¿Cómo de artificial es realmente la inteligencia artificial? Facebook tuvo que poner a trabajar a todos sus portavoces y personal de relaciones públicas el verano pasado cuando unos periodistas descubrieron que un "equipo editorial" humano, y no algoritmos sin sesgo alguno, escogía las noticias de su sección con los temas o tendencias del momento. La revelación puso de relieve algo imposible de obviar, pero que todo el mundo finge desconocer en el ámbito tecnológico: las empresas que venden la mágica velocidad, omnipotencia y neutralidad de la inteligencia artificial a menudo no pueden cumplir sus propias promesas sin incluir la participación de humanos, los cuales suelen trabajar de manera invisible entre bambalinas.

Entonces, ¿quiénes son los humanos que están detrás de la inteligencia artificial (IA)?

En Bangalore (India), Kala, una madre de mediana edad con dos hijos, trabaja delante de su ordenador en la oficina casera improvisada que comparte con su marido. Nuestro equipo de Microsoft Research conoció a Kala durante el tercer mes de un estudio sobre la vida de las personas que aceptan trabajos temporales con contratos "bajo demanda" a través de internet, el equivalente al trabajo a destajo en línea. Sus hijos adolescentes hacen los deberes en la habitación contigua. Kala los llama a su despacho, señala la pantalla y pregunta: "¿Es esta una palabrota en inglés?". Así es la trastienda de la IA en 2016. Kala dedica horas cada día a revisar y etiquetar ejemplos de contenidos cuestionables. A veces ayuda a empresas como Google, Facebook, Twitter y Microsoft a entrenar los algoritmos que supervisarán los contenidos en línea. Otras veces, toma decisiones rápidas y difíciles sobre qué materiales generados por los usuarios deben eliminarse o conservarse cuando las empresas reciben quejas y avisos de clientes sobre algo que leen o ven en línea.

Se trate de los temas del momento en Facebook (los llamados trending topics), los pedidos de Amazon Prime por Alexa o las respuestas instantáneas de bots ante una queja, muchas de las tareas anunciadas como obra de la IA incluyen la participación de personas trabajando delante de una pantalla y a las que se les paga por responder a las consultas que les llegan a través de interfaces de programación de aplicaciones (API, por sus siglas en inglés) de sistemas de crowdwork o trabajo colaborativo en línea.

La verdad es que la IA está tan "totalmente automatizada" como el gran y poderoso Oz en esa famosa escena de El mago de Oz, la película de 1939, en la que Dorothy y sus amigos descubren que el gran mago es simplemente un hombre que acciona palancas de manera alocada desde el otro lado de una cortina.

La mezcla de IA y humanos que toma el relevo cuando la primera se queda corta no desaparecerá en un futuro próximo. La creación de tareas humanas detrás de los avances tecnológicos forma parte de la historia de la automatización desde la invención del torno mecanizado. Denominamos esta frontera en constante movimiento del desarrollo de la IA como la paradoja de la última milla de la automatización: a medida que avanza la IA, también se produce la rápida creación y destrucción de mercados de empleo temporal para nuevos tipos de tareas que requieren la participación humana. Para 2033, los economistas prevén que la innovación tecnológica podría convertir el 30 % de los trabajos a jornada completa actuales en servicios aumentados completados "bajo demanda" a partir de una mezcla de automatización y mano de obra humana. En resumidas cuentas, la IA eliminará parte del trabajo a la vez que abrirá oportunidades para redefinir el trabajo que mejor puede hacer un humano. Estos servicios aumentados asistidos por IA, proporcionados por personas que trabajan silenciosamente junto a bots, están llamados a mejorar nuestra productividad diaria, pero también implican nuevos desafíos para la sociedad.

Gran parte del crowdwork que se ofrece bajo contrato hoy sustituye a la IA cuando ésta no puede hacer algo por sí misma. El sucio secretito de muchos servicios tecnológicos –desde el asistente personal FacebookM hasta la eliminación "automática" de vídeos aberrantes de YouTube, entre muchos otros– es que humanos de carne y hueso limpian gran parte de la web desde las sombras. ¿Y esos bots mágicos que responden a nuestros tuits quejándonos sobre el retraso en la entrega de una pizza o el servicio durante un vuelo a Boston (EEUU)? Son el nuevo mundo del trabajo autónomo y temporal oculto debajo de una capa de IA. Un híbrido de humanos e inteligencia artificial está redefiniendo la venta al por menor, el marketing y la atención al cliente. Resulta que a la IA, al igual que a los humanos, le cuesta tomar decisiones difíciles sobre qué contenidos debería y no debería incluir nuestro menú diario de redes sociales en función de los criterios o valores que queramos imponer.

La historia real no es si Facebook sesga sus noticias más relevantes al contratar editores humanos; la noticia es que la IA de hoy no puede funcionar sin la participación humana, ya sea para seleccionar noticias como para pedir una pizza. La moderación y la selección de contenidos – desde canales de noticias, resultados de búsquedas hasta resolver la adecuación de un contenido– involucran a personas contratadas por empresas tecnológicas y medios de comunicación para juzgar qué bloquear y qué permitir.

¿Recuerda ese momento famoso de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2012 cuando Mitt Romney habló de "carpetas llenas de mujeres"? Twitter necesitó contratar trabajadores puntuales para averiguar, en tiempo real, por qué una frase así de obtusa se convirtió rápidamente en una etiqueta tan popular y si era apropiada incluirla como uno de sus trending topic o temas del momento.

¿Quiénes son entonces esos trabajadores entre las bambalinas de la IA? Muchos son como Kala: gente corriente, a la que normalmente se le paga una tarifa ridícula, que trabaja de forma autónoma o a través de empresas de trabajo temporal, muchas de las cuales operan fuera de Estados Unidos. Es un hecho poco conocido que gran parte de la moderación de contenidos se subcontrata a trabajadores autónomos de todo el mundo y sin apenas informar sobre su formación, entornos de trabajo o protocolos para tomar decisiones editoriales.  Resulta llamativo, sobre todo después del incidente del "equipo editorial" de Facebook, que más consumidores no hayan preguntado: ¿De qué manera funcionan las redes sociales? ¿Quién participa en la creación de contenidos que llegan a la puerta de nuestras casas virtuales? El incidente de verano en Facebook sólo dejó espacio para especular sobre las credenciales del equipo y el apoyo durante el trabajo editorial.

Tras dos años de investigación sobre el mundo del crowdwork remunerado y en el que la moderación y supervisión de contenido es uno de los flujos de trabajo más continuos de la economía gig o por encargo, nuestro equipo ha aprendido que el trabajo interno de las empresas tecnológicas, tanto grandes como pequeñas, implica literalmente miles de decisiones sobre qué contenidos mantener o eliminar. Se necesitan trabajadores por obra o servicio para entrenar algoritmos capaces de tomar algunas de las decisiones más importantes sobre el contenido. Y, en mayor medida de lo que pensamos, también son los responsables de decidir con rapidez qué sigue y qué desaparece de una página. Es una nueva forma de empleo que todos deberíamos valorar porque son las personas que impiden que internet se convierta en una ciénaga de spam. Las empresas dependen en buena medida de trabajadores temporales contratados a través de plataformas de subcontratación masiva como Crowdflower y Amazon Mechanical Turk, o sistemas para la contratación de tareas como Clickworker.

Tenemos que pensar seriamente en la mano de obra humana detrás de IA. Esta fuerza de trabajo merece formación, apoyo y compensación por estar dispuesta a ejecutar un importante trabajo que muchos encontrarían tedioso o demasiado exigente. Un aluvión de futuros empleos, que van más allá del tratamiento editorial de trending topics, requerirá los esfuerzos creativos de humanos para canalizar la velocidad, el alcance y la eficiencia de la IA. El primer paso consiste en exigir más transparencia a las empresas tecnológicas que venden la IA como algo que carece trabajo humano. Deberíamos exigir la veracidad de la publicidad en cuanto a dónde se han incorporado humanos para nuestro beneficio, tanto si es para moderar nuestras noticias como para tramitar nuestras quejas por las publicaciones trol. Deberíamos saber que existe participación humana porque queremos disponer tanto de la capacidad de reconocer el valor de su trabajo como de la oportunidad de entender la formación y los apoyos que configuran sus decisiones, sobre todo si su trabajo se solapa con el interés general.

Como consumidores, tenemos derecho a saber qué ingredientes y procesos forman la IA que compila nuestros contenidos, qué noticias y de qué medios, de la misma manera que deberíamos conocer los ingredientes de la comida con la que alimentamos a nuestras familias. Como seres humanos, deberíamos saber siempre cuándo se encuentran otros humanos trabajando, produciendo lo que consumamos, ya sea físico o digital. La labor de estas dedicadas personas de todo el mundo no debería ser invisible por el shibboleth  o consigna de la IA. Al igual que necesitamos que las empresas rindan cuentas sobre las prácticas laborales que producen nuestros alimentos, ropa y ordenadores, también necesitamos que lo hagan tanto con los consumidores como con los trabajadores que producen y distribuyen contenidos digitales.