Por toda África, la banca está siendo rediseñada. La tecnología ha emergido como un arma competitiva para impulsar la excelencia operativa y un servicio de mayor calidad. A la vez que compiten entre ellos, los bancos se enfrentan a amenazas existenciales por parte de un amalgama de entidades las cuales no necesariamente cuentan con una licencia bancaria.

Por ejemplo, desde empresas de telecomunicación hasta emprendedores fintech o tecnofinancieros, las tasas y comisiones bancarias africanas están sometidas a una tremenda presión. M-PESA, un producto de telefonía móvil para operar con dinero, ofrece servicios que están desplazando la arquitectura bancaria de Kenia. No se han librado ni los gigantes bancarios. Se rumorea que la empresa fintech de Nigeria Interswitch está valorada en 1.000 millones de dólares (unos 890 millones de euros), lo que eclipsa con facilidad a la mayoría de los bancos del país. A través de PayPal, los nigerianos gastaron 610 millones de dólares (unos 543 millones de euros) desde sus teléfonos móviles en compras internacionales en 2015. Son compras que privaron a los bancos locales de sus correspondientes comisiones por divisas. La empresa Stripe, de California (EEUU), ha desvelado una solución que permitirá a emprendedores en línea operar empresas y cuentas bancarias estadounidenses cuando residan fuera de Estados Unidos. Los emprendedores africanos se están frotando las manos.

Mientras que la mayoría de las economías africanas continúa encogiéndose debido a la caída de las materias primas, los fiables fondos públicos que conforman la base de los depósitos bancarios están desapareciendo. Para mitigar los ingresos perdidos, los bancos están doblando sus esfuerzos en la banca para particulares y corporativa. Pero la banca ya no puede dictar las reglas del juego como ha hecho en el pasado. Los clientes ahora disponen de más alternativas, están más fragmentados y la desintermediación por parte de las fintechs complica el cobro de comisiones. Infraestructuras heredadas, como las sucursales bancarias, se dedican cada vez menos a sus actividades tradicionales y los márgenes siguen reduciéndose porque los clientes se han desplazado hacia otros canales.

De hecho, los retos a los que se enfrentan los bancos africanos son enormes. Para seguir siendo relevantes, los bancos necesitan mutar, provocar una disrupción interna que les permita sumarse a la nueva banca. De mi experiencia colaborando con clientes bancarios en el continente, aquí detallo varias sugerencias para lograrlo:

-Reestructurar la plantilla. Nada ha cambiado dentro de la mayoría de los bancos africanos en cuanto a su estructura, a pesar de la avalancha de transformaciones del mercado. La mayoría aún colocan a sus directores de marketing en lujosos coches para salir a buscar clientes. Aunque sigue siendo relevante, la economía digital emergente ofrece nuevas formas de llegar a los clientes con mejores modelos de coste. Los bancos necesitan cerrar sucursales, reducir sus plantillas y reasignar algunos empleados a la banca digital.

Dentro de una década, el 80% del personal debería ser capaz de automatizar actividades como la captación de clientes, labores de ventas, mantenimiento y gestión de inversiones. Dado que la banca se ha convertido en un negocio tecnológico, el futuro será para las entidades que ofrezcan a sus clientes servicios personalizados de banca de alta calidad; facilitados en gran parte por una automatización de bajo coste. Cada vez más, ponerlo en práctica dependerá de un nuevo tipo de talento con habilidades técnicas profundas para integrar la realidad local en los productos.

Además, no siempre es necesario que los bancos vendan sus productos con banqueros; pueden desplazar parte de su plantilla hacia nuevos negocios basados en el marketing tecnológico, en redefinir los productos y presentarlos al público como al estilo de una dinámica start-up tecnológica. Estos ajustes podrían ser catalíticos para esquivar los desafíos lanzados por sus rivales fintech.

-Consolidar los datos. En países donde los gobiernos rara vez conocen a sus ciudadanos porque existen pocos sistemas fidedignos de identificación, la mayoría de los bancos africanos han construido sus negocios sobre dudosas infraestructuras de datos. A medida que aumenta la competencia y ofrecer servicios personalizados se vuelve crítico, los bancos necesitan consolidar los distintos conjuntos de datos diseminados a lo largo de décadas de operaciones propias.

La mayoría de los bancos aún exigen que sus clientes tengan varias cuentas para acceder a diferentes productos como hipotecas, préstamos, depósitos y demás. Consolidar estos productos en una única base de datos con una sola cuenta de acceso mejorará la experiencia de los clientes. Los bancos también deberían requerir a sus clientes que actualicen sus datos, que utilicen números de identificación ciudadana (cuando estén disponibles) y direcciones de correo electrónico y números de teléfono (que no existían en el pasado) para vincular los servicios que les proporcionan de un modo más eficaz.

-Impulsar la banca digital. Aunque puede que los ingresos procedentes de la banca digital no sean determinantes en estos momentos, están creciendo más rápido que los de las sucursales. Los bancos deben darse cuenta de que esto representa el futuro de la banca, y la costumbre de ver la banca digital como un canal para gente joven tiene que evolucionar. En la mayoría de los bancos, se pide a directores jóvenes sin experiencia que gestionen productos digitales. Ha llegado el momento de colocar los negocios digitales bajo la responsabilidad de ejecutivos experimentados con capacidad para influir en las decisiones estratégicas que puedan transformar el banco internamente. Un director que reporte directamente al CEO sería óptimo.  

-Innovación intensiva. La antigua estructura bancaria en África está derrumbándose a medida que los bancos centrales pierden su autoridad con tanta desintermediación. África tiene que innovar –por ejemplo con nuevos modelos de crédito– para expandir sus negocios y hacerlos más atractivos.

La excusa es que el sistema crediticio no puede funcionar hasta que las economías africanas dispongan de arquitecturas de identificación y el modelo estilo FICO es la prueba de que los bancos africanos no han invertido lo suficiente en investigación local para buscar alternativas basadas en las circunstancias y posibilidades locales. Los bancos también deberían explorar asociarse y colaborar con organizaciones externas, ya que el ritmo de la disrupción es enorme como para que lo supere una entidad aislada.

Los bancos necesitan desarrollar capacidades de automatización y analítica para poder competir según evolucione la banca algorítmica. La definición de los modelos de inteligencia artificial (IA) para el consumidor africano no puede impulsarse de manera óptima por comerciales de Silicon Valley (EEUU). Son las universidades e instituciones de investigación africanas, que entienden los matices de ser africano, quienes están mejor posicionadas para hacerlo. Esto es crucial, porque en un futuro en el que la tecnología de cadena de bloques (blockchain, en inglés) usurpe su rol a los bancos centrales al eliminar las cámaras de compensación y los ciudadanos operen negocios locales pero desde cuentas en el extranjero, sólo la innovación garantizará la supervivencia.

-Considerar las necesidades locales. Lo que funciona en Estados Unidos puede que no funcione en África, por lo que inspirarse en otras geografías puede dar paso al fracaso. En países como Estados Unidos y algunos europeos, el 30% de los pagos proceden de dispositivos móviles; en África son el 60%. Mientras esos países hablan de "móvil primero"; en África el comercio electrónico en gran parte es "sólo móvil". Pensar en local es estratégico para evaluar adecuadamente los modelos de negocio rivales. Un africano medio construye su casa, paga en efectivo y sin acceder a una hipoteca. Los préstamos educativos prácticamente no existen. La mayoría de las economías en África no incluyen empresas que ofrezcan seguros agrícolas a los granjeros. Si se consideran los entornos locales, será evidente que lo que funciona para los bancos de Wall Street (EEUU) puede no ser relevante en África; y los bancos africanos han de adaptarse en consecuencia.

Los bancos africanos, a diferencia de sus homólogos internacionales, son más susceptibles a las disrupciones en gran medida porque las nuevas alternativas siempre son preferibles debido a los retos infraestructurales. Cualquiera preferiría la banca por internet para evitar el terrible tráfico de Nairobi (Kenia), al igual que millones de africanos han sobrepasado los ordenadores personales en favor de los teléfonos inteligentes. No existe ningún requisito que obligue a los africanos sin cuentas bancarias a abrirse una antes de adoptar monederos electrónicos. Esto permite que, mientras los ecosistemas convergen, la gente compre y venda sin bancos de por medio. Los bancos africanos tienen que reinventarse a sí mismos si quieren formar parte del nuevo sector bancario.