Ahora que la primera ministra de Reino Unido, Theresa May, ya ha aplicado el famoso artículo 50 e iniciado así una cuenta atrás de dos años para su retirada de la Unión Europea, algunas consecuencias del Brexit comienzan a estar más claras. A pesar de la dificultad de predecir cómo terminarán unas negociaciones en las que se mezclan tanto componentes emocionales como económicos, sí que podemos conjeturar parte de lo que sucederá.

Estas conjeturas se basan sobre todo en lo que yo denomino la ley de la distancia, la apreciación de que la interacción entre dos países es proporcional al tamaño de su producto interior bruto (PIB) e inversamente proporcional a la distancia entre ellos. La distancia, en este sentido, no es solo una distancia física, sino también cultural (por ejemplo, la ausencia o presencia de un vínculo histórico colonia-colonizador entre los dos). La ley de la distancia ha sido asociada con algunos de los resultados más sólidos de la economía internacional, por lo que también sostiene el análisis en general bien visto del Tesoro británico sobre las consecuencias a largo plazo del Brexit hace ya un año.

Los mercados naturales de Reino Unido

Primero, piense en la afirmación, hecha en numerosas ocasiones por el UKIP y otros promotores del Brexit, de que los "amigos reales" (en palabras del líder de UKIP, Nigel Farage) de Reino Unido son mejores objetivos para las políticas comerciales británicas que la Unión Europea. O, como expresó poéticamente un portavoz de UKIP: "Fuera de la UE, el mundo es nuestra ostra y la Mancomunidad de Naciones [o Commonweatlh] sigue siendo esa preciosa perla de su interior".

¿Cuán realista es la afirmación de que Reino Unido podría ganar más si tuviera las manos libres para negociar con los otros países de la Commonwealth –antiguos estados del imperio británico como Canadá, Australia, India y Sudáfrica– de lo que podría perder si deja de participar en el mercado único europeo?

Piense, lo primero, que el PIB del resto de la Mancomunidad de Naciones solo tiene el 55 % del tamaño del PIB del resto de la UE, una diferencia que pone en duda esa afirmación tal y como muestra el círculo de la izquierda del siguiente gráfico.

El círculo del centro muestra la diferencia en el tamaño del PIB ajustada por el efecto de la distancia física: la masa económica de la UE está 8,4 veces más cerca que la de la Mancomunidad de Naciones. El círculo azul de esta parte del gráfico hace un cálculo más generoso de la sensibilidad de la riqueza a la distancia, mientras que la línea discontinua emplea un cálculo más conservador basado en cientos de estudios sobre la exportación de bienes. Utilizar esta medida más conservadora reduce el potencial proyectado del mercado de la mancomunidad en comparación con la UE aún más, hasta quedarse por debajo del 2 %.

Impacto económico del Brexit en las empresas de Reino Unido_Harvard Business Review en español

Por supuesto, también debemos tener en cuenta los aspectos culturales y administrativos en los que la Commonwealth podría estar intrínsecamente más cerca de Reino Unido que de la UE. Reino Unido comparte un idioma oficial común (el inglés) con un 91 % del resto de la Commonwealth (sobre un cálculo ponderado del PIB) y un vínculo de colonia-colonizador con un 99 %, frente a tan solo un 2 % en ambos factores con el resto de la UE. Según mis propias estimaciones, un idioma compartido impulsa normalmente el comercio internacional por 2,2 y un lazo entre colonia y colonizador lo multiplica por 2,5. Por lo tanto, el efecto combinado de las dos condiciones (un impulso de 5,5) sobre el mercado de Reino Unido con la Commonwealth es substancial, como muestra el círculo azul del gráfico. Aun así, la oportunidad de mercado proyectada en el resto de la UE sigue siendo varias veces más grande. (De nuevo, la línea discontinua representa el cálculo más conservador).

El efecto combinado de un idioma común y un vínculo de colonia-colonizador tendría que ser mucho más grande de lo previsto en cualquier estudio anterior de los que me consta como para revertir la conclusión de que Reino Unido cuenta con un mercado natural más grande dentro de la UE. Además, la condición se sostiene más allá del ámbito del comercio de bienes. También se aplica a los servicios y, por extensión, a la inversión extranjera directa, dos elementos especialmente importantes para Reino Unido.

La naturaleza instantánea de este análisis también obvia algunas de las dinámicas que supondría negociar realmente acuerdos comerciales con los otros 52 países de la Commonwealth, sobre todo en un momento en el que Reino Unido apenas tiene negociadores comerciales experimentados (en el verano pasado, aproximadamente 0,5 por país de la mancomunidad).

¿Tendrá realmente Reino Unido la fuerza suficiente en solitario para lograr mejores términos en sus acuerdos con los países de la Commonwealth que los que disfruta en la actualidad con la UE? Tenga en cuenta que Reino Unido solo representa el 16 % del PIB de la UE. Los resultados por lo general decepcionantes de la visita a la India de Theresa May dibujan una perspectiva más bien pesimista sobre la esperanza de que una amistad real supere todo lo demás. Mientras que los británicos querían más vínculos comerciales e inversores, el primer ministro indio, Narendra Modi, los condicionó de manera concreta a una relajación de los requisitos para conceder visados británicos a los indios que quieran estudiar en Reino Unido. Al igual que la UE, la India tiene problemas con la insistencia británica en establecer controles más y más rigurosos para la entrada de personas extranjeras en el país.

Además, la relación entre Reino Unido y la UE está lejos de ser buena. Compare a los británicos que insisten en que Reino Unido podría salirse de la UE sin pagar ni un "farthing de latón" [NdT: un farthing es una antigua moneda británica que valía un cuarto de penique] frente a una UE que reclama 50.000 millones de libras (unos 59.000 millones de euros) o más. Piense en el carácter combativo que mantienen algunos de los negociadores clave. Añada ahora la consideración de que el Brexit, incluso si se logra con un máximo en vez de un minímo de buena voluntad, dañará el comercio británico con la UE por motivos puramente técnicos. No parece arriesgado entonces predecir que el Brexit supondrá un deterioro de las relaciones comerciales de Reino Unido con su mercado natural más grande. La única pregunta es hasta qué punto.

Implicaciones para la industria

Dada esa predicción relativamente segura, la pregunta que surge de forma natural es qué industrias y empresas tienen más posibilidades de ver afectado su negocio y por tanto pueden tener que enfrentarse a una necesidad mayor de reconsiderar sus modelos de operaciones actuales.

En este contexto, lo que el Brexit tiene es muchas más probabilidades de cambiar la distancia administrativa entre Reino Unido y sus antiguos socios de la UE. Esto sugiere que las industrias con un alto grado de sensibilidad a la distancia administrativa, por ejemplo entre una sede y su filial y clientes, tienen más probabilidades de verse afectadas en mayor grado. Todo apunta que será así a no ser, claro, que se relajen las condiciones en las que los negocios de empresas británicas operan en mercados de la Unión Europea (algo que, al menos desde la perspectiva de las concesiones de la UE, parece improbable por el momento).

Fíjese en que los indicadores (correlacionados) de la sensibilidad administrativa incluyen industrias altamente reguladas, productoras de bienes y servicios de primera necesidad, grandes empleadoras y proveedoras del gobierno –incluidas algunas de las empresas más grandes del país– que se consideran vitales para la seguridad nacional, controlan recursos naturales y requieren grandes inversiones irreversibles y muy localizadas. No extraña entonces que las empresas de servicios financieros con una destacada presencia transfronteriza, las mismas para las que "el pasaporte financiero" de la UE resulta muy importante, se estén replanteando la medida en que su personal europeo se concentra en Reino Unido en vez de en el continente (como el traslado a Europa desde Reino Unido de varios cientos de puestos de trabajo anunciado por Goldman Sachs de cara a la primera fase del Brexit).

Otros indicadores del grado de sensibilidad de una industria al Brexit también incluyen un volumen elevado de economías de escala que necesitan amortizarse en mercados internacionales en lugar de tan solo mercados domésticos. Las conversaciones de BMW sobre el posible traslado de la producción del Mini fuera de Reino Unido a pesar de la identidad tan británica de la marca son un ejemplo. Otro factor muy importante es una gran dependencia comercial, ya sea en la importación o la exportación de bienes y servicios (la Unión Europea es más relevante como origen de las importaciones de Reino Unido que como destino de las exportaciones británicas). Por último, pertenecer al sector privado también puede ser crítico a la hora de calibrar la sensibilidad de una industria frente al Brexit: se trata de un sector de gran importancia, pero también uno en el que superar las posibles barreras suele requerir tratados de inversión además de acuerdos comerciales.

Implicaciones empresariales

A nivel de empresa, existen algunos atributos adicionales que tienen probabilidades de verse asociados con una mayor exposición a los efectos del Brexit. Las empresas con una dependencia especialmente alta de las exportaciones e importaciones en comparación con sus rivales probablemente sean las que encajen los peores golpes. Piense en Estados Unidos y la diferencia de respuestas entre New Balance y Nike a la retirada del país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. La primera se había centrado en la producción local, mientras que la segunda había establecido cadenas de suministro internacionales.

Las empresas pequeñas que aún no son exportadoras ni importadoras también tienen probabilidades de sufrir un mayor daño, al menos en lo que a la reducción de oportunidades se refiere. Normalmente, este tipo de empresas miran cerca para sus primeras operaciones internacionales. E incluso cuando los productos o servicios no cruzan fronteras, las empresas que utilicen Reino Unido, y Londres en particular, como su sede europea (así lo hacen muchas multinacionales estadounidenses) tienen muchas probabilidades de tener que replanteárselo. Del mismo modo, también deberían planteárselo otras empresas que utilicen Londres como sede global, sobre todo si la mayor parte de su negocio se concentra fuera de Reino Unido (es el caso de Vodafone, que, según Bloomberg, obtiene cerca de un 85 % de su facturación fuera de Reino Unido).

Las empresas británicas que podrían tener más motivos para aplaudir ante la nueva situación son las que estén concentradas en Reino Unido e intentan mantener a raya competidores regionales e incluso globales dentro del mercado doméstico. Es un recordatorio de la importancia de la granularidad a la hora de considerar las diferentes posibilidades. No todas las empresas de una misma industria, mucho menos todas las industrias, se verán afectadas de la misma manera. En consecuencia, y a lo que debe hacerse se refiere, de nuevo la respuesta apropiada estará basada en los detalles particulares de la situación de una empresa concreta.

Pero, dados los caminos independientes que Reino Unido y la UE parecen estar emprendiendo, ahora hay más motivos que nunca para considerar realizar algún cambio en las estrategias empresariales.