empeorar".

Aquí reside el problema. Los niños no quieren un viaje todo incluido a Belice. De hecho, la actividad más popular que mencionaron los niños de la encuesta de PTO fue que un padre se una a una excursión escolar. Como lo expresó una niña de 11 años: "No importa lo que hagamos, sólo importa que nos lo pasemos bien". Los gestos sencillos generan un enorme impacto en el bienestar de los niños. Mientras que sólo el 19% de los niños de la encuesta dijeron que típicamente están de buen humor un día cualquiera, en los días que sus padres se toman un descanso del trabajo para pasar tiempo con ellos esa cifra alzó al 60%.

Así que no dejen que las oscuras cifras de estos estudios le estresen aún más. Simplemente, deje el móvil y haga algo. No tiene que ser algo alucinante. Sólo tiene que ser algo. Denis, como madre, advierte: "Si no se saca ese tiempo, jamás lo podrá recuperar".