El modelo de negocio centrado en la investigación de las empresas farmacéuticas se encuentra sometido a una gran pasión. Su retorno sobre la inversión de I+D presenta sus niveles más bajos desde hace décadas. Y además, la imagen pública y la reputación de la industria farmacéutica son peores que nunca tanto en Estados Unidos como en el extranjero.

Un antídoto para estos problemas sería transformar el "por un acceso a los medicamentos" de una proclama activista implacable en una estrategia de negocio en toda regla. Con eso quiero decir que las farmacéuticas deberían desarrollar tratamientos innovadores para necesidades médicas generalizadas pero no resueltas; evitar la corrupción, la colusión y otras prácticas de marketing poco éticas; y asegurarse de que sus productos lleguen a tantos pacientes en el mundo como sea posible. Esta estrategia aprovecharía el crecimiento potencial de los mercados emergentes, limitaría el riesgo de comportamientos irresponsables y mejoraría la confianza pública en la industria.

Es un hecho que el modelo actual de la industria farmacéutica no funciona de manera eficaz. Por cada 1.000 millones de dólares (unos 951 millones de euros) invertidos en I+D, el número de nuevos fármacos aprobados se ha reducido aproximadamente a la mitad cada nueve años desde 1950. A su vez, el retorno estimado sobre estos productos también ha disminuido notablemente desde 2010: de un 10,1 % a un 3,7 %.

Este declive puede explicarse en parte por la transición desde fármacos "superventas" y generalistas a tratamientos para un "nicho terapéutico" concreto (con grupos de pacientes más pequeños). Sin embargo, el cambio también supone una presión mayor para reducir el coste de los medicamentos en los mercados farmacéuticos tradicionales. Durante los últimos meses, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha comprometido a bajar el precio de los fármacos, ministros de primer nivel de Holanda han publicado un encendido llamamiento para el desarrollo de modelos de negocio farmacéuticos alternativos y la OCDE ha publicado un informe que reconoce la necesidad de reequilibrar el poder de negociación con el que cuentan compradores y empresas farmacéuticas.

Lo anterior supone una tendencia inquietante para compañías que dependen en buena medida del aumento de precios para mejorar sus beneficios. Según un análisis de Credit Suisse a partir de la situación de 20 compañías farmacéuticas internacionales de primer nivel, el 80 % del incremento de sus ingresos netos en 2014 fue resultado de un aumento de precios en Estados Unidos.

Sin duda, esta información (y la controversia habitual en torno al precio de los medicamentos) bombardearon aún más la confianza en la industria. Según una encuesta realizada por Harris en 2016, tan solo un  tercio de los estadounidenses tiene una opinión positiva de las grandes empresas farmacéuticas. Según otra encuesta de Gallup de agosto de 2016, ninguna industria está peor considerada por los estadounidenses que la farmacéutica (el peor resultado del sector desde hace 16 años).

Esta preocupante mezcla de un potencial de crecimiento reducido y mala reputación es la principal razón de por qué los inversores se interesan cada vez más por cómo gestionan las farmacéuticas el acceso a los medicamentos y los posibles riesgos, los cuales varían desde desarrollar nuevos tratamientos para poblaciones desatendidas hasta tarificar productos existentes a precios asequibles y evitar la corrupción y la colusión de precios.

Por ejemplo, 60 inversores institucionales, los cuales gestionan activos de forma colectiva por un valor de más de 5.500 billones de dólares (unos 5.230 billones de euros), se han comprometido a tener en cuenta los resultados del Índice del Acceso a las Medicinas a la hora de analizar y decidir sus inversiones. (El Índice de Acceso a las Medicinas, generado por mi organización, evalúa 20 de las empresas farmacéuticas más grandes del mundo en función de sus iniciativas y medidas para llegar a los 2.000 millones de personas que aún carecen de acceso a los medicamentos en países de ingresos bajos y medios).

BlackRock y Ceres, organizaciones sin ánimo de lucro que defienden y promueven la sostenibilidad, también apoyan ampliar el acceso a los medicamentos en su guía para inversores institucionales, que busca fomentar la participación de las empresas en temas de sostenibilidad y responsabilidad social. Lo mismo ocurre con Morgan Stanely, quien describe en un informe un marco para incorporar datos de rendimiento de sostenibilidad en el proceso de análisis de inversiones. Asimismo, se trata del primer asunto del estándar provisional para el sector farmacéutico definido por la Junta de Estándares de Contabilidad Sostenible de Estados Unidos. Según el estándar, "un enfoque estratégico para el acceso a los medicamentos puede generar oportunidades de crecimiento, innovación y acuerdos únicos que pueden aumentar el valor para los accionistas".

Mejorar el acceso de la población a las medicinas también ayudará a las empresas farmacéuticas a aumentar el valor para sus accionistas de diferentes maneras:

Liberar el crecimiento potencial en mercados emergentes. Estos mercados ya son el origen de alrededor de la cuarta parte de los ingresos de varias compañías farmacéuticas centradas en la investigación. Durante los próximos cuatro años, se espera que empujen entre un 50 % y un 75 % del crecimiento del gasto global en fármacos. Para poder beneficiarse realmente del crecimiento de estos países, las farmacéuticas deberían ayudar a reducir las barreras para el acceso a los medicamentos e involucrarse directamente en el desarrollo de mercados sostenibles.

Minimizar el riesgo de conductas no éticas. Las empresas necesitan políticas estrictas y sistemas de rendición de cuentas y responsabilidad sólidas para evitar prácticas dudosas (desde la corrupción hasta medidas anticompetitivas). Contar con ello previene de abonar multas y acuerdos de conciliación, crisis de reputación y regulaciones más limitantes. Actuar de manera ética es especialmente importante en mercados emergentes donde las empresas dependen en gran medida de la buena voluntad de los gobiernos para entrar al mercado y el sector sanitario.

Mejorar la imagen de la empresa. Evidentemente, una mala reputación no ayuda a los negocios. Recuperar la confianza pública en las empresas farmacéuticas aumentaría su capacidad de atraer el mejor talento, animar a los pacientes a participar en ensayos clínicos y cobrar precios más altos por productos realmente innovadores. También, y de forma importante, podría ayudarles a conservar la protección que les ofrecen las patentes de las que gozan sus productos.

El éxito de nuevos modelos de negocio depende tanto de la voluntad como de la capacidad de las empresas farmacéuticas para integrar el acceso universal a los medicamentos dentro de sus estrategias empresariales. Las empresas deberían adoptar un enfoque centrado en los pacientes, en el que primero se entiendan por completo las barreras para el acceso a la medicación y después se aborden estas de manera proactiva. Del mismo modo, la industria farmacéutica debería unir fuerzas con otros actores, incluidos gobiernos, ONG y fundaciones privadas. El objetivo es sumar sus diferentes recursos y posibilidades a la cadena de valor farmacéutica a la vez que evitan un posible conflicto de intereses.

El mensaje es claro: las compañías farmacéuticas deben tratar a las poblaciones más desatendidas y con menos recursos como una oportunidad de crecimiento, no como una causa perdida.