A pesar de la tradición de emprendimiento tecnológico y de capital riesgo en la costa este de Estados Unidos, para la década de 1990 Silicon Valley ya había conseguido una ventaja considerable por delante del área de Cambridge y Boston, donde se encuentran algunas de las universidades más importantes del país. En 1995, Silicon Valley representaba el 22,6 % de las inversiones de capital riesgo en Estados Unidos, más del doble del 9,9 % de Nueva Inglaterra, una región al noreste del país y que agrupa a estados como Massachusetts y Maine.

Desde entonces, y esto se conoce menos, el porcentaje de capital riesgo estadounidense que representa Silicon Valley ha aumentado vertiginosamente desde entonces, sin importar la gran fluctuación de los fondos de inversión. Con casi un 50 % de la inversión total en el país, la bahía de San Francisco está dejando atrás a Nueva Inglaterra, donde la inversión de capital riesgo oscila en torno al 10 %.

Los motivos detrás de la diferencia entre las dos regiones han sido ampliamente estudiadas.  En su investigación pionera de 1990 sobre la superioridad de Silicon Valley sobre la Ruta 128 –la carretera estatal que rodea Boston y Massachusetts-, la profesora AnnaLee Saxenian identificó algunas de los principales diferenciadores, desde factores culturales hasta políticas estatales.

Según su investigación, Silicon Valley se benefició de una cultura más liberal, menos jerárquica y menos adversa al riesgo que Nueva Inglaterra. Además, a diferencia de Massachusetts, el estado de California prohibió las cláusulas de no competencia en los contratos de los trabajadores. Estas políticas fomentaron la creación de una bolsa de talento más libre y menos leal en Silicon Valley. En consecuencia, las compañías de la bahía de San Francisco siempre han tenido más presión, incluso paranoia, para desarrollar sus productos y proyectos mucho más rápido que sus homólogas de la costa este.

¿Qué otros factores explicarían la brecha cada vez mayor entre Silicon Valley y la zona de Cambridge y Boston durante los últimos 20 años? Proponemos tres hipótesis que se refuerzan mutuamente.

Primero, la transformación digital está engullendo a casi todas las industrias. La transformación empezó en la venta al por menor, la industria musical y cinematográfica durante la década de 1990. Hoy ya afecta a la educación, los servicios financieros, el transporte, la energía, el medio ambiente, la hostelería, la biología y todo los tipos de fabricación industrial, por nombrar sólo unos pocos. Las tecnologías que lo permiten (sensores, motores de búsqueda, redes sociales e inteligencia artificial) están presentes en todas estas industrias.

Silicon Valley controla y domina todas estas plataformas tecnológicas. Por el contrario, Nueva Inglaterra se está convirtiendo cada vez más un foco emprendedor especializado en biología y otras áreas relacionadas como la biomedicina. El 60 % de las inversiones de capital riesgo durante los tres primeros trimestres de 2016 en Nueva Inglaterra ha recaído en proyectos de biotecnología y dispositivos médicos. Esta es la razón por la que, llegado el caso, un número cada vez mayor de emprendedores tecnológicos prefieren lanzar, o trasladar, sus empresas en Silicon Valley. También es la razón por la que Silicon Valley se ha convertido en la meca de la innovación para los laboratorios digitales de un buen número de industrias "tradicionales" (como, entre otras, General Electric, Walmart y Daimler-Benz).

La proximidad física con la creación tecnológica, la ingeniería más puntera, los complementors [NdT: empresas que comercializan productos o servicios que complementan los productos o servicios de otras para aportar valor a clientes comunes] y hasta con los competidores importa. La distancia geográfica puede convertirse en un gran obstáculo cuando uno no sabe con quién se ha de hablar y cuando se intenta aprovechar las ideas todavía por desarrollar de otras personas sobre tecnología y productos. Hay que estar conectado con las redes informales y locales, estar en el lugar adecuado. El resultado ha sido un efecto llamada constante en Silicon Valley.

Segundo, como ha argumentado convincentemente el cofundador de LinkedIn Reid Hoffman, Silicon Valley ha desarrollado una ventaja comparativa en el arte y la ciencia de escalar empresas. Una vez que Silicon Valley adelantó a Nueva Inglaterra y otras regiones en la creación y escalado de start-ups, encontró también que había creado un grupo cada vez mayor de emprendedores y ejecutivos experimentados dispuestos a fundar, unirse, invertir o ayudar de cualquier manera a empresas de nueva creación.

Valga como ejemplo las trayectorias profesionales del equipo fundador de PayPal, del que formaron parte Elon Musk, Hoffman, Peter Thiel y otros destacados emprendedores en serie. Su éxito animó a las start-ups de otras ciudades a mudarse a San Francisco. Probablemente, el caso más famoso sea el de Facebook, creada por Mark Zuckerberg en su colegio mayor de la Universidad de Harvard en Cambridge. Seducido por la capacidad de Silicon Valley para facilitar el escalado, no tardó en moverse con su equipo directivo hasta la bahía de San Francisco.

Tercero, a medida que el mercado de capital privado crece y madura, resulta más fácil recaudar grandes sumas de dinero sin necesidad de una oferta pública inicial. Uber, por ejemplo, está valorada en más de 60.000 millones de dólares (57.000 millones de euros) y no cotiza en bolsa. Debido a su catálogo de start-ups y ventajas para escalarlas, Silicon Valley se ha convertido en el principal beneficiado de este nuevo tipo de mercado de capitales. De media, los emprendimientos tecnológicos de Silicon Valley se escalan con más rapidez y atraen cantidades más grandes de financiación para empresas en crecimiento y de fase avanzada.

Los mismos factores que impulsan el predominio de Silicon Valley dentro del ecosistema estadounidense también entran en juego en otras economías desarrolladas. Los clústeres de software están superando a los de hardware u organizados por sectores. Por eso, las empresas tecnológicas y las inversiones de capital riesgo crecen más rápido en Pekín (China) que en Shanghái o Shenzhen (también en China), en Bangalore más que en Mumbai o Nueva Delhi (todas en India) y (hasta el resultado del Brexit) más en Londres (Reino Unido) que en Berlín (Alemania) o París (Francia).

¿Cuál será entonces la tendencia del emprendimiento tecnológico? Incluso aunque el emprendimiento y el capital riesgo se expandan más en otros lugares fuera de Estados Unidos, deberíamos esperar una concentración cada vez mayor en torno a unos pocos clústeres o focos de emprendimiento centrados en el software. Por ahora, los candidatos más probables fuera de Estados Unidos son Pekín, Bangalore, Tel Aviv (Israel), Londres y Berlín.

Tomen nota, emprendedores tecnológicos del mundo. A menos que esté lanzando su emprendimiento en un área especializada como Nueva Inglaterra con la biotecnología, quizá deba considerar instalarse en algunos de los epicentros del software en el mundo. Todo indica que seguirá devorando el mundo.