Además de la idea errónea de que las personas sanas no necesitan la vacuna contra la gripe y de los mitos sobre los efectos secundarios de la vacuna, numerosos estudios han demostrado que una de las principales razones por las que las personas no se vacunan es porque el médico nunca se las recomienda. El 80% de los pacientes argumenta que es más probable que se vacunen si un profesional sanitario se lo recomienda.

Entonces, ¿cómo podemos lograr que más profesionales sanitarios recomienden las vacunas? Afortunadamente existe una forma barata y efectiva para conseguirlo: "empujarles" a hacerlo mediante ligeros cambios en el contexto en el que toman decisiones. Las vacunas contra la gripe son un buen ejemplo.

La gripe podría infectar a más de 30 millones de estadounidenses esta temporada (de octubre de 2017 hasta abril de 2018). Las devastadoras consecuencias que dejaría serían más de 50.000 muertes en todos los grupos de edad, 11.600 millones de dólares (unos 9.504 millones de euros) en gastos de atención médica y 111 millones de días perdidos.

Aunque la efectividad de la vacuna parece haber sido más baja de lo normal esta temporada, todavía es la mejor opción para salvar vidas. Lamentablemente, no importa que la vacuna sea buena si la mayoría de las personas no se vacunan. En la última década, las tasas de vacunación de la población de EE. UU. han disminuido constantemente por debajo del 50%. Esta temporada parece que no es diferente. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CCPEUU), menos del 40% de los niños y adultos fueron vacunados al comienzo de esta temporada de gripe. Trágicamente, de los más de 150 niños que murieron, se cree que alrededor de un 20% fueron vacunados.

Incitar una conducta a favor de las vacunas podría jugar un papel importante al abordar este problema. Uno de los mejores ejemplos de introducir este pensamiento con éxito fue reportado el año pasado por investigadores de la Universidad de Pensilvania (EE. UU.) que, con un simple ajuste en el registro médico electrónico, aumentaron las tasas de vacunación en casi un 40% en comparación con las clínicas que no recibieron el cambio tecnológico. La intervención fue muy simple: cuando los médicos ingresaron por primera vez al registro digital de los pacientes, se les solicitó que "aceptaran" o "cancelaran" un pedido de vacuna contra la gripe.

Una propuesta complementaria para incentivar a los doctores a vacunar a sus pacientes es involucrar sus instintos competitivos. Por ejemplo, en un estudio reciente coescrito por uno de nosotros (por Fox) se redujo de forma radical la velocidad a la que los médicos prescriben antibióticos que son innecesarios enviando un simple correo electrónico cada mes. Estos correos electrónicos informaban a los médicos con qué frecuencia prescribían antibióticos innecesarios, comparándolos con los "mejores resultados" de su región.

Esta simple intervención dio como resultado una disminución impresionante del 71% en las prescripciones de antibióticos que no eran necesarias. Mucho mayor que la disminución observada en las clínicas que no utilizaron esta intervención, y este efecto continuo un año después de que los correos electrónicos dejaron de llegar. Ahora, ¿qué pasaría si mostramos a los médicos la comparación de sus tasas de vacuna contra la gripe con las de sus compañeros? Quizás podríamos observar una mejora similar en las tasas de vacunación.

Está claro que hacer que los médicos recomienden la vacuna contra la gripe solo funciona si los pacientes acuden a la clínica. Por suerte, tenemos incentivos que pueden ayudarlos a lograrlo. En un estudio reciente, los profesores y el personal de la Universidad de Rutgers (EE. UU.) recibieron un correo electrónico que automáticamente les daba la opción de ir a una cita para su vacuna contra la gripe en un día, hora y lugar específicos, junto con la opción de optar por no participar. Este procedimiento de inscripción automático aumentó las tasas de vacunación en un 36%, en comparación con la facultad y el personal a quienes se les envió un correo electrónico dándoles la oportunidad de participar eligiendo sus propias citas online.

Otro estudio se centró en un enfoque más suave al ayudar a las personas a recordar sus intenciones de vacunarse contra la gripe. Los empleados de una gran empresa de servicios públicos en el medio oeste de los Estados Unidos recibieron un correo informativo con las fechas y horarios disponibles en las clínicas de vacunación en el lugar de trabajo. Sin embargo, un grupo recibió un correo diferente en el que tenían que tenían que proponer una fecha y hora para vacunarse. Es extraordinario ver cómo este sutil paso extra resultó en un aumento relativo del 12% en las vacunas contra la gripe, en comparación con el correo en el que solo se envió la información.

Los incentivos como la opción activa, la comparación entre compañeros, las solicitudes de planificación y la inscripción automática se aprovechan de la percepción conductual de que nuestros recursos cognitivos están restringidos. Por lo tanto, hacer que las vacunas contra la gripe sean más importantes, socialmente deseadas, automáticas y planificadas de manera concreta puede aumentar de manera sustancial el número de personas a las que se les aplica. Estos estímulos ya han demostrado su eficacia en ensayos clínicos, entonces ¿por qué no evaluarlos e implementarlos en una gama más amplia de entornos de asistencia sanitaria dentro de la salud pública?

De hecho, los CCPEUU estiman que si las tasas de vacunación mejoraran solo un 5% en los Estados Unidos, evitaríamos 483.000 enfermedades por gripe, 232.000 visitas médicas y 6.950 hospitalizaciones; una asombrosa ganancia potencial de un conjunto de inversiones en incentivos de bajo coste.  

Es hora de que apliquemos de forma más amplia los incentivos que llevan a cambiar la conducta de los profesionales sanitarios. En última instancia, puede ser uno de nuestros mejores métodos para evitar que la próxima temporada de gripe sea tan mortal lo será esta.