¿Qué ha pasado con el Brexit? ¿Dónde están todas las consecuencias que auguraban los expertos y gurús? El valor de las acciones está más alto que antes de la votación, el consumo sigue funcionando y el optimismo empresarial está boyante. Si no fuera por la debilidad de la libra esterlina y la llegada al poder de un nuevo Gobierno británico, parecería que nada hubiera cambiado. Es más, mientras que el Brexit sigue dominando los titulares británicos y el discurso de los círculos políticos, hemos podido comprobar en conversaciones con diferentes líderes empresariales que la mayoría han vuelto a centrar su atención en los retos preBrexit.

Entonces, ¿era el Brexit tan sólo un caso de mucho ruido y pocas nueces? Creemos que no, por estos motivos:

  • La idea de que el primer capítulo del Brexit fuera meramente quimérico para la economía de Reino Unido es errónea. El impacto puede que aún no sea visible, pero es real.
  • El Brexit representa un proceso, no un acontecimiento. Cuando lleguemos a su segundo capítulo y los que sigan, la incertidumbre política tiene muchas probabilidades de volver a manifestarse y afectar a las economías financiera, institucional y real.
  • El proceso político se arriesga a centrarse de manera demasiado simplista en "ejecutar correctamente el Brexit" y abordar únicamente los síntomas y no la luxación socioeconómica que propiciaron el resultado del referéndum. Estos desafíos estructurales, junto con otros similares en otras zonas del mundo, impulsarán la incertidumbre dentro del ámbito empresarial global.

A continuación resumimos las medidas que los líderes pueden tomar para minimizar los riesgos y aprovechar las posibles consecuencias a su favor.

Planifique para la incertidumbre

Durante la primera semana tras la votación, sostuvimos que el principal impacto del Brexit sería una incertidumbre política sin precedentes que fomentaría el desconcierto en la economía financiera, institucional y real. Aunque la incertidumbre política inmediata se disipó con el nombramiento de Theresa May tan sólo 18 días después del resultado, el retorno a la volatilidad política está prácticamente garantizado: dos años de negociación multilateral sobre el futuro encaje de Reino Unido en la economía global con una rigurosa fecha límite y desde posiciones inciertas se aproxima bastante a la definición de manual de "incertidumbre política". Es un proceso repleto de riesgos y trampas que no depende solo de la coherencia interna del Gobierno británico, sino también de una Unión Europa displicente y la evolución general del comercio mundial. Las últimas noticias sobre la decisión del Tribunal Supremo de Reino Unido a propósito del Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, el cual no podría invocarse sin contar con el Parlamento, genera aún más dudas sobre el proceso y sus plazos.

También se avecina más incertidumbre económica. La depreciación de la libra esterlina ha aumentado la factura importadora de Reino Unido en un 13 % de media desde la votación. Una subida que, si se traslada por completo a los consumidores, supone una reducción de los ingresos disponibles de cerca de un 6 %. Los importadores han de escoger entre reducir sus márgenes o subir los precios. Unos ejemplos destacados de la segunda opción es el incremento del coste de los productos de Apple un 20 % y Electrolux un 10 %. Hasta el precio de productos básicos locales como la icónica Marmite podría subir. La culpa podría ser del mayor coste tanto de algunos de sus ingredientes como de la maquinaria para producirla, pero Unilever -la empresa productora- opera en euros, así que sin un aumento del precio las ventas técnicamente se reducirían. El impacto total sobre los hogares británicos podría ser ya el equivalente a una reducción del sueldo bruto de un 8 %. Si consideramos la riqueza como consumo aplazado, ésta se ha visto reducida per cápita en unas 5.000 libras (unos 5.614 euros) o más.

Por supuesto, una libra más barata también aumenta la competitividad. Pero que mejore o no la economía dependerá de las decisiones de las empresas exportadoras, que pueden aumentar los precios para aumentar sus beneficios con el mismo volumen o vender mayor cantidad al precio devaluado. Investigaciones anteriores sugieren que la balanza suele decantarse a partes iguales entre las dos opciones. El rol crítico de las exportaciones es sufragar las importaciones, pero una gran devaluación tampoco garantiza una mejora de la balanza comercial. El dólar canadiense, por ejemplo, experimentó una depreciación del 25 % entre 2013 y 2016 y la balanza comercial de Canadá apenas varió. 

Las consecuencias de un incremento de los precios de importación están ampliamente estudiadas y extendidas en todos los sectores de la economía. La importación de productos y servicios se encuentra detrás de muchas dimensiones del consumo y la inversión; por eso su impacto no está excesivamente concentrado ni se aprecia de inmediato. Sin embargo, es muy probable que provoque nuevos efectos negativos. La evolución del precio (tanto de las monedas como de los productos) pueden observarse prácticamente en tiempo, pero el comportamiento de variables macroeconómicas básicas como el PIB solo se aprecia pasados unos meses. Los responsables de la política económica solían quejarse de que sólo disponían de un retrovisor para dirigir la economía. Ahora, los líderes empresariales también experimentarán esa mirada hacia atrás.

Dada esta trayectoria de incertidumbre política y económica, los líderes empresariales deberían esperar y prepararse para sus efectos colaterales en los mercados financieros, las instituciones y finalmente en la economía real. Pero lo más probable es que haya otras fuentes de incertidumbre más allá de las negociaciones sobre el Brexit.

Entienda el impacto de estás dinámicas más allá de la Unión Europea y el Reino Unido

Los desafíos estructurales dentro del entorno empresarial no se limitarán a Reino Unido y el Brexit. Primero, la reacción popular en contra de la libre circulación de bienes, servicios, capitales y trabajadores –los pilares de la última fase de la globalización– se está acelerando en todo el mundo. El rechazo bipartidista del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica durante las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos –tal vez el único punto de acuerdo durante la rencorosa campaña– da fe de ello. Este y otros acontecimientos en otras partes podrían propiciar numerosos cambios en el entorno empresarial de cada país como restricciones al comercio, pero también ulteriores limitaciones a la libre circulación de capitales y trabajadores.

Segundo, el propio crecimiento económico se ha convertido en una incertidumbre. La desaceleración tanto de la productividad como del crecimiento del PIB refuerza el descontento popular contra los desajustes del mercado de trabajo. Las brechas sólo han aparecido cuando el crecimiento se ha frenado en seco. Antes, el viento favorable para un número suficiente de empresas valía, por poco margen, para enmascarar el aumento cada vez mayor de la desigualdad. Se trata de un panorama en el que resultará mucho más fácil que nuevas políticas, leyes y regulaciones redibujen el entorno empresarial a nivel mundial.

Por lo tanto, la incertidumbre está aumentando de maneras diversas mucho más allá de Reino Unido. Esto genera nuevas presiones y desafíos para los líderes empresariales.

Mitigar riesgos y dar forma a los resultados

Los desafíos estructurales trazados arriba ilustran la siempre creciente intersección entre los negocios y las dimensiones políticas, socioeconómicas y geopolíticas del momento actual. Recomendamos que los ejecutivos mantengan tres claves siempre en mente mientras se mueven entre el Brexit y otros retos relacionados.

  • Renovar el enfoque para una estrategia bajo condiciones de incertidumbre. El Brexit se llevará a cabo a medida que pase el tiempo con resultados y efectos colaterales imprevisibles. Por tanto, recomendamos que los líderes inviertan en la preparación de estrategias basadas en escenarios para simular y planificar como describimos en nuestro último artículo. Los múltiples y plausiblemente contradictorios resultados de estos cambios requieren que las empresas prevean más opciones, se preparen mejor e incrementen su resiliencia. De este modo, los líderes pueden desarrollar respuestas adaptivas "afiladas por el pensamiento, el golpe ensayado tantas veces que en la hora crítica es tan natural como un reflejo", por citar a T.E. Lawrence.  
  • Construir capacidades macroeconómicas y adaptivas. Mientras acontecimientos del estilo del Brexit tienen probabilidades de producirse en otras partes, las empresas que operan a nivel global necesitarán poder diagnosticar tendencias políticas y económicas, analizar eventos y traducir el resultado en estrategias y medidas eficaces. Actualmente, muchas empresas no disponen de capacidades ni funciones para cubrir sistemáticamente estos ángulos. Pero integrar la estrategia empresarial dentro de contextos económicos, políticos y sociales más amplios será clave para su futuro éxito. Para los ejecutivos a los que el Brexit y las urgentes preguntas que suscita les hayan pillado desprevenidos, esto ha supuesto un disparo de advertencia.
  • Dar forma a la agenda. La mayoría de los líderes empresariales se centrarán en la preparación y la resiliencia de sus propias empresas. Pero está bastante claro que la política luchará cada vez más a la hora de formular soluciones que equilibren intereses corporativos y populares. Implicarse en los debates nacionales y transnacionales para dar forma a la agenda resultará imperativo para los líderes empresariales. También necesitarán sostener el relato que generen y liderar con el ejemplo para abordar algunos de los problemas y demandas actuales, ya sea de manera individual o en colaboración con otras empresas.

Visto de esta manera, el Brexit puede aprovecharse como una oportunidad para desarrollar las capacidades macroeconómicas, adaptivas y de dar forma a la agenda que las corporaciones globales necesitarán cada vez más en un entorno en el que la incertidumbre será endémica no sólo en los negocios, sino en todos los niveles de la sociedad, la política y la economía. Al final, y si se tienen todos los factores en cuenta, podría resultar más difícil para las empresas competir y ganar en un mundo post-Brexit aún más complejo. Pero para aquellos líderes que presten atención a las tendencias más amplias, se producirán muchas oportunidades nuevas para dar forma al juego a su favor.