Lo han hecho. No creía que lo fueran a hacer, pero lo han hecho.

Permítame que declare proactivamente mis sesgos: soy ciudadano británico. Llevo los últimos 10 años viviendo en Francia. Y a pesar de sus muchos defectos, amo la Unión Europea.

El 52% de mis paisanos claramente no están de acuerdo. La votación del "Brexit" representa un triunfo incuestionable para Boris Johnson y Nigel Farage, los luminarios de la campaña Leave (abandonar). El último, que acaba de anunciar su dimisión, se refirió triunfalmente a los resultados como el "día de la independencia británica", posiblemente una alusión (o referencia) a un apasionado discurso de la película de ciencia ficción de Hollywood del mismo nombre. Boris, mientras tanto, ha fijado sus miras en quitarle las llaves de 10 Downing Street al primer ministro británico, David Cameron, sin duda su principal motivación a la hora de asumir el liderazgo de la campaña Leave.

¿Cuáles son las implicaciones económicas de la votación? Aparte de la volatilidad de los mercados el verdadero impacto a corto plazo tiene pocas probabilidades de ser importante. Para empezar, la salida real de Reino Unido de la UE llevará al menos dos años. El perfil de inversión del país no cambiará significativamente de la noche a la mañana, y cualquiera que sea el acuerdo de salida alcanzado, todo indica que Reino Unido seguirá formando parte de una zona de libre comercio con Europa; no le interesa a nadie que Reino Unido y la UE empiecen a levantar un muro de aranceles comerciales.

Lo que sí sabemos es que las implicaciones políticas de la votación garantizan una gran incertidumbre de aquí en adelante.

Primero, los resultados del referéndum cuestionan el futuro del propio Reino Unido. La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, se apresuró a manifestar su intención de proponer otro referéndum sobre la independencia de Escocia, el cual con casi toda probabilidad ganaría su partido nacionalista escocés. Irlanda del Norte, que al igual que Escocia votó mayoritariamente a favor de permanecer en la UE, podría seguir su ejemplo. Algo que podría hacer peligrar el frágil proceso de paz en Irlanda del Norte.

En Europa continental, el resultado será una noticia bien acogida por los resurgentes partidos nacionalistas que han estado ganando votos en la mayoría de los países europeos (por ejemplo el Frente Nacional de Francia y el Partido de la Libertad de Holanda), la mayoría de los cuales se muestran a favor de abandonar la Unión Europea. Si estos partidos se salieran con la suya, el movimiento hacia la integración cultural y económica en Europa podría echar marcha atrás mientras las ambiciones y tensiones nacionales levanten barreras para el comercio y la movilidad laboral.

Irónicamente, gran parte de esta incertidumbre podría tener efectos beneficiosos para determinados sectores de la economía británica a corto plazo. Los mercados de valores florecen con la volatilidad y Londres (Reino Unido) tiene muchas probabilidades de seguir representando un centro financiero poco regulado. Para la economía a más largo plazo de la fabricación y el comercio, sin embargo, probablemente serán menos que beneficiosos.

En resumidas cuentas: los fondos de inversión de Mayfair probablemente se forrarán, pero a nuestros hijos les resultará más dificil encontrar trabajo y los precios de las viviendas fuera de los códigos postales más elegantes de Londres sufrirán.

Pero más allá de las implicaciones económicas y políticas de la ejecución de un Brexit, el resultado del referéndum, que en gran parte refleja un arraigado resentimiento hacia todo lo extranjero, representa un triunfo de la estrechez de miras. La UE ha sido un proyecto imperfecto de muchas maneras, siendo la moneda única tal vez la iniciativa más cuestionable. Pero también es un proyecto noble porque su principal objetivo era lograr que una futura guerra europea resultara inconcebible. Reino Unido, uno de los países que más duramente luchó para preservar los principios democráticos durante la II Guerra Mundial, ahora ha hecho que la guerra resulte más plausible.

Observar cómo Reino Unido rechaza a sus vecinos de esta manera resulta profundamente deprimente. Sólo puedo concluir que ahora los pacientes están dirigiendo el psiquiátrico.

Lo que me devuelve a Boris y Nigel.

Si estos hombres van a ser los líderes del discurso político británico, entonces no tengo ninguna opción salvo la de solicitar la nacionalidad francesa y emplear mi voto para ayudar a impedir que suceda lo mismo aquí.

Está claro que se acabó la partida para Reino Unido.