En los últimos años se ha producido un número récord de fusiones y adquisiciones, pero también ha crecido la preocupación por los efectos negativos de la concentración empresarial. Sin embargo, y aunque se ha escrito y especulado mucho sobre el impacto económico tanto positivo como negativo de las fusiones, existen pocas pruebas empíricas que demuestren sus consecuencias reales. Decidimos abordar el tema. Ahora, en una investigación reciente, ofrecemos nuevas pruebas que demuestran que si bien una fusión puede incrementar los beneficios de una empresa,  apenas mejora la eficiencia que podría traducirse en un mayor bienestar económico general.

Las empresas optan por una fusión porque divisan una oportunidad rentable. Si los beneficios aumentan debido a una reducción de costes –por ejemplo gracias a una mayor productividad o la economía de escala–, la fusión puede traducirse también en precios más bajos para los consumidores, además de una mejora general del bienestar económico. No obstante, si la rentabilidad es el resultado de una mayor concentración empresarial dentro del mercado, las empresas también pueden aprovecharse de su poder y subir los precios. El efecto sobre la economía sería negativo.

A pesar de que estos conceptos resultan relativamente intuitivos, medir lo que ocurre después de una fusión implica varios obstáculos que han limitado el estudio sistemático de sus efectos sobre la eficiencia y la estructura del mercado.

En un documento de trabajo reciente abordamos directamente estas dificultades y pudimos conseguir nuevas pruebas sobre las consecuencias de las fusiones tanto en la eficiencia como el control del mercado en un conjunto relativamente grande de industrias. Nuestro estudio examina todas las plantas manufactureras de Estados Unidos entre 1997 y 2007. Se trata de un sector importante y variado de la economía estadounidense que protagoniza alrededor de un cuarto de todos los acuerdos de fusión y adquisición en el país. También permite obtener datos detallados sobre el funcionamiento de las fábricas.

En cuanto a la dificultad de desligar las implicaciones de una fusión sobre la eficiencia empresarial de aquellas sobre el control del mercado, la hemos superado gracias a nuevas técnicas empíricas que acercan más el análisis estadístico a la experimentación.

De media, encontramos que las fusiones no tienen un efecto discernible en la productividad y la eficiencia. No encontramos cambios en la productividad de las fábricas. Tampoco pruebas de una mayor consolidación de las tareas administrativas, la cual se suele citar como una de las formas para reducir los costes gracias a la economía de escala. Ni siquiera señales de que las empresas fusionadas tengan más probabilidades de cerrar sus plantas menos eficientes.  

Por el contrario, pudimos comprobar que, tras una fusión, las empresas aumentan notablemente los precios de sus productos, desde un 15 % hasta más de un 50 % en función del grupo de control utilizado.

Aunque la confidencialidad de los datos limita la profundidad con la que podemos examinar las diferencias dentro de la muestra,  sí que podemos estudiar las diferencias entre las fusiones horizontales (entre empresas de la misma industria) y otros tipos.

 La teoría sugiere que el efecto de una fusión sobre el control del mercado será siempre mayor en una fusión horizontal. De acuerdo con lo anterior, sí que comprobamos que los precios subían más tras una fusión horizontal. Sin embargo, cuando analizamos otro tipo de fusiones, apenas hallamos pruebas de un incremento de precios. Es más, hasta descubrimos algunos efectos positivos para la productividad a nivel de planta.

Como siempre, se necesita seguir estudiando y analizando este tema. Pero nuestra investigación suscita dudas respecto a la supuesta mejora de la productividad tras una fusión, especialmente cuando se unen dos empresas de la misma industria. En estos casos, puede que las empresas se beneficien, pero no necesariamente el resto de la economía.