Los refugiados que están llegando a Europa en masa desde África, Oriente Próximo y Oriente Medio han generado probablemente la mayor crisis del experimento europeo desde sus inicios tras la Segunda Guerra Mundial. La gente se lleva las manos a la cabeza, agita los puños: ¿Qué hacer con los millones de migrantes y refugiados que cruzan mares y fronteras hacia Occidente? ¿Qué hacer con los millones de solicitudes de asilo en Europa?

Una manera de ayudar a evitar más migraciones y que tanto los países anfitriones como los migrantes y refugiados que ya se encuentran en Europa puedan beneficiarse consiste en promocionar el emprendimiento como una herramienta de creación de empleo. Esta solución ha sido en gran parte desestimada. Pero la falta de trabajo y la inseguridad económica generalizada son dos de las principales razones por las que las personas afectadas por guerras o conflictos locales decide huir. Y un trabajo es lo primero que les hace falta cuando llegan a sus nuevos hogares.

El emprendimiento ha demostrado ser el principal creador de empleo en economías grandes y pequeñas por igual. Según la Fundación Ewing Marion Kauffman, el think-tank de emprendimiento líder de Estados Unidos, los actores importantes para la creación de empleo son las empresas jóvenes (incluidas las start-ups), no las compañías más asentadas. Las investigaciones de la fundación han demostrado que entre los años 1985 y 2005, las empresas más jóvenes fueron las responsables de hasta dos tercios de los nuevos puestos de trabajo creados en Estados Unidos.

La idea de hacer más atractivo el clima empresarial no es nueva. Hace mucho que los gobiernos invierten en industrias específicas, ofrecen exenciones fiscales (las llamadas "vacaciones fiscales") y promueven otras políticas para atraer empresas a determinadas regiones con el objetivo de generar empleo y ampliar el número de contribuyentes así como la base imponible de los impuestos. Pero promocionar el emprendimiento es algo ligeramente distinto. Requiere reforzar un ecosistema de actividades y actores para ayudar a las start-ups a crecer hasta convertirse en empresas capaces de crear puestos de trabajo.

En mi libro Peace through Entrepreneurship (Paz mediante el emprendimiento), escribí sobre seis actividades y seis actores que pueden aumentar la actividad del emprendimiento. Lo llamo el Modelo Seis+Seis para el desarrollo del ecosistema emprendedor. Las seis actividades son: 1) Identificar a los emprendedores (a través de, por ejemplo, competiciones de planes de negocio); 2) Formar a los emprendedores (tanto en escuelas como en los programas de formación cada vez más comunes como StartUp Institute y General Assembly); 3) Conectar y apoyar a los emprendedores (mediante encuentros u organizaciones de emprendedores, además de incubadoras, aceleradoras, makerspaces y coworkings); 4) Financiar la actividad emprendedora (desde iniciar o aumentar el trabajo de inversores ángeles hasta ayudar a catalizar y lanzar nuevos fondos de capital riesgo); 5) Habilitar políticas públicas que apoyen a las nuevas empresas (como mejorar la protección de la propiedad intelectual y facilitar la gestión empresarial y reducir la burocracia); y 6) Dar a conocer a los emprendedores y emprendedoras (al contar sus historias en todo tipo de medios de comunicación) para aumentar el apoyo cultural y social a su actividad.

Los seis actores u organizaciones que han de participar en estos programas son 1) corporaciones y empresas, 2) fundaciones, 3) universidades, 4) organizaciones no gubernamentales, 5) inversores y 6) el Gobierno.

Si la creación de empleo es el principal objetivo político, entonces todas las formas de emprendimiento han de tenerse en cuenta. Demasiado a menudo, el emprendimiento se identifica con las start-ups tecnológicas. Pero es mucho más que eso. La promoción y el fomento del emprendimiento no pretende crear "el Silicon Valley de X", sino entender las características únicas de un lugar o población para personalizar los programas de acuerdo a las circunstancias locales. Estos incluyen opciones "no tecnológicas", de "tecnología simple", así como verdaderos avances de "alta tecnología". De hecho, en los países en vías de desarrollo las start-ups no tecnológicas y de tecnologías simples suelen generar realmente más empleo que las start-ups altamente tecnológicas (piense en Starbucks o IKEA frente a Google o Apple).

Cualquier estadounidense, británico o europeo inquieto ante la llegada de un gran número de inmigrantes con escasas cualificaciones profesionales debería animarse con el potencial estabilizador de la creación de empleo. Una sociedad con trabajo es una sociedad estable, mientras que la falta de trabajo –más que cualquier choque cultural– se encuentran en el origen de lo que muchas personas temen que traiga la inmigración: la desestabilización, la destrucción de un "estilo de vida", la violencia.

Un repaso a las investigaciones realizadas sobre el tema revela que Oriente Medio y el norte de África tienen las tasas de desempleo juvenil más altas del mundo (llegando a superar el 40% en algunas partes); que las cifras correspondientes en algunos barrios de inmigrantes (como Molenbeek en Bélgica) son igual de altas; que, en algunos lugares problemáticos, el 50% de los jóvenes adultos que se unen a movimientos rebeldes lo hacen porque no pueden conseguir un trabajo; que "las revoluciones árabes […] fueron impulsadas por la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades económicas". 

El emprendimiento genera precisamente esa oportunidad económica que falta; nuevos negocios generan empleos y nuevas oportunidades para inversores. Resulta que Europa realmente es líder a la hora de combatir el desempleo y el desaliento económico en lugares conflictivos. En cambio, mientras que Estados Unidos sigue siendo un icono por su cultura de innovación y emprendimiento, su sistema de ayuda exterior dedica un mero 1 % de su gasto a programas de emprendimiento (según mis propios cálculos y los de la Red Aspen de Emprendedores para el Desarrollo).

Europa, liderada por Alemania, Países Bajos y Suecia, dedica una proporción mayor de sus fondos de desarrollo internacional a apoyar proyectos de emprendimiento y negocios en países en desarrollo. Sea a través de formación, subvenciones de I+D o incubadoras de start-ups, Europa tiene experiencia desarrollando ecosistemas de emprendimiento en África, Asia y muchos otros sitios, incluidos los mismos lugares que están abandonando los migrantes. No obstante, y aunque Europa dedica más fondos que Estados Unidos, el gasto total en la promoción del emprendimiento en países en desarrollo sigue siendo minúsculo. Aumentar este tipo de programas e iniciativas en los lugares claves desde los que fluye la emigración supondría un buen movimiento político.

El emprendimiento también puede fomentarse en casa; medidas de este tipo costarían mucho menos que otras opciones –claramente menos que vallas fronterizas, vigilancia inhumana y, la peor de todas, la guerra–. El emprendimiento también tiene la ventaja de nutrir ese muy deseable –aunque elusivo– sueño europeo: la integración. Los emprendedores tienden a ser personas de mentalidad similar que se llevan bien con los demás porque valoran la innovación, el desarrollo de producto y los negocios por encima de las diferencias sociales y políticas. El emprendimiento no reconoce fronteras; conecta a jóvenes árabes e israelíes, sunís y chiitas, rusos y ucranianos, católicos y protestantes irlandeses además de inmigrantes y nativos.

El emprendimiento, por tanto, podría ser el baluarte contra las astrónomicas tasas de desempleo que afectan a varios países de la UE (especialmente España, Italia y Grecia) y que han contribuido a los males del euro, el auge de movimientos populistas y otras señales de deterioro de unidad que enturbian el continente.

Conocemos el aspecto de una Europa desunida. Es lo que ha provocado guerras a lo largo del viejo continente al menos cada 30 años durante los últimos 1.000 años. El Plan Marshall, el Mercado Común, la Unión Europea, el Tratado Maastricht, los acuerdos Schengen, el euro… durante los últimos 70 años, estas iniciativas han representado la mejor estrategia de Europa para mantener la paz. Aunque menos "institucional" que sus predecesores, el emprendimiento como una política europea compartiría el mismo espíritu de utilizar soluciones económicas para combatir problemas políticos. El arma secreta tanto para aliviar el flujo de migrantes como potenciar el beneficio del más de un millón de refugiados ya en Europa podría ser tan sencillo como impulsar el emprendimiento para generar trabajo.