Demasiadas empresas apuestan por una cultura exigente y despiadada basada en la alta presión y en la idea de "no hacer prisioneros" para impulsar su éxito financiero.

Pero un gran, y cada vez mayor, número de investigaciones sobre la psicología organizacional positiva demuestra que un entorno despiadado no sólo resulta dañino para la productividad con el tiempo, sino que un entorno positivo dará paso a unos beneficios espectaculares para los empleadores, empleados y resultados.

Aunque existe una creencia generalizada de que el estrés y la presión empujan a la gente a rendir más, mejor y más rápido, lo que las organizaciones despiadadas no reconocen son los costes ocultos que supone.

Primero, los gastos de atención sanitaria en empresas de alta presión son casi un 50% más altos que en otras compañías. La Asociación Estadounidense de Psicología calcula que más de 500.000 millones de dólares (unos 442.000 millones de euros) son desviados de la economía estadounidense a causa del estrés laboral a la vez que se pierden 550 millones de jornadas de trabajo. Entre el 60% y el 80% de los accidentes laborales son atribuidos al estrés, y se calcula que más del 80% de las visitas al médico se deben al mismo problema. El estrés en el trabajo se asocia con problemas de salud que van desde síndromes metabólicos hasta enfermedades cardiovasculares y la mortalidad.

El estrés de querer pertenecer a determinadas jerarquías ya se asocia de por sí con enfermedades y la muerte. Un estudio demostró que cuánto más bajo es el rango de alguien dentro de una jerarquía, más altas son sus probabilidades de padecer una enfermedad cardiovascular y morir de un ataque al corazón. En un estudio a gran escala con más de 3.000 empleados realizado por Anna Nyberg del Instituto Karolinska, los resultados mostraron una fuerte correlación entre la gestión y la actitud de los líderes y las enfermedades cardíacas de los empleados. Los jefes que generan estrés son literalmente malos para el corazón.

En segundo lugar está el coste de la pérdida de compromiso.  Mientras que un entorno despiadado y una cultura del miedo pueden asegurar la participación (a veces incluso la ilusión) durante un tiempo, las investigaciones sugieren que el estrés inevitable que esto genera probablemente dará paso a la pérdida de compromiso a largo plazo. El compromiso con el trabajo –que está asociado con sentirse valorado, seguro, apoyado y respetado– en general está negativamente asociado con una cultura altamente estresante y despiadada.

Y la pérdida de compromiso resulta cara. En estudios realizados por la Escuela de Negocios Queens y por la Organización Gallup, los trabajadores no comprometidos tenían una tasa de absentismo un 37% más alta, un 49% más de accidentes y el 60% más de errores y defectos. En organizaciones con un compromiso bajo de los empleados, se detectó una productividad un 18% más baja, un 16% menos de rentabilidad, un 37% menos de crecimiento del empleo y un precio de las acciones un 65% más bajo con el tiempo. De forma importante, los negocios con empleados altamente comprometidos reciben el 100% más de solicitudes de trabajo.

La falta de lealtad del personal es un tercer coste. Las investigaciones demuestran que el estrés en el entorno laboral provoca un incremento de casi un 50% en la rotación voluntaria de los empleados. La gente acude al mercado del trabajo, rechaza ascensos o se despide. Y los costes de la rotación de empleados asociados con el reclutamiento, la formación, la productividad disminuida, la experiencia perdida y así sucesivamente son significantes. El Centro para el Progreso Estadounidense calcula que reemplazar a un único empleado cuesta aproximadamente el 20% del sueldo de ese empleado.

Por estos motivos, muchas empresas han creado una amplia variedad de beneficios que van desde el teletrabajo hasta los gimnasios patrocinados. Sin embargo, estas empresas siguen obviando las investigaciones. Una encuesta de Gallup demostró que, incluso cuando la empresa ofrecía beneficios como el horario flexible y oportunidades de teletrabajo, el nivel de compromiso predecía el bienestar mucho más que cualquier otra cosa. Los empleados prefieren el bienestar dentro del entorno laboral a los beneficios materiales.

El bienestar nace de un lugar, y sólo un lugar: una cultura positiva.

Crear una cultura positiva y sana para su equipo depende de unos pocos principios. Nuestras propias investigaciones (véanlas aquí y aquí) sobre las cualidades de una cultura del entorno de trabajo positivo se reducen a seis características esenciales:

  • Preocuparse por, interesarse por y ser responsable de los compañeros de trabajo como de los amigos.
  • Proporcionarse apoyo el uno al otro, incluido ofrecer amabilidad y compasión cuando los demás tengan dificultades.
  • Evitar la culpa y perdonar los errores.
  • Inspirarse mutuamente en el trabajo.
  • Hacer hincapié en la importancia del trabajo.
  • Tratarse todos con respeto, gratitud, confianza y honestidad.

Como mánager, ¿cómo puede fomentar estos principios? Las investigaciones señalan cuatro pasos que puede probar:

1. Fomente las conexiones sociales. Un gran número de estudios empíricos confirman que las conexiones sociales positivas en el trabajo generan unos resultados altamente deseables. Por ejemplo, la gente enferma menos, se recupera dos veces más rápido tras una cirugía, sufren menos depresiones, aprenden más rápido y retienen la información durante más tiempo. Sin olvidar que toleran mejor el dolor y el malestar físico, demuestran una mayor agudeza mental y rinden mejor en el trabajo. A la inversa, una investigación de Sarah Pressman de la Universidad de California en Irvine (EEUU) encontró que la probabilidad de morir joven aumenta en un 20% para la gente obesa, en un 30% en las personas que beben alcohol en exceso, en un 50% para los fumadores, pero en un descomunal 70% para la gente con relaciones sociales pobres. Un entorno de trabajo tóxico y estresante afecta a las relaciones sociales, y con ellas, a la expectativa de vida.

2. Demuestre empatía. Como jefe, tiene un enorme impacto sobre cómo se sienten sus empleados. Un revelador estudio de imágenes cerebrales encontró que cuando los empleados recordaban un jefe que era antipático o indiferente, mostraron una mayor activación de las áreas del cerebro asociadas con las emociones negativas mientras que sucedía lo contrario si recordaban uno empático. Además, Jane Dutton y sus compañeros del Laboratorio de la Compasión de la Universidad de Michigan (EEUU) sugieren que los líderes que demuestran compasión hacia los empleados fomentan la resiliencia individual y colectiva durante los tiempos difíciles.

3. Esfuércese al máximo en ayudar. ¿Alguna vez ha tenido un mánager o mentor que se molestaba mucho en ayudarle cuando él o ella no tenía por qué hacerlo? Probablemente se ha mantenido leal a esa persona hasta la fecha. El investigador de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York Jonathan Haidt demuestra con sus investigaciones que cuando los líderes no sólo son justos, sino también abnegados, sus empleados realmente se sienten motivados e inspirados para a su vez volverse más leales y comprometidos. Como consecuencia, tienen más probabilidades de esforzarse por ser amable y ayudar a los demás, creando así un círculo autofortalecedor. El profesor de la Escuela de Gestión de Róterdam (Países Bajos) Daan Van Knippenberg demuestra que los empleados de líderes abnegados son más cooperativos porque confían más en sus superiores. También resultan más productivos y perciben a sus líderes como más eficaces y carismáticos.

4. Anime a la gente a que hable con usted, especialmente sobre sus problemas. De forma no sorprendente, confiar en que el líder se preocupa por sus intereses mejora el rendimiento de los empleados. Se sienten seguros en lugar de temerosos y, como demuestra una investigación de la investigadora de la Universidad de Harvard (EEUU) Amy Edmondson, una cultura de la seguridad con líderes inclusivos, humildes y que animen a sus empleados a expresarse o pedir ayuda, proporciona mejores resultados de aprendizaje y rendimiento. En lugar de crear una cultura del miedo a las consecuencias negativas, sentirse seguro en el entorno laboral ayuda a fomentar el espíritu de experimentación que tan crítico resulta para la innovación. El profesor de la Universidad de Sheffield (Reino Unido) ha demostrado que el empoderamiento, cuando se empareja con una buena formación y trabajo en equipo, mejora el rendimiento de los trabajadores mientras que un abanico de prácticas eficientes de producción y operaciones no.

Cuando sabe que un líder está comprometido a trabajar  a partir de un conjunto de valores basados en la amabilidad interpersonal, él o ella fija el tono para el resto de la organización. En Give and Take, el profesor de la Universidad de Wharton (EEUU) Adam Grant demuestra que la amabilidad y la generosidad de los líderes son unos buenos indicadores de la eficacia del equipo y de la organización. Mientras que los entornos laborales hostiles se asocian con una salud de los empleados más pobre, ocurre lo contrario con los entornos laborales positivos donde los empleados suelen tener una presión arterial más baja además de unos sistemas inmunológicos más fuertes. Un entorno laboral positivo también da paso a una cultura laboral positiva que, de nuevo, impulsa el nivel de compromiso, participación y rendimiento. Los empleados más felices no sólo proporcionan un entorno laboral más agradable, sino también una mejor atención al cliente. Como consecuencia, una cultura feliz y solidaria no sólo aumenta el bienestar y la productividad de los empleados, sino que también mejora la salud de los clientes así como su satisfacción

 En resumen, un entorno laboral positivo tiene más éxito con el tiempo porque aumenta las emociones positivas y el bienestar. Esto, a su vez, mejora las relaciones interpersonales y amplifica las aptitudes y la creatividad de los empleados. Protege contra las experiencias negativas como el estrés, lo que mejora la capacidad de recuperación de los empleados frente a los retos y dificultades mientras refuerza su salud. Logra que los empleados actúen de manear más leal además de reforzar sus mejores puntos fuertes. Cuando las empresas desarrollan culturas positivas y virtuosas, consiguen unos niveles significativamente más altos de eficacia organizativa, incluido el rendimiento financiero, la satisfacción del cliente, la productividad y el compromiso de los empleados.