Hace poco leí las dos primeras biografías de Teddy Roosevelt escritas por Edmund Morris, The Rise of Theodore Roosevelt y Theodore Rex. Roosevelt no carecía de defectos, pero era, según cuentan prácticamente todos, fascinante e intelectualmente voraz. Publicó su primer libro, The Naval War of 1812, a los 23 años, y siguió escribiendo sobre todo tipo de temas, desde la conservación hasta la política e incluso biografías. Según Morris, se rumoreaba que en ciertas épocas Roosevelt llegó a leer un libro al día, y de tanto leer y escribir acabó convirtiéndose en una persona carismática y singularmente capacitada para abordar el amplio abanico de temas que tocó como presidente: esfuerzos nacionales de conservación, expansión naval, regulación de monopolios y muchos más.

Roosevelt fue lo podríamos llamar un "aprendiz vitalicio". Para él, aprender se convirtió en un modo de entretenimiento personal y un camino hacia el éxito profesional. Es un hábito que a muchos de nosotros nos gustaría emular. The Economist argumentó recientemente que con todas las disrupciones de la economía moderna, especialmente la tecnología, adquirir aptitudes continuamente es crítico para una relevancia profesional persistente. Los niveles de educación formal a menudo se asocian a ingresos más altos y una tasa menor de desempleo. Y además de eso, aprender es divertido. Es un placer descubrir un tema nuevo. Tener un conjunto de temas interesantes en la manga cuando se habla con compañeros o amigos puede impulsar la confianza. Y resulta gratificante lograr comprender un nuevo tema complicado.

Pero este tipo de aprendizaje continuo y persistente no se basa en una simple decisión. Ha de convertirse en un hábito. Y como tal, requiere cultivarlo de manera adecuada.

Primero, desarrollar el hábito de aprender requiere que uno defina los resultados que le gustaría lograr. ¿Quiere mejorar su capacidad de conversar y su actividad intelectual al leer un abanico de contenidos nuevos? ¿O acaso intenta dominar un tema específico? ¿Le gustaría asegurarse de estar al día en uno o dos temas no relacionados con su trabajo cotidiano? En mi propia vida, me gusta mantener un programa de lectura que me exponga a una variedad de temas y géneros con el objetivo de realizar una exploración intelectual general. Aunque también profundizo en un par de áreas, como la educación, la política exterior y el liderazgo. Escoger uno o dos resultados le permitirá fijar objetivos alcanzables para garantizar que el hábito se arraigue.

En función de estas elecciones, definí unos objetivos realistas. Al igual que mucha gente, cada año me fijo un conjunto de objetivos. Estos toman la forma de los objetivos que me gustaría lograr durante el año (por ejemplo leer 24 libros en 2017) y los hábitos diarios o semanales que necesito cultivar en función de esos objetivos (por ejemplo leer durante más de 20 minutos cinco días a la semana). Para mí, los objetivos a largo plazo se rastrean en una agenda. Monitorizo mis hábitos diarios o semanales mediante una app llamada momentum, que me permite introducir rápida y fácilmente la consecución de mis hábitos diarios y vigilar su cumplimiento. Estos objetivos convierten un deseo de mejorar el aprendizaje en un conjunto de acciones concretas.

Con estos objetivos en la mano, hay que desarrollar una comunidad de aprendizaje. Yo pertenezco a un grupo bimensual de lectura que me ayuda a mantener mis objetivos de lectura y hace que cumplirlos resulte más divertido. De forma similar, muchos de mis amigos escritores se unen a grupos de escritura donde los miembros leen y editan el trabajo de los otros. Para objetivos más específicos, únase a una organización centrada en los temas sobre los cuales quiere aprender: un grupo de debate de política exterior que se reúna mensualmente o un grupo de carpintería que se junte regularmente para intercambiar conocimientos. Podría incluso considerar una clase formal o una licenciatura para añadir profundidad a su exploración del tema y adquirir un compromiso. Estas comunidades aumentan el compromiso y hacen más divertido aprender.

Para centrar sus objetivos, olvídese de las distracciones. Aprender es divertido, pero también requiere mucho trabajo. Está tan extraordinariamente bien documentado que casi es un tópico ya, pero el modo multitarea y especialmente la tecnología (los móviles, el correo electrónico...) pueden dificultar o impedir la profunda concentración requerida para un aprendizaje real. Reserve tiempo para el aprendizaje y minimice las interrupciones. Cuando lea, encuentre un lugar tranquilo y déjese el móvil en otra parte. Si toma clases o participa en un grupo de lectura, tome notas, que mejoran la retención y el entendimiento, y deje el portátil, los dispositivos móviles y otras tecnologías que distraen en el coche u otro sitio lejos de su alcance. Y además de eliminar las distracciones físicas, considere entrenar su mente para lidiar con ellas. He descubierto que meditar regularmente ha mejorado mi concentración intelectual, lo que ha ayudado a mejorar mi capacidad de prestar atención durante ponencias y de leer libros difíciles

Por último, cuando sea apropiado, utilice la tecnología para complementar el aprendizaje. Aunque la tecnología puede representar una distracción, también puede apoyar un régimen de aprendizaje. Los cursos masivos en línea (MOOC, por sus siglas en inglés) permiten que los alumnos participen en remoto en la comunidad y aprendan de algunas de las personas más brillantes del mundo con el compromiso adicional de la participación en clase. Los podcasts, audiolibros, libros electrónicos y otras herramientas permiten tener un libro a mano en todo momento prácticamente. He descubierto que utilizar audiolibros en momentos como los desplazamientos al trabajo o cuando hago deporte me permite leer el doble de libros al años. Los buenos podcasts o cursos de iTunes U pueden proporcionar de forma parecida aprendizaje en movimiento. Si se combinan estas herramientas con apps que rastrean el hábito, la tecnología puede convertirse en un componente esencial de una rutina de aprendizaje.

Todos nacemos con una curiosidad natural. Queremos aprender. Pero las exigencias de la vida profesional y personal a menudo reducen el tiempo y la voluntad requeridos para alimentar esa curiosidad natural. Desarrollar hábitos específicos de aprendizaje (concienzudamente establecidos y concienzudamente cultivados) puede proporcionar una ruta hacia una continuada relevancia profesional y también hacia una profunda felicidad personal. Tal vez estuviera Roosevelt en lo cierto: una vida de aprendizaje en sí puede ser un éxito.