La guerra de las galaxias se ha convertido en una de las sagas emblemáticas de nuestra época. Hasta la fecha, ha generado más de 30.000 millones de dólares (unos 27.000 millones de euros). Nadie predijo semejante éxito. La mayoría de la gente creía que Una nueva esperanza, el episodio IV y la primera película de la saga, sería un estrepitoso fracaso.

Twentieth Century Fox tenía poca fe en el proyecto. Su creador y director, George Lucas, dijo después que "nadie creía que fuera a ser un éxito". Cuando se estrenó Una nueva esperanza, en 1977, la mayoría de los involucrados creían tener entre manos todo lo contrario a un bombazo. ¿Cómo pudieron estar tan equivocados?

Mi objetivo es explorar –y rechazar– una explicación común para el éxito de La guerra de las galaxias pero también de los negocios, productos e ideas en general. La explicación consiste en la idea de que lo que importa es la relación entre la cultura y el producto en el momento de lanzarse. En resumidas cuentas: algunos productos, artistas y películas llegan a tocar una fibra cultural concreta, y eso es tanto necesario como suficiente para alcanzar el éxito. Incluso si son geniales, según esta teoría, fracasarían si se lanzan en el momento equivocado. Otros productos, artistas y películas son excelentes pero la cultura no está preparada para ellos o su tiempo ya ha pasado,entonces fracasan. Lo que se necesita es resonancia cultural.

El problema es que normalmente no existen pruebas para este razonamiento. De hecho, es justo el tipo ideas que nuestros cerebros poco fiables y buscadores de patrones tienden a inventarse, como muchas investigaciones han demostrado.

Resulta fácil ver por qué el argumento de la resonancia cultural, bueno, resuena tanto; para La guerra de las galaxias, el iPhone y para casi cualquier otra cosa. Desde su punto de vista, la película de Lucas simplemente tocó la fibra adecuada. El primer lanzamiento de La guerra de las galaxias no se tituló originalmente Una nueva esperanza (simplemente se llamaba La guerra de las galaxias), pero todos lo entendieron así porque eso es exactamente lo que era. Después del tumulto de la década de 1960 –con los asesinatos de dos Kennedys, Martin Luther King Jr. y Malcolm X– una nueva esperanza era justo lo que quería el público. Lucas se la entregó en una nave plateada.

Para algunos, ayudó el hecho de que el Imperio, el antagonista de Una nueva esperanza, pudiese interpretarse como una representación de Estados Unidos, o al menos de la administración Nixon (algo que sugirió el propio Lucas). Para otros, no vino mal que la película se lanzara durante la etapa final de la Guerra Fría, lo que significaba que el Imperio podía verse fácilmente como una representación de la Unión Soviética. (¿Fue coincidencia que en 1983 Ronald Reagan describiera la Unión Soviética como "un malvado imperio"?)

De forma parecida, no existe serendipia alguna en el hecho de que Harry Potter y Los juegos del hambre despegaran durante la primera y segunda década respectivamente del siglo XXI. Tras el 11 de septiembre de 2001, la gente demandaba entretenimiento relacionada con las inquietudes colectivas sobre el malvado... ¿Voldemort, en el papel de Osama bin Laden? ¿O acaso buscaban películas que evocaran sueños de heroicos combatientes por la libertad. Una nueva esperanza, las películas de Harry Potter y Los juegos del hambre tienen algo en común: encajan con el guion del zeitgeist, un término alemán que significa literalmente "el espíritu" y que se refiere al clima cultural e intelectual de una época determinada.

Harry Potter demostró que, con un poco de magia, los buenos pueden triunfar. Los juegos del hambre combinaron la ciencia ficción y la acción (cosas típicamente "de chicos") con lo romántico (algo típicamente "de chicas") y abordaron nuestra preocupación sobre la tecnología y la vigilancia. El contenido de las historias exitosas puede ir de lo genial a lo malísimo, lo que importa es que resuene.

Aquí viene el problema de tales explicaciones: resulta demasiado fácil construirlas después del hecho, del éxito. Estas historias son imposiblemente especulativas –como afirmar que el mundo estaba preparado para La guerra de las galaxias después de la década de 1960, que Harry Potter representó la narrativo post-11S ideal, que Gone Girl (Perdida) tenía todas las de convertirse en un éxito de ventas tras la crisis financiera o que Mad Max estaba predestinada a generar una exitosa versión nueva.

Es cierto que los dos últimos ejemplos no tienen sentido, pero precisamente a eso voy. Siempre podremos elaborar alguna explicación de por qué todo lo que ha sucedido estaba predestinado, pero ¿quién sabe si es cierto? Para ayudar a visualizar el problema, intente rellenar el hueco al final de esta frase:

En vista de la singular situación de Estados Unidos en mayo de 1977, Una nueva esperanza tenía unas altísimas probabilidades de éxito porque [introduzca aquí su explicación].

Se podría señalar la economía (la bolsa, la inflación, la tasa de desempleo). Se podría señalar la situación internacional (la Guerra Fría, la Unión Soviética, China, Cuba). Se podría señalar el Watergate y el  caos posterior. Se podría señalar el movimiento de las libertades civiles. Se podría señalar algo relacionado con la tecnología, el entusiasmo o la ambivalencia del país con ella. En un vistazo, Una nueva esperanza conectó al mismo tiempo con todas esas cosas y tenía muchas posibilidades de triunfar por ello.

No se puede demostrar lo falaz de ninguna de estas explicaciones. Pero tampoco se pueden confirmar. Para ver por qué, intente realizar la misma prueba con la fecha de diciembre de 2015 y cambie la película por El despertar de la fuerza, la última entrega de la saga de La guerra de las galaxias. Sería fácil rellenar el hueco con las secuelas de la crisis económica de 2008 -también llamada la Gran Recesión-, el auge de DAESH, las nuevas inquietudes sobre la tecnología o la polarización política. La gente necesitaba animarse. Y El despertar de la fuerza desde luego lo logró. Pero, ¿es acertada esta explicación o sólo es un cuento, incluso de hadas?

Para ver el problema, suponga que Una nueva esperanza se hubiera estrenado en 1957, 1967, 1987, 1997, 2007, 2017 o 2027. ¿Habría sido un éxito o un fiasco? Diría que un éxito. Aunque los más ingeniosos podrían haberlo hecho realmente bien en una competición de ensayos así: "En vista de la situación única de Estados Unidos en mayo [introduzca el año], Una nueva esperanza estaba predestinada a triunfar porque [introduzca su motivo aquí]". Fuera cual fuera el zeitgeist, al menos hasta cierto punto, Una nueva esperanza podría haberse convertido fácilmente en un exitazo en cualquier año.

Siempre que digamos que un producto ha triunfado por el momento tan propicio de su lanzamiento, puede que acertemos pero también podríamos no estar explicando realmente nada. El riesgo de las explicaciones "del momento perfecto" aumenta en el caso de libros, música y películas para los que no realizamos pruebas controladas aleatorizadas y sea fácil afirmar que su éxito se debe a una ralentización o mejora de la economía, una manifestación en defensa de las libertades civiles o un ataque terrorista. Es fácil, pero ¿es correcto? Probablemente no.

Claro, el momento suele importar y a veces resulta crucial. Pero la mejor explicación para el éxito económico normalmente tiene que ver con la interacción entre dos factores: influencias sociales (qué le gusta a quién, cuándo y cuánto) y su mérito intrínseco (si el producto es realmente bueno). Una defensa completa de esta conclusión y la explicación de su relación con la cuestión del momento perfecto requeriría un espacio mucho mayor, por lo que terminaré con una súplica. Siempre que escuche afirmar que algo tuvo éxito porque conectó con la cultura o el ánimo de la época, ¡ojo! Probablemente esté escuchando un cuento de hadas.