Reino Unido es, sin duda, el aliado más importante de Estados Unidos. El país es capaz de proyectar su poder de manera global de un modo que supera con creces el que se le supondría por su tamaño. Tanto en operaciones militares como en el oscuro mundo de la inteligencia y el espionaje, el papel de Reino Unido contribuye en buena medida a la estabilidad y paz mundiales así como al buen funcionamiento de la OTAN. 

¿Qué supone entonces el Brexit para esta notable relación?

Es probable que el Brexit, suponiendo que el parlamento británico no ejerza su derecho a rechazar la decisión de los votantes, sea uno de los acontecimientos más relevantes para Estados Unidos y el mundo desde el fin de la Guerra Fría.

Para empezar, el voto hace que la disolución de Reino Unido sea mucho más probable. El pasado referéndum sobre la independencia escocesa podría haberse solucionado a favor de cualquiera de las opciones y, sin embargo, el apoyo de los escoceses para permanecer en la Unión Europea fue indiscutible. Cada una de las 32 áreas municipales de Escocia votó por Remain, por permanecer en la UE.

Los partidos nacionalistas escoceses seguramente reaccionen rápido y planteen a sus votantes la disyuntiva entre la Unión Europea o Reino Unido. Además, parece más que probable que ante esas dos opciones, el pueblo escocés optaría por abandonar Reino Unido y conservar la membresía en la UE (una opción que sólo sería menos probable si el coste de abandonar la UE resulta peor de lo esperado).

Las implicaciones estratégicas de la salida de Escocia de Reino Unido serían enormes, desde la perspectiva estadounidense. Un Reino Unido sin Escocia difícilmente sería capaz de desempeñar el rol descrito al principio. El estado no tendría la base económica ni la población para mantener una estructura de defensa apropiada, y para lograrla tendría que enfrentarse a costosas inversiones: por ejemplo, la base de defensa nuclear británica está ahora en Escocia y tendría que trasladarse a Inglaterra o Gales. Un proceso que costaría miles de millones de libras durante años en los que desviaría fondos necesarios para la mejora del equipamiento militar, operaciones y maniobras.

Sin el apoyo de Gran Bretaña, la capacidad de los Estados Unidos para actuar a nivel global -desde prevenir ataques rusos a los aliados de la OTAN hasta mantener la libre navegación en el Mar de la China Meridional- se verá posiblemente reducida.

Por eso, los intentos para estimar el coste del Brexit para Reino Unido en términos de PIB no van lo suficientemente lejos. Al mundo no le importa realmente si se trata de algo más o algo menos del 2% del PIB de Reino Unido, como estima Paul Krugman. El revés de las bolsas y los mercados tras la votación es tan sólo un signo de su dudosa eficacia para valorar el impacto de los eventos políticos, sobre todo desde que las encuestas revelaran que el resultado rondaría el 50/50. El impacto económico inmediato del Brexit será relativamente bajo. Pero a largo plazo las consecuencias económicas serán de mayor repercusión.

Si uno se centra en los asuntos de defensa, se entiende más fácil cómo la economía mundial está respaldada por la influencia estadounidense (e implícitamente británica) sobre el control del mundo. Una influencia que logra por su supremacía militar para anular focos de conflicto, mantener las rutas de un mercado global y permitir que estados más débiles puedan resisitir contra vecinos más poderosos.

La oposición general a la invasión estadounidense de Iraq ha tratado de ensombrecer esta función vital de las fuerzas armadas estadounidenses, pero es absolutamente esencial para sostener la economía mundial. Sin una Gran Bretaña fuerte como aliada, esa tarea se tornará significativamente más compleja.