La mayoría de la gente cree que ser emprendedor consiste en tener una gran idea. Y lo es. Para empezar algo nuevo, uno necesita una idea que funcione: algo que la gente necesite, algo que querrá y, de forma más importante –al menos para la gente que invierta en la idea– algo escalable.

Pero lo que he aprendido tras entrevistar a múltiples emprendedores centrados en la consultoría, internet y el desarrollo de software es que sin la capacidad de ejecutar una idea, de convertirla en una organización viva y viable, se está condenado al fracaso. Y para muchos emprendedores que son pensadores más que hacedores, esta es una idea terrorífica.

Por ejemplo, el propietario de una empresa de software me contó lo nervioso que se ponía cuando asumía labores de venta con los clientes. Le encantaba desarrollar el producto, y también disfrutaba hablar sobre él a los potenciales compradores porque realmente creía en él. Pero cuando se trataba de vendérselo, se quedaba en blanco, se trababa y en muchos casos simplemente no intentaba cerrar la venta. El CEO de una pequeña empresa de consultoría con el que hablé se lamentó de lo difícil que le resultaba dar a conocer su empresa en conferencias y eventos de networking por su carácter tímido e introvertido. Y el CEO de una start-up de internet creía firmemente en la misión de su empresa, pero luchaba moralmente cuando hablaba con posibles empleados sobre su "sueño" sin contar toda la realidad: podrían no ingresar lo suficiente para llegar a fin de mes.

¿Cómo pueden los emprendedores centrados en ideas convertirse en ejecutores y aprender a recaudar dinero, cerrar ventas, contratar y despedir a trabajadores? ¿Cómo pueden lograrlo especialmente cuando les obligue a salir de sus zonas de confort personal y profesional?

El primer paso consiste en realmente identificar –y admitir– los retos. A ninguno nos gusta reconocer nuestras vulnerabilidades y errores, pero para mejorar lo tenemos que hacer. Cada uno de los emprendedores de éxito con los que he hablado finalmente reconoció la importancia de estas tareas difíciles pero necesarias. También admitieron, en muchos casos, que eran cosas que habían estado evitando o posponiendo en detrimento de sus negocios.

El próximo paso crucial consiste en interiorizar el propósito y misión del proyecto; dará la motivación y el valor necesario para dar el salto. Por ejemplo, la CEO de Clara Labs, Maran Nelson, dijo esto sobre el poder de la convicción a la hora de actuar fuera de su zona de confort como CEO, especialmente mientras recauda fondos: "Lo más importante que he aprendido sobre la recaudación de fondos es simplemente creer de manera muy fundamental en lo que uno hace. Saber que es bueno. Hay que saber que lo que haces es bueno y que debe existir en el mundo".

La convicción es el sentimiento profundo de saber que lo que una persona hace  –e incluso sufre– fuera de su zona de confort merece la pena. Y dado el reto inherente que muchas tareas suponen para los emprendedores en ciernes, tener esa convicción se convierte en una pieza fundamental del puzle.

Por último, el consejo final que aprendí de mis conversaciones con emprendedores es la importancia de encontrar un camino propio. Al igual que no existe una estrategia de talla única para convertirse en emprendedor, tampoco existe ninguna para moverse fuera de la zona de confort. Por ejemplo, si tiene que presentar la idea a posibles inversores pero odia pedir dinero, redacte las primeras frases de su mensaje o lleve otra persona que le aporte seguridad y pueda ayudarle con los argumentos. O recuerde su misión antes de reunirse, de forma que tenga su propósito en mente, para facilitar la presentación. Sea lo que sea, podrá encontrar sus propias maneras de lidiar con estos momentos difíciles pero necesarios. Los emprendedores con los que hablé y tuvieron éxito fuera de sus zonas de confort eran capaces de encontrar maneras sencillas como estas para ser eficaces y sin perderse a sí mismos de camino.

Al final, la mayoría de la gente equipara el emprendimiento con las ideas. Pero para muchas personas, el emprendimiento real sucede internamente. Es el proceso de asumir un rol, tener valor y hacer cosas que nunca se haya pensado que se pudieran hacer. Si adapta su personalidad y aprende a actuar fuera de su zona de confort, estará bien encaminado para alcanzar sus objetivos.