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En una época en la que los casos de acoso sexual en el lugar de trabajo por parte figuras públicas han recibido una atención mediática enorme y justificada, hay otra historia importante sobre el acoso sexual en el ámbito laboral en Estados Unidos que también necesita salir a la luz: cuánto ha disminuido el acoso sexual y para quién lo ha hecho. En 1997, la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC por sus siglas en inglés), la agencia americana encargada de hacer cumplir las leyes federales de discriminación laboral, recibió 16.000 quejas de acoso sexual por parte de los estadounidenses; en 2017 esa cifra había disminuido a 9.600, una reducción de más del 40 % en los últimos 20 años.

Existe una variedad de escenarios posibles que explican en términos generales por qué ha ocurrido esta disminución. En la actualidad la educación sobre el acoso sexual es más común de lo que era hace 20 años; la generación de directores que crecieron en una sociedad que permitía pensar que el acoso era algo aceptable ha envejecido y, cada vez más, se encuentran fuera del ámbito laboral; hay más mujeres ocupando altos puestos y, por lo general, ellas son menos propensas a cometer acoso sexual.

No obstante, esta disminución, que se ha dado de manera estable, en las quejas por acoso sexual esconde grandes diferencias en cuanto a quién sufre el acoso y dónde lo sufre a día de hoy. Por ejemplo, las empresas más pequeñas han visto una reducción precipitada en comparación con las empresas más grandes. En el acoso sexual, al igual que en muchas otras áreas, las mujeres de color y las mujeres mayores no se benefician de los avances que se han ido dando.

A pesar de que la EEOC no hace públicos los datos sobre las acusaciones de acoso sexual que recibe, el año pasado BuzzFeed News hizo pública la información de más de 60.000 casos presentados ante la EEOC entre 1995 y el otoño de 2016, gracias a la de EE. UU. Ley por la Libertad de la Información. Aunque la información publicada no incluía el nombre del estado o del empleador involucrado, la riqueza en los detalles permitió hacer un análisis mucho más profundo que los que se derivan de los informes anuales de la EEOC. Estos detalles incluyen, entre otras cosas, la edad y la raza de la persona que hace la acusación y la fecha exacta de la tramitación de la denuncia.  

Desde 1995 las empresas que emplean entre 15 y 100 trabajadores han experimentado una disminución significativa en las denuncias de acoso sexual; las solicitudes mensuales se redujeron en casi un 70%. A mediados de 1996 las empresas de este tamaño tramitaban alrededor de 200 acusaciones de mujeres por acoso sexual cada mes. El año pasado, la cifra fue de unas 60 denuncias mensuales. Sin embargo, en las empresas más grandes la reducción de estas denuncias ha sido relativamente pequeña, de apenas un 30 % desde 1995.

Hoy en día las mujeres más jóvenes son menos propensas a denunciar el acoso. En el pasado, las mujeres entre 20 y 30 años reportaron muchos más casos de acoso sexual en el trabajo que sus mayores. Actualmente las mujeres de 20, 30 y 40 años tienen las mismas tasas de número de denuncias. Proporcionalmente, la mayor disminución se ha dado entre las adolescentes, un grupo que ha visto una reducción de casi el 75% en acusaciones por acoso sexual a lo largo del análisis. El punto positivo de esto es la evidente disminución en los informes de acoso sexual de las trabajadoras jóvenes. Estas cifas también se podrían leer con un aspecto negativo: la falta de una disminución sustancial de las denuncias realizadas por mujeres de 40 años. Puede que, gracias al aumento de la presencia de mujeres de más de 50 años en el ámbito laboral, el acoso sexual hacia este grupo haya aumentado desde mediados de 1990.

La mayor diferencia en la reducción de las denuncias por acoso sexual está en la raza de la mujer que presenta la queja. A pesar de que a veces la mujer que llevo a cabo la denuncia no siempre dio su raza (se desconoce en alrededor del 13% de los casos), los resultados de las mujeres que comunicaron su raza otorgaron otros datos para oservar cuánta desigualdad racial permanece en el entorno laboral

A mediados de 1996, en el punto álgido de las denuncias por acoso sexual, la EEOC recibió más de 200 quejas mensuales de mujeres blancas y alrededor de 50 al mes de mujeres afroamericanas. En 2016 recibió alrededor de 60 quejas mensuales de mujeres blancas y alrededor de 50 de mujeres afroamericanas. Estos datos sugieren que la fuerte reducción de las acusaciones de acoso sexual realizadas ante la EEOC no se produjo en las mujeres afroamericanas. Hasta 2008, la EEOC no recopiló datos confiables sobre los trabajadores hispanos, pero parece que las tasas de informes de acoso sexual entre las mujeres hispanas tampoco se han beneficiado de la gran reducción de la que disfrutan las mujeres blancas.

Está claro que hay una realidad escondida en el acoso sexual más allá de la que está en el análisis. Aproximadamente, una de cada siete denuncias por acoso sexual hechas ante la EEOC son presentadas por hombres, un grupo que ha visto un aumento en los informes de acoso sexual, en su mayoría provocados por otros hombres. También hay que tener en cuenta que una proporción desconocida de denuncias por acoso sexual se gestiona dentro de las mismas compañías y nunca se informa a la EEOC, además de una proporción de incidentes que nunca salen a la luz. Es por esto que no tenemos forma de saber si estos informes realmente representan por completo el acoso sexual que está sucediendo.

Lamentablemente, los resultados muestran que el problema está lejos de resolverse. A pesar de que las denuncias por acoso se han reducido de manera drástica, solo las mujeres más privilegiadas de nuestra sociedad, las mujeres jóvenes blancas, se han visto beneficiadas. Las mujeres de color y las mayores siguen realizando las mismas denuncias que hace 20 años. Sin duda, esto se ve como un problema cultural dentro de las empresas, como demuestra el hecho de que los empleadores mayores casi no hicieron progreso alguno en la reducción de las quejas por acoso sexual. En compañías más pequeñas la capacitación o el reemplazo de uno o dos directores podría ser suficiente para hacer reducir el problema. En las empresas más grandes, una cultura extendida que permite el acoso sexual es más difícil de eliminar.

Los gerentes y los departamentos de recursos humanos deben entender que, si bien las técnicas existentes pueden reducir el acoso sexual entre algunos grupos, no funcionan para todos. Es necesario contar con nuevos mecanismos de capacitación e información que reconozcan la aparente disparidad en el progreso que hemos logrado.