Incluso años después de la expansión de internet, muchas personas todavía creían que se trataba de una moda pasajera. Sin embargo, internet se ha convertido desde entonces en una de las principales influencias sobre nuestra vida. Su nombre está presente en la forma en que adquirimos productos y servicios, la manera en que hacemos vida social con nuestras amistades, la Primavera Árabe e incluso las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016. Pero durante la década de 1990, la prensa mayoritaria se burlaba cuando Nicholas Negroponte predecía que pronto la mayoría de nosotros leeríamos las noticias en línea en lugar de en un periódico impreso.

Vayamos rápido a dos décadas después: ¿Asistiremos a un impacto similar sobre nuestra vida producido por las criptomonedas y la cadena de bloques? Desde luego existen muchos paralelismos. Al igual que internet, las criptomonedas como Bitcoin están impulsadas por avances en tecnologías claves junto con nuevas arquitecturas abiertas, como la cadena de bloques o blockchain, el sistema que sostiene Bitcoin. Al igual que internet, esta tecnología está diseñada para ser descentralizada; está formada por "capas", cada una de las cuales está definida por un protocolo interoperable y abierto sobre el que las empresas, y también los particulares, pueden desarrollar productos y servicios. Al igual que con internet, durante las primeras fases de su desarrollo existen muchas tecnologías rivales y es importante especificar de qué cadena de bloques se habla. Y, al igual que internet, las cadenas de bloques son más fuertes cuando todos los usuarios utilizan la misma red, así que en futuro podríamos llegar a hablar de "la" cadena de bloques.

Llevó décadas desarrollar Internet y sus capas, cada una de las cuales supuso una explosión de actividad creativa y emprendedora. Muy pronto, Ethernet estandarizó la manera en la que los ordenadores transmitían los bits mediante cables, y empresas como 3Com pudieron construir imperios basados en sus productos de conmutación. El protocolo TCP/IP fue empleado para abordar y controlar cómo se enrutaban los paquetes de datos entre ordenadores. Cisco desarrolló productos como los enrutadores de red, que le permitieron capitalizar el protocolo TCP/IP. Para marzo de 2000, Cisco era la empresa más valiosa del mundo. Antes, en 1989, Tim Berners-Lee había desarollado el HTTP, otro protocolo abierto y sin permisos que permitió a la web crear negocios como eBay, Google y Amazon.

La app rompedora para las cadenas de bloques

Pero existe una diferencia importante: el primer internet no era comercial. Se desarrolló a partir de fondos militares y se utilizó principalmente para conectar entre sí centros de investigación y universidades. No se diseñó para ganar dinero, sino para desarrollar la forma más robusta y eficaz de construir una red. La falta inicial de actores e intereses comerciales fue, a la postre, vital: permitió una arquitectura de red que compartía recursos de una manera que no se habría producido dentro de un sistema impulsado por el mercado.

La aplicación rompedora de internet fue el correo electrónico, lo que impulsó su adopción a gran escala y fortaleció su red. Bitcoin es la app rompedora de la cadena de bloques. La criptomoneda Bitcoin impulsa la adopción de la cadena de bloques que la sostiene; su fuerte comunidad técnica y riguroso proceso de revisión de código la convierten en la más segura y fiable de las diferentes cadenas de bloques disponibles.  Al igual que ocurrió con el correo electrónico, es probable que alguna forma de Bitcoin persista. Pero la cadena de bloques también será el sostén de una variedad de otras aplicaciones distintas, incluidos los contratos inteligentes, los registros de propiedad y muchos tipos nuevos de transacciones que irán más allá de su aplicación financiera y legal.

Quizá entendamos mejor Bitcoin como un microcosmos de cómo podría funcionar un nuevo sistema financiero descentralizado y automatizado. Aunque sus capacidades actuales aún son limitadas (por ejemplo, solo soporta un volumen de transacciones notablemente bajo frente a los sistemas de pagos tradicionales), su funcionamiento ofrece una sugerente visión de un posible futuro porque su código describe tanto un sistema regulatorio como económico. Por ejemplo, las transacciones deben cumplir determinadas reglas antes de poder aceptarse dentro de la cadena de bloques de Bitcoin. En lugar de definir unas reglas y nombrar un regulador que monitorice el código en busca de infracciones, el código de Bitcoin establece las reglas y es la propia red de usuarios la que vigila su cumplimiento. Si una transacción infringe las normas (por ejemplo, si las firmas digitales no cuadran), esta es rechazada por la red. Hasta la "política monetaria" de Bitcoin está definida dentro de su código: el dinero nuevo se emite cada 10 minutos y su circulación está limitada de forma que sólo pueda existir un máximo de 21 millones de bitcoins. Se trata de una regla similar al patrón oro, un sistema en el que la oferta monetaria se vincula a la existencia de una materia prima y no a la discreción del gobierno.

Todo lo anterior no significa en cambio que las opciones y posibilidades actuales de Bitcoin sean perfectas. Muchos economistas critican el patrón oro de Bitcoin y expertos de la abogacía argumentan que una regulación limitada al código es inflexible, que no deja espacio alguno para la interpretación. Lo que nadie puede negar, sin embargo, es que Bitcoin es real y funciona. Las personas atribuyen un valor económico a los bitcoines. Los "mineros", que mantienen la cadena de bloques, y los "proveedores de carteras", que desarrollan los programas de software para realizar transacciones bitcóin, siguen las reglas sin excepción. Su cadena de bloques ha demostrado resistir con éxito los ataques y ya apuntala un sistema de pagos sólido, aunque básico. Esta oportunidad para extender el uso de cadenas de bloques para rediseñar el sistema financiero inquieta y cautiva a partes iguales.

¿Demasiado pronto?

Desafortunadamente, la euforia de los inversores fintech o tecnofinancieros se ha adelantado mucho al desarrollo de la tecnología. A menudo observamos supuestas cadenas de bloques que ni son blockchain ni suponen una innovación real. Se trata en realidad de meras bases de datos que han existido desde hace décadas y ahora se autodenominan como cadenas de bloques para subirse al tren de moda.

Hubo muchos actores "preinternet" como operadoras de telecomunicaciones y cable que intentaron ofrecer múltiples servicios interactivos en sus redes, pero ninguno pudo generar suficiente impulso como para crear nombres que todo el mundo conociera. Puede que estemos observando una tendencia similar con las tecnologías de cadena de bloques. Actualmente, el paisaje de esta tecnología lo forman una combinación de instituciones financieras consolidadas que realizan mejoras incrementales y empresas de nueva creación que construyen sus proyectos sobre una infraestructura que no deja de cambiar con la esperanza de que las arenas movedizas sobre las que actúan se endurezcan antes de quedarse sin pista de aterrizaje.

En el caso de las criptomonedas, estamos observando inversiones mucho más agresivas de capital riesgo que las que experimentó internet durante las primeras fases de su desarrollo. Este interés excesivo por parte de los inversores y los negocios diferencia las criptomonedas de manera fundamental de internet. Tecnologías como el bitcóin no han disfrutado de décadas de un olvido relativo durante las cuales se pudiera investigar, experimentar, iterar y replantear su arquitectura sin interés comercial. Esta es una de las razones por las que el trabajo que estamos realizando en la Iniciativa de Monedas Digitales del MIT Media Lab es tan importante: es uno de los pocos sitios donde se está llevando a cabo un esfuerzo notable por trabajar en la tecnología sin intereses y motivaciones económicas. Hacerlo es fundamental.

El ecosistema existente es muy complejo de momento, y esa complejidad genera riesgos. Un nuevo sistema financiero descentralizado basado en criptomonedas podría ser mucho más sencillo si se eliminan las capas de intermediación. Un sistema de este tipo podría ayudar a asegurar los activos contra los riesgos; nuevas formas de circulación de capital podrían abrir la puerta a nuevos tipos de productos financieros. Las criptomonedas también podrían abrir el sistema financiero a las personas que ahora están excluidas, reducir sus barreras de entrada y permitir una mayor competencia. Los reguladores podrían rediseñar el sistema financiero al replantear la mejor manera de conseguir el objetivo de sus políticas sin diluir los estándares de la cadena de bloques. También podríamos tener una oportunidad de reducir el riesgo sistémico. Al igual que los particulares, los reguladores sufren como consecuencia de la opacidad. Las investigaciones al respecto demuestran que conseguir un sistema más transparente reduce las cadenas de intermediación y los costes para los usuarios del sistema financiero.

La conclusión

El uso principal y hasta los valores de las personas que utilizan nuevas tecnologías e infraestructuras tienden a cambiar drásticamente a medida que la tecnología madura. Algo que también será cierto, sin ninguna duda, en el caso de la cadena de bloques.

Bitcoin se creó en principio como una respuesta a la crisis financiera de 2008. La comunidad original tenía un enfoque claramente libertario y antiestablishment que, de muchas maneras, era similar a la cultura del software libre y sus marcados valores anticomerciales. Sin embargo, es probable que del mismo modo que Linux hoy forma parte de casi cada tipo de aplicación comercial, muchos de los casos de uso finales de la cadena de bloques se conviertan también en habituales para actores asentados como grandes empresas, gobiernos y bancos centrales.

De forma parecida, muchas personas ven la cadena de bloques y otras iniciativas tecnofinancieras como simplemente una nueva tecnología de entrega, algo parecido a los CD-ROM. De hecho, es muy probable que le haga al sistema financiero y la regulación económica lo que internet ha hecho a las empresas de medios de comunicación y publicidad. Una reestructuración de este calado de una parte central de la economía supone un gran reto para las empresas asentadas que se ganan la vida con ella. Prepararse para estos cambios significa invertir en investigación y experimentación. Aquellos que lo hagan estarán bien posicionados para triunfar en el nuevo sistema financiero emergente.