Susan estaba al límite. En casa hacía recados, ponía coladas, preparaba la comida y limpiaba. En el trabajo, "arrancaba a la carrera" cada mañana, hacía llamadas, asistía a reuniones y despejaba su bandeja de entrada. Estaba ocupada pero feliz; le gustaba sentirse realizada. Disfrutaba haciendo listas de tareas para después destrozarlas.

Entonces, no recibió el ascenso que creía asegurado. Decir que se sentía frustrada sería quedarse muy corta. No había suficientes horas en el día para que dedicara más tiempo al trabajo, y aun así ya era mucho más productiva que sus homólogos. Así que, ¿cómo iba a alcanzar el próximo peldaño de la escalera?

Así fue como Susan (que no es su nombre de verdad) acabó en mi despacho.

¿Le suena esta situación? Es un patrón que he visto repetido una y otra vez entre muchas líderes con talento y alto potencial: aspiraciones elevadas que se convierten en desilusiones.

Creo que tiene algo que ver con cómo las mujeres emplean su tiempo, tanto dentro del trabajo como fuera de él.

Empecemos con el tiempo fuera de la oficina. Cada día, las mujeres estadounidenses dedican casi una hora más que los hombres a las tareas domésticas, según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS, por sus siglas en inglés). La encuesta de la BLS también reveló que entre trabajadores a tiempo completo, los hombres trabajan una media de 30 minutos más al día que las mujeres (8,4 horas y 7,8 horas, respectivamente). No creo que sea una exageración decir que las responsabilidades domésticas de las mujeres están restándoles tiempo al desarrollo de sus carreras.

Hay más en esta historia que sólo el desajuste del tiempo cuando examinamos en profundidad cómo emplea su tiempo cada género cuando realmente se encuentran en el trabajo. Un estudio de 2015 de Skillsoft y Eudemonia señaló que "el tiempo de las mujeres en la oficina también puede desviarse de las actividades que ayudan a los trabajadores a avanzar [profesionalmente]". Concretamente, se ha demostrado que algunos atributos de liderazgo que incluyen la colaboración y la inteligencia emocional se presentan con mayor frecuencia en mujeres que en hombres. Estos atributos incluyen el desarrollo profesional de compañeros y trabajadores, convertirse en mentor, escuchar e inspirar, fijar expectativas y compensaciones; representar un modelo a seguir e involucrarse en la toma de decisiones participativas. Todas estas actividades requieren tiempo, y no necesariamente se convierten en ascensos.

Consideremos el caso de Susan. Empezamos su formación de coaching con una encuesta 360, en la que recibió puntuaciones muy altas por su estilo colaborativo e inclusivo de liderazgo. Pero como solía consultar con las múltiples partes interesadas antes de tomar una decisión, recibió notas más bajas en las categorías de capacidad de decisión, dirección y desarrollo de estrategias, lo cual probablemente le había costado el ascenso que anhelaba.

Hemos realizado cientos de encuestas 360 que demuestran que Susan no está sola. Más del 88% de las líderes femeninas reciben puntuaciones altas en las aptitudes de liderazgo colaborativo, el atributo que observamos con mayor frecuencia en nuestras clientas. Aunque eso suena bien, las empresas suelen pregonar la importancia de la colaboración; vamos a profundizar un poco más.

Para una sola decisión importante puede llevar meses conseguir un consenso, alinear a los empleados, consultar con las partes interesadas y comunicar la decisión final. Hacerlo todo con inteligencia emocional – llamadas y reuniones a dos, descansos para tomar café – añade aún más tiempo. Y eso sólo para conseguir un consenso inicial; cuando las mujeres asumen además el papel de animadora para inspirar a la gente a prestarle atención a una idea nueva, fijar expectativas y crear recompensas para la participación, y servir de defensoras y modelos a seguir para ayudar a los demás a adaptarse al cambio...bueno, se ve claramente hacia dónde va esto. El succionador del tiempo asociado con los proyectos colaborativos es considerable.

Eso es especialmente cierto cuando se compara el liderazgo con el que las investigaciones han demostrado que se encuentran con mayor frecuencia en los hombres, como la toma de decisiones en solitario.

Así que las mujeres deben afrontar un triple golpe si esperan abordar el desajuste temporal tanto en casa como en el trabajo. Puesto que las mujeres dedican más tiempo que los hombres a las tareas domésticas, pasan menos tiempo que los hombres en la oficina y dedican más tiempo al tipo de actividades laborales que pueden frenar el avance de sus carreras, las mujeres han de tomar medidas para contrarrestar estas diferencias y fomentar su propio desarrollo.

Aquí detallo algunas medidas que las mujeres pueden emplear desde ya mismo para ayudar a impulsar el reloj – y sus carreras – hacia delante:

  • Sea consciente de cómo emplea su tiempo. Resulta fácil acomodarse en roles que parecen estar prescritos, tanto en casa como en el trabajo. Pero tenga en cuenta que las decisiones que tome acerca de cómo emplear el tiempo en ambos entornos podrán tener amplias implicaciones para su desarrollo profesional. Si no sabe cuántas horas dedica a las tareas domésticas y dónde emplea la mayor parte de su tiempo en el trabajo, es una buena idea mantener un diario durante varias semanas como una llamada a la realidad. Una vez que haya visto en blanco y negro a dónde va su tiempo en casa, podrá determinar si hace falta realizar algunos cambios, quizás conseguir más ayuda en casa de su pareja u otros miembros de la familia o contratar a alguien para que se ocupe de determinadas tareas. De forma similar, si descubre que se le escapa demasiado tiempo al abismo del trabajo colaborativo y dedica poco a los proyectos de perfil más alto, podrá hacer un esfuerzo por recalibrar sus prioridades y visibilizar más sus dotes de liderazgo.
  • Flexibilice su estilo de liderazgo. Las mujeres tienden a apoyarse en un estilo de liderazgo colaborativo. Pero también hemos determinado, mediante nuestras investigaciones, que apoyarse en un único conjunto de estilos similares coloca a las mujeres en desventaja cuando intentan influir, ganar autoridad o "demostrarse estratégicas". Un enfoque más inteligente consiste en desarrollar un nivel de comodidad mayor al combinar diferentes estilos que varían desde el inclusivo, colaborativo e inspiracional hasta más directivos y analíticos. Por ejemplo, consideremos a Meg Whitman, la presidenta y CEO de Hewlett-Packard. Whitman se ha convertido en una ejecutiva exitosa dentro de la comunidad tecnológica al evocar un estilo de liderazgo que combina acciones de gran fuerza de voluntad y centradas en los resultados con la inclusión y el sentido de humor. Mientras que usted probablemente ya tenga preferencia por un determinado estilo al que se ha acostumbrado, eso no significa que no pueda aumentar su repertorio de liderazgo y aprender cómo cambiar en función de las circunstancias. Compruebe si su empresa ofrece oportunidades de formación de liderazgo, o invierta usted misma en ellas. También puede pedir consejo a sus mentores o 'mecenas' para desarrollar un abanico más amplio de habilidades.
  • Mantenga un diálogo abierto con su jefe y resto de compañeros sobre los costes y beneficios de la colaboración. Aunque es verdad que un estilo de liderazgo colaborativo y emocionalmente inteligente puede requerir más tiempo, también tiende a ser eficaz. Con organizaciones más horizontales, matriciales y globales, este tipo de modelo colaborativo a menudo resulta necesario. El liderazgo de "mando y control" tradicionalmente preferido por los hombres ya no resulta tan viable. Asegúrese de que su jefe sepa por qué programa todas esas llamadas y reuniones presenciales, de que conozca la relación que guardan con objetivos como reducir la rotación de personal y mejorar la calidad. Puede que usted sea consciente de que el consenso resulta más eficaz que dar órdenes, pero su empresa no. Al compartir su conocimiento con su mánager y empleados directos, puede ayudar a abrir un importante diálogo sobre el tema. Es un primer paso esencial para los cambios culturales. Las diferencias de género son importantes a la hora de crear una diversidad de perspectivas dentro del entorno laboral, y no necesariamente querríamos eliminarlas. Con esto en mente, sin embargo, les conviene a las mujeres aumentar su propia consciencia de cómo las decisiones les afectan a su tiempo y empeza a compartir estas observaciones con los demás.

En el caso de Susan, averiguó cómo delegar algunas de sus tareas domésticas a su marido e hijos adolescentes. En la oficina, ya era una priorizadora implacable, así que le costó poco trabajo identificar los proyectos y personas que realmente necesitaban un esfuerzo colaborativo extra. Moderó sus esfuerzos por alcanzar un consenso en cada decisión, y empezó por centrarse únicamente en las que requerían mucha negociación. Y en sus reuniones rutinarias con su jefe, se volvió más franca acerca de por qué determinadas partes requerían una mayor dedicación. Su jefe llegó a valorar su visión sobre la organización y la está apoyando para el ascenso este año.