Los psicólogos han elaborado una amplia serie de trabajos de investigación sobre los muchos beneficios de la curiosidad. Incrementa la inteligencia: en un estudio, los niños muy curiosos de entre 3 y 11 años ganaron en la prueba de inteligencia por 12 puntos más que sus contrapartes menos curiosas. Aumenta la perseverancia, o agallas: se ha demostrado que simplemente describiendo un día en el que sentimos la curiosidad estimula la energía mental y física en un 20% más que contando un momento de felicidad profunda. Y la curiosidad nos empuja hacia un compromiso más profundo, un rendimiento superior y objetivos más significativos: los estudiantes de psicología que durante su primera clase se sintieron más curiosos que otros disfrutaron más las clases, obtuvieron notas finales más altas y posteriormente se inscribieron en más cursos de la misma disciplina.

No obstante, desde nuestro punto de vista, otra corriente de investigación sobre la curiosidad resulta igualmente importante. Desde la década de 1950, los psicólogos han ofrecido teorías que compiten sobre lo que influye en que una persona sea más curiosa que otra. En lugar de considerar la curiosidad como un rasgo único, podemos dividirla en cinco dimensiones distintas. En lugar de preguntar: "¿Siente curiosidad?", Podemos preguntar: "¿Cómo siente curiosidad?"

Breve historial

En la década de 1950, Daniel Berlyne fue uno de los primeros psicólogos en ofrecer un modelo integral de la curiosidad. Argumentó que todos buscamos el punto ideal entre dos estados profundamente incómodos: la falta de estímulo (hacer frente a tareas, personas o situaciones que carecen de la suficiente novedad, complejidad, incertidumbre o conflicto) y la estimulación excesiva. Para ese propósito usamos o bien lo que Berlyne llamó "curiosidad diversa" (cuando una persona aburrida busca algo -cualquier cosa- para provocar la excitación) o lo que él denomina como "curiosidad específica" (cuando una persona hiperestimulada intenta entender lo que ocurre para reducir la excitación a un nivel más manejable).

Basándose en las ideas de Berlyne, en 1994 George Loewenstein, de la Universidad de Carnegie Mellon, propuso la teoría de la "brecha de la información". Postuló que la gente se vuelve curiosa al darse cuenta de que carece del conocimiento deseado; esto crea una sensación desagradable de incertidumbre, que nos impulsa a descubrir la información que nos falta.

Pero estas teorías, centradas en nuestro deseo inherente de reducir la tensión, no explican otras expresiones de la curiosidad: los turistas paseando por un museo, los empresarios analizando los comentarios de las pruebas beta, las personas absortas en un libro. Edward Deci de la Universidad de Rochester las ha estudiado en la década de 1970, argumentando que la curiosidad también refleja nuestra motivación intrínseca "a buscar novedad y desafíos, a ampliar y ejercitar nuestras capacidades, a explorar y a aprender". Nos sirve no solo para evitar la incomodidad, sino para generar experiencias positivas.

En otro estudio, el psicólogo Marvin Zuckerman de la Universidad de Delaware pasó cinco décadas (desde la década de 1960 hasta la década de 2000) estudiando la búsqueda de las sensaciones o la disposición a asumir riesgos para adquirir experiencias variadas, novedosas e intensas. En 2006, la psicóloga Britta Renner, de la Universidad de Konstanz, inició el estudio de la curiosidad social, o el interés de las personas en cómo piensan, sienten y se comportan otros individuos.

El modelo de las cinco dimensiones

Al sintetizar esta y otras investigaciones importantes, y conjuntamente con nuestro colega de la Universidad de George Mason, Patrick McKnight, creamos un modelo de la curiosidad en cinco dimensiones. La primera dimensión, derivada del trabajo de Berlyne y Loewenstein, es la sensibilidad a la carencia, que reconoce un vacío en el conocimiento y al rellenarlo se recibe el alivio. Este tipo de curiosidad no siempre trae una buena sensación, pero las personas que la experimentan trabajan sin descanso para resolver problemas.

La segunda dimensión, influenciada por la investigación de Deci, se denomina la exploración feliz, que supone continuas preguntas sobre las fascinantes características del mundo. Se trata de un estado placentero; la gente parece tener una alegría de vivir.

La tercera dimensión, surge de la investigación de Renner, como la curiosidad social: hablar, escuchar y observar a otros para aprender de lo que piensan y hacen. Los seres humanos son animales sociales en esencia, y la manera más real y eficaz de determinar si alguien es amigo o no es informarse. Algunos incluso pueden curiosear, espiar o cotillear para conseguirlo.

La cuarta dimensión, basada en el trabajo reciente de Paul Silvia, un psicólogo de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, sería la tolerancia al estrés: la voluntad de aceptar e incluso aprovechar la ansiedad asociada a la novedad. Las personas que carecen de esta capacidad experimentan una falta de información, se asombran y se interesan por los demás, pero no son propensos a dar un paso adelante y a explorar.

La quinta dimensión, inspirada en Zuckerman, presenta una búsqueda de excitación: estar dispuesto a asumir riesgos físicos, sociales y financieros para adquirir experiencias variadas, complejas e intensas. Las personas que sienten esta curiosidad quieren intensificar las ansias de afrontar la novedad, no reducirlas.

Hemos comprobado este modelo desde varias perspectivas. Con Time Inc. realizamos encuestas en todo el territorio de EE. UU. para descubrir cuál de estas dimensiones conduce a los mejores resultados y genera beneficios especiales. Por ejemplo, la exploración feliz tiene el nexo más fuerte con la experiencia de intensas emociones positivas. La tolerancia al estrés presenta la mayor vinculación con la satisfacción de la necesidad de sentirse competente, autónomo y de pertenencia. La curiosidad social se asocia más con el hecho de ser una persona amable, generosa y modesta.

Con Merck KGaA, hemos explorado las actitudes y las expresiones de la curiosidad relacionada con el trabajo. En una encuesta de 3.000 trabajadores en China, Alemania y los Estados Unidos, encontramos que el 84% creen que la curiosidad abre paso a nuevas ideas, el 74% opinan que alienta las aptitudes únicas y valiosas, y el 63% consideran que ayuda a obtener un ascenso laboral. En otros estudios en diversas ubicaciones, hemos localizado pruebas de que cuatro de las dimensiones -exploración feliz, sensibilidad a la carencia, tolerancia al estrés y curiosidad social- mejoran los resultados en el trabajo. Las dos últimas parecen particularmente importantes: sin la capacidad de tolerar el estrés es menos probable que los empleados busquen desafíos y recursos y que expresen su desacuerdo, y son más propensos a sentirse irritados y a retirarse. Mientras que los trabajadores socialmente curiosos resultan mejores para resolver conflictos con sus colegas, suelen recibir más apoyo social y son más efectivos para establecer conexiones, confianza y compromiso en sus equipos. Las personas o grupos que experimentan altos niveles de ambas dimensiones parecen más innovadores y creativos.

Una visión monolítica de la curiosidad no es suficiente para comprender el modo en el que esa calidad conduce al éxito y a la satisfacción en el trabajo y en la vida personal. Para descubrir y aprovechar el talento y para formar grupos que son mayores que la suma de sus partes, se necesita un enfoque más matizado.