La expresión "la trampa de Tucídides" se refiere a las tensiones y posible guerra entre una potencia hegemónica y otra emergente que aspire a dominar. Incluso antes de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la relación entre EEUU y China ya se solía describir en términos de conflicto. Analistas como Graham Allison, por ejemplo, aseguraban que la guerra no era un resultado inimaginable. ¿Cómo han influido entonces, si es que lo han hecho, la victoria de Trump y las declaraciones más recientes sobre nuestra visión de la relación bilateral China-Estados Unidos?

Es significante que, en su primer discurso retransmitido tras los comicios, Trump no mencionara ninguna de sus propuestas de campaña como declarar a China un manipulador de divisas o gravar sus mercancías con aranceles de castigo. Tales medidas aún podrían estar de camino, por supuesto. Es más, si se acaban tomando aún podrían provocar el colapso de la globalización actual. En palabras del presidente de China Xi Jinping, ante una actitud de castigo e intransigencia, no cabe posibilidad de cooperar. Si Estados Unidos intenta "castigar" a China en el comercio, los chinos podrían tomar represalias del mismo modo contra empresas como Boeing o Apple, o incluso llegar a vender deuda pública estadounidense.

Dicho esto, China podría ser algo más benévola con Trump visto el gran regalo que les ha hecho: ha asegurado que abandonará el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) durante su primer día en el cargo. No es una noticia inesperada. A pesar de que más de un seguidor devoto había esperado una votación sobre el TPP en alguna de las últimas sesiones del Congreso de Estados Unidos, el rechazo de los dos grandes candidatos presidenciales al tratado y su potencial de arma arrojadiza no auguraban nada bueno para el acuerdo. Finalmente, las elecciones acabaron por completo con la involucración de Estados Unidos con el tratado.

El abandono del TPP marca el final del giro estadounidense hacia Asia, el cual estaba motivado en parte para asegurarse de que el comercio en la región no se configurara en torno a China (que tampoco iba a sumarse al texto debido a las restricciones que supondrían para las empresas estatales chinas y su planificación centralizada). Entre la retirada estadounidense y el desencanto local (es decir, el viraje radical de Filipinas con Rodrigo Duterte hacia la influencia china), formar un baluarte contra la hegemonía de China se asemeja bastante improbable.

Por supuesto, Estados Unidos mantiene sus acuerdos de seguridad con Japón y Corea del Sur. Pero ambos países se encuentran en la lista de Trump de estados que mantienen superávits comerciales excesivamente grandes con Estados Unidos. Asimismo, el ejemplo de Filipinas demuestra la rapidez con la que se puede pasar de mantener una relación especial con EEUU a formar parte de la órbita china. No es el único revés. En el otro lado del mundo, la OTAN aún intenta recuperarse de las dudas públicas de Trump sobre la filosofía de la Alianza -"todos para uno"- y el reparto de las aportaciones económica; sin olvidar los problemas internos de Europa. Tampoco hay que perder de vista que la credibilidad de una alianza militar puede perderse en mucho menos tiempo del que cuesta obtenerla.

El debate en realidad es si someter las relaciones de seguridad al interés económico propio puede transformarlas por completo y, en la práctica, debilitarlas. Estados Unidos se convertiría en un contratista y no en un garante de la seguridad. A largo plazo, apenas quedaría algo de las viejas alianza. El mapa geopolítico podría desaparecer para limitarse a un mapamundi económico; mucho menos atractivo desde la perspectiva estadounidense dado que China se convertiría en un actor  aún más fuerte dentro del escenario global.

Basta observar el mapa sobre comercio incluido a continuación. En él, los países están coloreados en función de su mayor socio comercial, China o Estados Unidos. Mientras que EEUU lidera en algunas partes, sobre todo en las regiones más próximas al continente americano, China lo hace de manera más generalizada. La extrapolación de los datos indica que para 2025, el área de influencia china se ampliará aún más; el alcance de Estados Unidos se limitará al continente americano del hemisferio norte. ¿Demasiado increíble para ser cierto? Es una tendencia que está reflejada en la estrategia de exportación del Departamento de Comercio de EEUU "Mirar al Sur".

China puede liderar el comercio mundial si Estados Unidos se retira
El mapa del liderazgo comercial pone de relieve que si Estados Unidos abandona iniciativas comerciales, pero también geopolíticas, claves como el TPP, a la vez que desdibuja su compromiso en tratados previos, los cimientos de la influencia se limitarán a la economía. China es consciente de sus posibilidades. Y le gusta. Tras pasar unos días en China entrevistando a expertos locales, he podido comprobar el entusiasmo en las redes sociales del país tras la victoria del candidato republicano. Para una parte de la población china, la elección de Trump representa una gran oportunidad. Los medios de comunicación oficiales, aunque más prudentes, también enfatizan que es el momento propicio para aproximarse a los aliados europeos y sobre todo asiáticos del país norteamericano. Ahora, explican, estos países tienen más probabilidades de ser abandonados, pero China, a diferencia de EEUU, es un socio fiable.

A los países aliados afectados –como Japón, donde también pasé varios días– tampoco están convencidos de la postura china, pero desde luego les preocupan los últimos acontecimientos. De momento, parece que la primera mano la ha ganado China.