El pasado mes de septiembre, los principales líderes de la tecnología se reunieron en Seattle (EEUU) con el presidente de China, Xi Jinping. En una fotografía de grupo, 30 CEO con una capitalización bursátil conjunta de 2,5 billones de dólares (2,25 billones de euros) sonreían a la cámara junto al líder chino. Entre ellos estaban el CEO de Microsoft, Satya Nadella, el de Facebook, Mark Zuckerberg, así como los líderes de la notoria "economía colaborativa": el CEO de Airbnb, Brian Chesky, y el de Didi Chuxing, Cheng Wei, quien dirige la principal aplicación de taxis y servicio compartido de vehículos en China. Sin embargo, la ausencia en la foto del CEO de Uber, Travis Kalanick, resultaba llamativa.

Este hecho no presagiaba nada bueno respecto al futuro de Uber en China. Cuando comenzó el mes, Uber confirmó la venta de sus operaciones en China a su competencia en el país, Didi Chuxing, y cuyo CEO aparecía en esa foto premonitoria. Cheng Wei conseguirá un asiento en el consejo de Uber como parte del trato. Kalanick obtiene la misma ventaja en el de Didi Chuxing, y a cambio Uber obtendrá cerca del 20% de las acciones de la empresa china, que dirigirá la rama china de Uber como una marca independiente.

Gran parte de la cobertura mediática sobre Uber en EEUU se centró en la rendición de Uber ante la competencia y en cómo su archienemigo chino le ha dado una lección. Es cierto que Kalanick afirmaba que China era el mercado más importante para Uber. Incluso llegó a bromear en una publicación del país  sobre que pasaba tanto tiempo en China que debería solicitar la nacionalidad. Uber realmente quería triunfar en su mercado con mayor crecimiento, uno donde los conductores de taxis eran 10 veces más numerosos que sus homólogos estadounidenses. Las pérdidas de la empresa aumentaban en una apuesta por aumentar la cuota de mercado.

No obstante, y a pesar de ello, pienso que Uber abandona China no por culpa de las interferencias de sus rivales, sino por culpa de la interferencia del estado.

Cuando Uber entró en el mercado chino, aprendió rápidamente que debía cambiar su producto principal. Al principio, los clientes debían validar la información de su tarjeta de crédito antes de abrir una cuenta. Esto supuso un gran obstáculo para muchos usuarios potenciales en el país asiático. Uber China reconoció esta desventaja en su enfoque empresarial y, justo antes del lanzamiento oficial en febrero de 2014, añadió la opción de pagar mediante Alipay.

Después de eso, Uber siguió utilizando Google Maps para localizar y poner en contacto usuarios y conductores. Sin embargo, la cobertura de Google Maps en China era tremendamente limitada y célebre por su falta de precisión. Por esa razón, Uber cerró una alianza estratégica con Baidu en diciembre de 2014. Baidu, una empresa económicamente potente y bien conectada con la esfera política china, se encontraba ahora dentro del círculo íntimo de inversores de Uber. Uber China llegó incluso a instalar servidores en territorio chino para evitar la posible perturbación de sus operaciones al atravesar el célebre Gran Cortafuegos chino.

Incluso después de hacer su principal producto más atractivo para los clientes del país, Uber invirtió una fortuna en atraer a conductores y clientes. Los usuarios eran seducidos con generosos descuentos en su primer viaje, lo que a menudo significaba que salía gratis. Por otra parte, se incentivaba a los conductores para que se uniesen a la plataforma. En la ciudad de Chengdú (China), había un total de 42.000 conductores de Uber, casi la misma cantidad que en las ciudades de Londres (Reino Unido), París (Francia) y San Francisco (Estados Unidos) juntas. Sin embargo, esta inversión de capital de la empresa tuvo una consecuencia inesperada: dio a luz una economía descontrolada de conductores que fingían carreras para obtener beneficios.

Fue un proceso costoso, aunque consiguió tener éxito. A pesar de la dura competencia de dos servicios de transporte similares en el mercado chino (y que luego se unirían para enfrentarse a la compañía estadounidense directamente), Uber consiguió triunfar porque se movía en una zona gris de los mercados del país.

Después de todo, el agresivo avance de Uber en China fue posible gracias a que el espacio en gran parte no estaba regulado. La empresa fundaba una entidad local tras otra con el fin de competir en los diferentes mercados urbanos. Es una estrategia comprobada: China no cuenta con un mercado único para casi nada. Mi compañera Meg Rithmire ha mostrado que cada ciudad de China puede tener un entorno regulatorio completamente diferente. Muchas de las empresas privadas que han tenido éxito en el país se han percatado de que pueden lograrlo o en zonas donde no está presente el Gobierno o donde aún no ha creado una normativa. Básicamente, es posible prosperar en cualquier tipo de negocio que todavía no se haya ilegalizado. El de vehículos compartidos era uno.

Las pérdidas que Uber estaba asumiendo para mejorar su cuota de mercado eran insostenibles. Aunque lo mismo le sucedía a su otrora principal rival, Didi Chuxing. Esta empresa se había convertido en el jugador principal del mercado. Sin embargo, ninguna de las dos empresas podía hacer frente al volumen de los incentivos (ni de los costes resultantes de la corrupción de los conductores) necesarios para conseguir nuevos conductores, usuarios y mercados.

Al final no fue la competencia la que expulsó a Uber del mercado chino. Fue la inminente legislación estatal china. Uber estaba negociando con su rival Didi Chuxing al mismo tiempo que se comenzaban a redactar las nuevas leyes. La regulación que establecía la nacionalización del sector suponía una mala noticia para una start-up que dependía de las diferencias locales y los vacíos legales.

Esta legislación nacional es ya una realidad. Para confirmarlo solo hace falta leer los titulares de la Agencia de Noticias Xinhua del día 28 de julio de 2016: China Grants Legal Status to Ride-Hailing Services (que traducido sería China concede un estatus legal a los servicios de vehículos compartidos). Sin embargo, el estatus legal en China puede suponer un lastre. La primera normativa de ámbito nacional para la industria supuso un duro golpe para Uber, y si se aplica al pie de la letra, una mala noticia para todo el sector.

Bajo esta nueva normativa, los datos recopilados por Uber se convertían en competencia del Gobierno. No habría más subsidios o incentivos. Según se define en la normativa, prevalecerían los precios del mercado "excepto en el caso de que los funcionarios del Gobierno municipal consideren necesario implementar unos precios definidos por la Administración". De acuerdo con la agencia de noticias Xinhua, de este modo se forzaría que las empresas de servicio compartido de vehículos tuviesen que fusionarse con las empresas de taxis (muchas de ellas propiedad de los gobiernos locales). Por lo tanto, Uber hubiera necesitado obtener la aprobación provincial y nacional para todas sus actividades en cualquier parte de China. Los servicios offline y online tendrían una regulación por separado.

Además, todas las compañías extranjeras como Uber se verían sujetas a una regulación más exhaustiva que sus competidores chinos. Aunque Uber estuviese registrado como empresas locales, su plataforma nacional se gestionaría de forma diferente. E incluso a pesar de la estandarización del sector, los gobiernos locales tendrían potestad para emitir "licencias de conducción para servicios de vehículos compartidos" y para determinar quién sería un conductor apto y qué tipo de coches se podrían conducir.

Esta normativa de ámbito nacional suponía un desastre inminente para Uber. En retrospectiva, es posible que la empresa hubiese podido permanecer al mando y haber conseguido beneficios si se hubiese mantenido en su nicho de mercado, el cual se ceñía a la población adinerada de China y los expatriados. Pero al intentar captar al público general para lograr una mejor valoración y promover su estrategia de una plataforma más grande, Uber tuvo que hacer frente a desafíos adicionales. La regulación del Gobierno central era inevitable.

Hay un dicho que afirma que una imagen vale más que mil palabras. Sin duda, este dicho se puede aplicar a la imagen de Xi Jinping junto con los CEO de las principales empresas tecnológicas, una imagen en la que Kalanick no aparece. También existe un dicho en China: "El clavo que sobresale es el que recibe el golpe".

Esta es la moraleja: allí donde interviene el Estado chino, muere el espíritu empresarial. Al vender su negocio en China a Didi Chuxing, Uber ha logrado salir de sus operaciones en el país en el momento oportuno, y a un coste razonable.