En 2015, el mundo viró de manera histórica hacia la sostenibilidad. Los debates sobre la existencia o no del cambio climático se esfumaron. Cada país se comprometió a tomar medidas en forma del acuerdo climático de París. Incluso el Papa habló del tema, recordándonos que todos estamos conectados. Fueron 12 meses  productivos, cuanto menos. Entonces llegó 2016.

Cada año, encuentro grandes temas o tendencias y casos concretos de empresas que me parecen impresionantes, importantes o indicativos de hacia dónde va el mundo. En 2016, dos episodios destacan sobre todos los demás: la elección de Donald Trump y la toma de medidas importantes para frenar el calentamiento global. El contexto para los negocios sostenibles del próximo 2017 puede centrarse por tanto en la rivalidad entre estas dos historias; es decir, ¿qué impacto tendrá Trump y su equipo en los progresos climáticos y otros asuntos relacionados con la sostenibilidad? Por tanto, centrémonos primero en estos dos, para después repasar rápidamente otras siete historias de 2016 a tener en cuenta.

1. Trump conmociona al mundo

Aún no está claro qué puede significar la elección de Trump para los temas que afecten a los esfuerzos de las empresas para gestionar temas medioambientales y sociales. Frenar el cambio climático, construir una economía limpia, reducir la desigualdad al aumentar los salarios, facilitar el acceso a la sanidad para promover el bienestar general... todo está rodeado por la incertidumbre. En mi opinión, las primeras señales del equipo de Trumpo tampoco son prometedoras. Como director de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) quiere nombrar a un negacionista del cambio climático y que se enfrentó legalmente a la agencia que dirigiría. Su candidato a secretario de Trabajo se opone firmemente al pago de horas extras y el aumento del salario mínimo (algo que muchas empresas han hecho de manera voluntaria desde 2014). Su elección para secretario de Estado es el CEO de ExxonMobil, una empresa que durante décadas ha atacado la ciencia medioambiental. Un memorándum filtrado del equipo de transición de Trump demuestra su intención de distanciarse del acuerdo de París y de casi todas las medidas climáticas y por una economía limpia.

En respuesta a la elección de Trump y sus declaraciones poniendo en duda el cambio climático, muchos países que firmaron el acuerdo de París en 2015 ya han dejado claro que seguirán adelante (China en particular: lean después la tercera historia destacada). El anterior presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, llegó a proponer imponer aranceles a los productos estadounidenses si el país se retiraba del Acuerdo de París. El antiguo alcalde de Nueva York (EEUU), Michael Bloomberg, aprovechó su influencia y declaró públicamente que las ciudades seguirían luchando, con o sin Trump. Por último, cientos de empresas firmaron la última declaración de Ceres para mostrar su apoyo al texto firmado en París. Todo esto es prometedor. Por esto, y muchas otras razones, el camino de la sostenibilidad en los negocios seguirá adelante.

Sin embargo, y dada la probable postura de Trump, cualquier progreso global respecto al clima se producirá a pesar de los vientos en contra del Gobierno federal de Estados Unidos. En el país norteamericano la acción tendrá que desplazarse por tanto a los estados, las ciudades y el sector privado. Los negocios en particular necesitarán liderar de una manera como jamás lo habían hecho antes; y lo harán.

2. Aumentan las medidas climáticas del sector público y privado  

Durante la mayor parte de 2016, el mundo se movió rápidamente con respecto al clima. Ya he mencionado el histórico Acuerdo de París, pero hay muchos más pasos en la buena dirección que merece la pena destacar. Con el apoyo de empresas químicas, más de 170 países acordaron eliminar gradualmente el uso de los HFC, unos compuestos orgánicos que contribuyen al efecto invernadero y se utilizan en todo el mundo para el aire acondicionado y las neveras. Naciones Unidas acordó reducir las emisiones procedentes del sector aéreo. Noruega prohibió la deforestación y al igual que Alemania está cada vez más cerca de la prohibición de coches que queman combustibles fósiles.Canadá anunció esta semana que impondrá impuestos al carbón a nivel nacional para 2018.

En Estados Unidos, la administración Obama ha empezado a incorporar "el coste social del carbono" en la toma de decisiones, y el Pentágono convirtió el cambio climático en una prioridad militar. El presidente Obama, con sus homólogos de Canadá y México, acordó unos ambiciosos objetivos regionales en cuanto a energías renovables y eficiencia. A nivel estatal, Nueva Jersey (EEUU) aprobó un gran impuesto nuevo para la gasolina, y Oregón, Illinois y California (todos en EEUU) han aprobado políticas energéticas y climáticas sólidas. Todo esto afectará a empresas de todo tipo.

Los empresas tampoco han guardado silencio en el frente climático. Muchas han invertido fuertemente en energías renovables (vean el punto número cinco de esta lista), y algunas de las más grandes se han sumado directamente a los debates políticos sobre el tema. Más de 100 compañías hicieron un llamamiento a la acción sobre el Plan de Energías Limpias (la gran medida de Obama para reducir las emisiones del sector energético); gigantes tecnológicos como Apple, Google, Amazon y Microsoft presentaron incluso un escrito legal para apoyar la medida. Nueve grandes marcas con operaciones en Ohio (EEUU) presionaron públicamente al estado para recuperar los estándares sobre eficiencia energética y renovables. Muchas empresas hasta ahora mudas, como el coloso de alimentación General Mills, hablan hoy de la importancia para sus negocios de abordar el cambio climático.

¿Por qué todos estos avances? Primero, las pruebas de un clima radicalmente alterado se han vuelto obvias. Después de que 2015 rompiera los récords climáticos, 2016 ha sido aún más caluroso y extremo: ha provocado fenómenos climáticos que provocaron destrucción física, grandes costes económicos y la pérdida de vidas humanas. El Banco Mundial calcula que activos por valor de 158 billones de dólares (unos 151 billones de euros) se encuentran en peligro en caso de que aumenten las catástrofes naturales. La Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres (Reino Unido) asegura que billones de activos financieros también son vulnerables. Y tan sólo en Estados Unidos, las inundaciones en Luisiana y Carolina del Norte provocaron entre 10.000 y 20.000 millones de dólares (entre unos 9.600 y 19.000 millones de euros) en daños.

3. China da un paso al frente

Mientras que muchos países han acelerado sus inciativas por el clima y la economía limpia este año, China representa un caso especial. A principios de año, el país asiático anunció que paralizaría la aprobación y construcción de nuevas minas de carbón, cerraría otras 1.000 minas, aumentaría la energía eólica y solar en un 21 % en 2016 y consumiría aún menos carne para controlar las emisiones de carbono. Pero el mes pasado, el país también indicó que el uso del carbón seguiría creciendo hasta 2020 (aunque a un ritmo inferior que la expansión de las energías renovables). Así que no está totalmente claro hacia dónde evolucionarán las emisiones chinas. Pero nadie duda que el país quiere liderar el mundo en su transición hacia una economía verde. Durante la cumbre climática global de Naciones Unidas –que casualmente coincidió con las elecciones estadounidenses– los ministros chinos enviaron un mensaje a Trump de que el cambio climático no es ninguna patraña. Entonces, el presidente de China Xi Jinping anunció que asistiría por primera vez a la reunión anual de "peces gordos" en Davos (Suiza), con informes sobre el interés de China para ocupar los espacios comerciales dejados por el Brexit y los posibles vacíos de liderazgo climático generados por Trump.

4. Las renovables siguen creciendo y abaratándose

Las renovables llevan varios años imponiéndose a los combustibles fósiles a la vez que el coste de las nuevas tecnologías energéticas baja cada vez más rápido. México ostentaba el récord mundial de la planta solar más barata... y a las pocas semanas lo superó Dubái (Emiratos Árabes Unidos) con una oferta de 2,99 céntimos de dólar (unos 2,86 céntimos de euro) por kilovatio-hora. Los países con grandes inversiones en renovables están recogiendo ahora los beneficios. Durante cuatro días de mayo, Portugal se alimentó en un 100% de renovables, y, durante un único día de fuertes vientos, los parques eólicos de Dinamarca proporcionaron al país un 140% de la energía que necesitaba. Estados Unidos por fin se metió en la energía eólica marina cerca de Rhode Island. En un sutil punto de inflexión, la capacidad de generación mundial total de las renovables superó al carbón este año.

Al desplomarse los precios, las empresas tomaron nota y las compras y el compromiso con las energías renovables aumentaron. Walmart fijo un objetivo de un suministro 50 % de energías renovables para 2025. Durante las últimas semanas, Microsoft y Avery Dennison han anunciado grandes compras de energía limpia, y General Motors y Google han declarado que buscan llegar a un 100% de energía renovable dentro de un año. Un creciente número de empresas firmaron el compromiso RE100 de alcanzar un 100 % de energía renovable para funcionar. Y en Nevada, tanto MGM como Caesars han presentado documentos para dejar de comprar energía a su empresa eléctrica, NV Energy, porque no apoya las renovables. Aún fluye capital nuevo hacia tecnologías limpias: Bill Gates, Jeff Bezos y algunos otros líderes empresariales más acaban de anunciar un fondo de 1.000 millones de dólares (unos 957 millones de euros) para invertir en "tecnologías energéticas de próxima generación". Toda esta actividad me convence de que Trump no puede detener la economía limpia.

5. Los inversores se centran en el clima, la sostenibilidad y el corto plazo

A la carta de 2015 a los CEO de las empresas de la lista S&P 500 del CEO de BlackRock, Larry Fink -el mayor propietario de activos del mundo-, le siguió un tratado en contra del enfoque a corto plazo. Descalificó la "histeria de los resultados trimestrales" y conminó a las empresas a presentar planes estratégicos a largo plazo y abordar temas medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés). BlackRock también emitió una "alerta de cambio climático", que instaba a los inversores a adaptar sus carteras de inversiones para combatir el calentamiento global. Muchos bancos prestaron atención, y retiraron financiación al carbón. La Escuela de Economía de Londres también calculó que el cambio climático podría recortar billones de los valores de los activos financieros. Debido a este riesgo económico sistémico, un equipo especial del Consejo de Estabilidad Financiera del G20 publicó unas importantes directrices para que las empresas fueran más transparentes en cuanto a sus implicaciones medioambientales. Para ayudar a los inversores evaluar sus activos, Morningstar lanzó puntuaciones de sostenibilidad para 20.000 fondos, y 21 bolsas de valores introdujeron informes de estándares de sostenibilidad. Por último, para educar a la próxima generación de analistas, el examen de Analista Financiero Certificado ahora incluirá temas de ESG.

6. Los negocios defienden los derechos humanos de trabajadores y clientes

Las empresas cada vez se pronuncian más sobre temas de derechos humanos por muchos razones. Para algunas, se trata de una oportunidad comercial para resultar atractiva a un mercado nuevo o creciente de consumidores centrados en los derechos. Otras, quieren atraer y retener talento diverso. Pero en general, la sociedad espera que las empresas amplíen su misión. Según una encuesta, el 78 % de los estadounidenses considera que "las empresas deberían tomar medidas para abordar los temas importantes temas que afectan a la sociedad". Los millennials se muestran aún más convencidos de ello. Una encuesta mundial de Deloitte demostró este año que el 87 % de los millennials de todo el mundo creen que "el éxito de los negocios debería medirse en más términos en vez de sólo por su rendimiento económico". Esta generación –que supondrá el 50 % de la fuerza de trabajo para 2020– busca que las empresas para las que trabajen compartan sus valores.

Y por tanto, tras unas divisivas elecciones estadounidenses, muchos CEO del país sintieron la necesidad de enviarles un correo electrónico a sus plantillas y reiterar su compromiso con la diversidad y la inclusión. En un momento anterior del año, cuando el gobernador de Carolina del Norte, Pat McCrory, aprobó una estrafalaria ley para controlar el servicio que utilicen las personas transgénero, muchas personas alzaron la voz. Los CEO de docenas de importantes marcas -incluidas Alcoa, Apple, Bank of America, Citibank, IBM, Kellogg, Marriot, PwC y Starbucks- firmaron una carta abierta en la que defendían "las protecciones para las personas de la comunidad LGTB". Paypal y Deutsche Bank cancelaron sus planes para ampliar sus operaciones y contratar con el estado, y la NCAA (la Liga de Baloncesto Universitaria de EEUU) llegó reubicar algunos eventos del campeonato. (Como comentario adicional, tras costarle al estado unos 600 millones de dólares –o unos 574 millones de euros– en negocios, la ley también le costó la reelección a McCrory).

 7. Aparecen más pruebas de que las economías pueden crecer sin aumentar las emisiones de carbono

Llegados a este punto del siglo XXI, más de 20 grandes países, además de 33 estados de EEUU, han "desemparejado" el crecimiento del PIB de las emisiones de gases de efecto invernadero. Un acaparador energético, el sector de las tecnologías de la información, ha logrado nivelar el consumo energético de los centros de datos. Se vuelve a hablar seriamente del "pico petrolero", aunque ya no en términos de suministro, sino de demanda.

Estamos observando un cambio fundamental en nuestra relación con la energía por muchos motivos, incluidos la mejora de la eficiencia económica y las tecnologías verdes (vid. punto número cinco). Pero las empresas también se están volviendo más sistemáticas, estratégicas y divertidas –sí, divertidas– a la hora de reducir el consumo. Cada vez más organizaciones emplean viejas técnicas como "la búsqueda del tesoro" y las reinventan como "maratones energéticos" (26,2 días de innovación). Otras están compitiendo para reducir el consumo energético; observen a Hilton y Whole Foods enfrentarse en un reality emitido por streaming.

8. Levi Strauss comparte lo que sabe sobre el agua

Los grandes cambios están muy bien, pero de vez en cuando un ejemplo específico de una empresa determinada merece una atención especial. En este caso, Levi Strauss había dedicado una década a identificar maneras geniales de reducir el consumo de agua en la cadena de valor de sus prendas. Al darse cuenta de que los temas del agua son demasiado importantes como para abordarse en solitario, Levi Strauss celebró el Día Mundial del Agua y publicó sus mejores prácticas de gestión del agua de manera abierta para todo el mundo. En esencia, la empresa decidió promocionar el cambio del sistema y hasta invitó a sus rivales a visitar su laboratorio de innovación por primera vez en la historia.

9. Nos aproximamos más a una economía circular

Con una creciente población y una demanda de recursos siempre al alza, se está volviendo necesario encontrar maneras de eliminar los desechos y reutilizar materiales valiosos indefinidamente. Estamos observando algunas innovaciones interesantes en las políticas y las prácticas empresariales. Suecia tiene planes de ofrecer desgravaciones fiscales a cambio de arreglar las cosas en lugar de tirarlas, y seis países de la UE lanzaron un proyecto de cuatro años de duración para ayudar a las empresas pequeñas y medianas a desplazarse hacia modelos circulares.

Varias empresas se están posicionando también en este espacio. En Reino Unido, un supermercado ha abierto sólo con comida que se habría tirado. IKEA está ampliando sus ofertas circulares como la reventa de muebles de segunda mano además de generar nuevos productos a partir de restos textiles. Más de 25 empresas en Minnesota (EEUU), incluida 3M, Aveda y Target, lanzaron una iniciativa circular para compartir su experiencia. La Fundación Ellen MacArthur y Kering han ideado un programa formativo de pensamiento circular para los alumnos de moda y diseño. Y por último, el Closed Loop Fund, que invierte en infraestructuras para reciclar (utilizando fondos de algunas grandes marcas de venta al por menor y productos de consumo envasados), ha informado de importantes progresos, incluido el lanzamiento de un flujo de reciclaje único en Memphis (Tennessee, EEUU).

¿Qué nos depara el 2017?

Dado lo equivocados que han estado los expertos y pronosticadores este año, tengo que proceder con cautela. ¿Quién sabe realmente qué aportará la presidencia de Trump a Estados Unidos y al mundo, o qué aspecto tendrá la agenda de sostenibilidad y responsabilidad corporativa con tanta incertidumbre?

creo que las empresas ampliarán sus horizontes, para considerar más los sistemas, no sólo sus propias operaciones y cadenas de valor. Cada vez se asociarán más entre ellas para abordar grandes metas como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Las exigencias de mayor transparencia acerca de cómo se fabrican las cosas –de los consumidores, empleados, inversores y otras partes interesadas– tienen pocas probabilidades de disminuir. Los sectores de la alimentación y la agricultura en particular sentirán presiones aún mayores para reducir el carbono y los desechos y simplificar los ingredientes.

Y al margen de quién ostente el poder político, las macrotendencias son difíciles de frenar: un clima cambiante, el reto de la gestión del agua y otros recursos, las expectativas sobre las empresas, una creciente preocupación sobre la desigualdad y los sueldos, la disrupción tecnológica de la IA, el aprendizaje de máquinas y la automatización. Estas tendencias seguirán adelante, y las empresas tendrán que adaptarse... rápidamente.