Usted lleva cinco años al frente del mismo equipo y entonces, un día, descubre que el componente más exitoso toma drogas para aumentar su rendimiento en horas de trabajo.

Puede que este escenario no sea una hipótesis mucho más tiempo. El uso no autorizado de medicamentos como Adderall y Ritalin para el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el Modafinil para la narcolepsia se ha vuelto común entre los alumnos universitarios estadounidenses. No los utilizan para evadirse del trabajo y evitar sus responsabilidades, sino para ser capaces de trabajar más y mejor.

Hasta un 20% de los alumnos de la Ivy League (Liga de la Hiedra, es la manera común de referirse a un conjunto de ocho prestigiosas universidades de la costa este Estados Unidos) han probado las "drogas inteligentes" o nootrópicos, por lo que podemos esperar que estas pastillas se hagan un hueco dentro de las empresas (si es que no lo han hecho ya). Después de todo, es improbable que desaparezcan las presiones por rendir al máximo tras graduarse en la universidad. Estas drogas podrían resultar mucho más útiles a los empleados más experimentados con puestos exigentes que para un alumno universitario de 19 años de edad. De hecho, un informe de 2012 de la Real Sociedad de Londres (Reino Unido) hizo hincapié en la probabilidad de que estas "mejoras", junto con otras similares, tengan implicaciones mucho más amplias en el mundo de los negocios.

Y aun así, pruebas anecdóticas aparte, sabemos muy poco acerca del uso de estas drogas en entornos profesionales. El Financial Times ha afirmado que se están "poniendo de moda entre abogados, banqueros y otros profesionales urbanos deseosos de adquirir una ventaja competitiva respecto a sus compañeros". Allá por 2008, el medicamento Modfinil para la narcolepsia fue calificado como "la droga preferida de los emprendedores" por TechCrunch. Ese mismo año, la revista Nature preguntó a sus lectores si consumían potenciadores cognitivos; de 1.400 personas que contestaron, una de cada cinco respondió afirmativamente.

Mientras tanto, el mundo de la gestión empresarial sigue asombrosamente callado. Pero tarde o temprano los ejecutivos tendrán que hacer frente al problema de estas drogas. Y antes de decidirnos, necesitaremos entender cómo funcionan (o no) estas drogas y plantearnos algunas preguntas importantes acerca de lo que significa su consumo.

Las drogas

Primero, existen  pruebas abrumadoras que sugieren que las drogas inteligentes realmente funcionan. Un metaanálisis realizado por investigadores de la Universidad de Harvard (EEUU) y la Universidad de Oxford (Reino Unido) demostró que el Modafinil aporta importantes beneficios cognitivos para personas que sufren de privación del sueño. La droga potencia la capacidad de planificar y tomar decisiones y tiene un efecto positivo sobre el aprendizaje y la creatividad. Otro estudio, de investigadores del Colegio Imperial de Londres (Reino Unido), demostró que ayuda a cirujanos privados del sueño a mejorar la capacidad de planificación, reconcentrar su atención y ser menos impulsivos a la hora de tomar decisiones.

Resulta fácil imaginar que estos beneficios serán bien recibidos por ciertas empresas. El ejército de Estados Unidos ya ha empezado a realizar experimentos con Modafinil, también los pilotos de las fuerzas aéreas de la India experimentan con un consumo controlado.

Sabemos que al menos algunas de estas drogas son médicamente seguras. Según la coautora del estudio de las universidades de Harvard y Oxford Katharine Brem, el Modafinil tiene "sorprendentemente pocos efectos secundarios" cuando se administra en un entorno controlado. Después de publicarse el estudio, los medios de comunicación empezaron a referirse a Modafinil como la primera droga inteligente segura del mundo.

Y las drogas no resultan difíciles de conseguir, en función de dónde se resida. Modafinil tiene una cuota anual global de 700 millones de dólares (unos 630 millones de euros), con una amplia proyección de usos no autorizados. Aunque estas drogas pueden comprarse en internet, su estatus legal varía por países. Por ejemplo, la compra y el consumo sin receta de Modafinil en Reino Unido es legal, pero no en Estados Unidos.

Las ventas de los medicamentos para el TDAH están aumentando rápidamente, con unos ingresos anuales de 12.900 millones de dólares (unos 11.600 millones de euros) en 2015. Estos fármacos pueden obtenerse de forma legal bajo receta, hasta por la gente que haya fingido los síntomas para conseguir el medicamento deseado. Según un experimento publicado en 2010, es muy difícil para un médico distinguir entre los pacientes que fingen sus síntomas y los que realmente los padecen.

Sin embargo, podría no hacer ni falta fingir siquiera si el médico considera que el nivel objetivo de rendimiento o de estrés que sufre el paciente a causa de un gran proyecto aporta motivos suficientes para recetarlo..

Las grandes incógnitas

Puesto que estas drogas son – en su mayoría – seguras, eficaces y fáciles de obtener, presentan varios retos éticos tanto para los trabajadores como para las organizaciones.

¿Es éticamente incorrecto el consumo de estas drogas? ¿Deberíamos comparar las drogas inteligentes con el dopaje, con las trampas?

Sí. Según una nueva política de la Universidad de Duke (EEUU) "el uso no autorizado de fármacos con receta para aumentar el rendimiento académico" debería recibir el mismo trato que los demás tipos de trampas académicas.

Y no. Según la profesora de derecho Nita Farahany, también de la Universidad de Duke, que califica la política de "mal concebida" y argumenta que "prohibir las drogas inteligentes resta autonomía a los alumnos para tomar decisiones informadas por sí mismos".

En la opinión del conocido autor Malcolm Gladwell, "lo que pasa con el dopaje es que permite entrenar más duro de lo que hubieras podido de otra manera". Sostiene que no resulta fácil calificar a alguien de tramposo basándonos en el uso de una drogapara este propósito. El equivalente, explica, sería un alumno que roba un examen del despacho del profesor y en lugar de irse a casa y no estudiar va a la biblioteca y estudia cinco veces más.

Otra preocupación es que estas drogas –especialmente si las consumen alumnos de la Ivy League o cualquiera en una posición ya aventajada– podría aumentar la brecha entre los pudientes y los demás.

Otros le han dado la vuelta al argumento y afirman que las drogas inteligentes pueden ayudar a los más desfavorecidos a reducir la brecha. En una entrevista con el New York Times, el Doctor Michael Anderson explica que él utiliza el TDAH (un diagnóstico que califica de "inventado") como excusa para recetar Adderall a los niños que realmente lo necesitan, niños de entornos pobres que sufren de un mal rendimiento académico.

No obstante, si más y más personas recurren a este tipo de estimulantes podría existir el riesgo de caer en una especie de carrera armamentística neurológica en continua progresión, argumenta la profesora de filosofía Nicole Vincent. Pero,¿representaría eso algo necesariamente malo? No, asegura Farahany. Ella considera que mejorar el funcionamiento cognitivo representa un bien social al que deberíamos aspirar y transformar en beneficios sociales: "como beneficios económicos o incluso la reducción de peligrosos errores", explica.

¿Deberíamos apoyar el uso de estas drogas en el trabajo? Como gerente de un hospital, ¿querría que sus cirujanos estuvieran bajo la influencia de estas drogas, siempre que existieran claras pruebas que demostrasen que mejoran su trabajo? Como el CEO de una línea aérea, ¿preferiría disponer de un piloto drogado si redujese la probabilidad de producirse accidentes?

Las empresas ya saben mucho acerca de cómo sus empleados viven sus vidas. Con la ayuda de los dispositivos portables y las revisiones médicas, las empresas ahora pueden analizar la relación entre las actividades físicas –el ejercicio, el sueño, la nutrición, etcétera– y el rendimiento profesional. Con la justificación de que los empleados sanos rinden mejor, algunas empresas han convertido el ejercicio físico en una obligación y sancionan a los que se nieguen. Y según la Fundación de la Familia Kaiser, de las grandes empresas estadounidenses que ofrecen revisiones médicas casi la mitad usan incentivos financieros para animar a los empleados a participar.

Hoy parece poco probable que las empresas lleguen a mandar el consumo de drogas. Pero, por otro lado, si las empresas pueden penalizar a la gente con malos estados de salud, ¿por qué no podrían estas empresas, al menos en teoría, incentivar el uso de drogas si resultan seguras y aumentan la productividad y los beneficios de la empresa?

Problemas legales aparte, no sería demasiado difícil lograrlo. Muchas empresas ya disponen de médicos residentes que realizan revisiones rutinarias de salud –incluidas pruebas de estupefacientes– que podrían emplearse para controlar y regular el consumo. Las compañías podrían integrar las drogas en los programas existentes de bienestar, junto a una dieta sana, el ejercicio y unos buenos hábitos de sueño.

¿Podrían las drogas inteligentes dar paso a una vida mejor fuera del trabajo? Puede que el argumento más convincente en contra de los nootrópicos sea que podría generar a una febril competitividad corporativa. Está claro que  trazar una frontera clara entre el trabajo y la vida personal es algo que nos cuesta hoy.

Diferentes organizaciones, y hasta países al completo, luchan contras la cultura de los que "siempre trabajan". Alemania y Francia han adoptado normas para impedir a los trabajadores leer y responder correos electrónicos fuera del horario laboral. Varias empresas han estudiado la posibilidad de prohibir los correos electrónicos fuera de horario; cuando una empresa italiana prohibió el uso del correo electrónico durante una semana, los niveles de estrés cayeron notablemente. No sorprende demasiado. Un estudio de Gallup encontró que entre las personas que comprueban sus correos electrónicos después de finalizar la jornada laboral, aproximadamente la mitad presentan niveles altos de estrés.

Algunos críticos sostienen que el Modafinil es una expresión de eso mismo, un síntoma de una nueva rutina laboral de 24/7. Pero, ¿y si es al revés? Digamos que posibilitara realizar una tarea en un tiempo bastante menor que el habitual. Entoncesuno podría emplear el tiempo ahorrado de forma distinta, como estar con la familia, participar en un voluntariado o disfrutar de alguna actividad de ocio. Imaginemos que un fármaco le ayudase a centrarse en limpiar su mesa y bandeja de entrada antes de salir del trabajo. ¿No le ayudaría eso a relajarse una vez en casa?

En otras palabras, las drogas inteligentes podrían emplearse para rebajar el estrés a la vez que aumentan nuestra productividad. En teoría, podríamos trabajar menos horas de manera más productiva en lugar de largas horas con menos concentración y productividad.

Considerándolo en global, resulta difícil predecir cómo reaccionarán los ejecutivos ante estas cuestiones. El tema de las drogas inteligentes rebosa dilemas éticos y empresariales. Pero la gente ya recurre a ellas en el trabajo mientras planteamos e intentamos resolverlos.

Durante los últimos meses, como parte de un nuevo proyecto de investigación, he hablado con cinco personas que consumen regularmente drogas en el trabajo. Todas triunfan en sus carreras, gozan de seguridad financiera, tienen relaciones amorosas estables y están generalmente contentas con sus vidas. Ninguna tiene planes de dejar de consumir y hasta ahora todas lo han ocultado a sus organizaciones. Pero mientras sus compañeros se vuelvan más predispuestos a empezar a consumir las mismas sustancias (la gente habla, después de todo), ¿lo seguirán haciendo?

También he intentado ponerme en contacto con altos ejecutivos con experiencia con estos fármacos (o de primera mano, o dentro de sus organizaciones), pero sin éxito. Pero no puedo evitar preguntarme: ¿Obvian totalmente la existencia de estas drogas o están ignorando el tema? Por ahora pueden. Las empresas pueden ignorar su uso y los ejecutivos fingir que no existen en sus empresas. Pero no siempre podrán.