Días después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos el pasado 8 de noviembre, participé en una conferencia sobre tecnologías cognitivas. Allí, una buena parte de las conversaciones durante los descansos, e incluso sobre el escenario, giraban en torno a los resultados de las elecciones y las razones que podrían explicarlo. Existía un sentimiento generalizado de que el "cinturón de óxido" había sido uno de los principales responsables de la victoria de Donald Trump. También se percibía una comprensión cada vez mayor, aunque tarde, de las dificultades económicas de los habitantes en esa zona del medio oeste de Estados Unidos.

Algunos de los participantes en el encuentro estaban preocupados porque los temores de esta región pudieran crecer y expandirse.  De hecho, uno de los asistentes –un viejo amigo mío que desarrolla estrategias tecnológicas para un importante banco de Nueva York (EE.UU.)-, comentó que tal vez Wall Street se convierta en el nuevo "cinturón de óxido". Su preocupación era que la automatización de la industria financiera elimine empleos en ese campo de la misma manera que la robótica y otras tecnologías han reducido el trabajo manufacturero.

Es una perspectiva que da que pensar, pero existen bastantes pruebas de que se trata de una posibilidad real. Aspectos claves de la industria financiera ya se han automatizado hasta un grado importante. El empleo en el sector financiero de Nueva York lleva en declive varios años. Según los datos de la empresa de investigación y análisis Coalition Ltd., más de 10.000 empleos de atención al cliente se han eliminado entre los 10 bancos más importantes de Estados Unidos desde 2011. Coalition Ltd. también estima que el número de empleados con sueldo fijo se ha reducido un 31 % desde 2011.

El corredor de bolsa, por supuesto, hace mucho que representa el empleo arquetípico en el mercado de valores. Pero quedan muy pocos de ellos. Como señala el Financial Times, en 2000 había más de 5.500 corredores en la Bolsa de Nueva York; hoy hay menos de 400, de los cuales muchos trabajan a tiempo parcial. La mayor parte del trabajo de un corredor ha sido absorbido por servidores informáticos con algoritmos capaces de comprar y vender acciones.

La desaparición de puestos de trabajo en Wall Street se debe hasta ahora en gran parte a tecnologías de automatización tradicionales. Sin embargo, las nuevas tecnologías cognitivas tienen muchas probabilidades de acelerar la destrucción. Gran parte de las operaciones de back office de Wall Street incluyen la ejecución de tareas relativamente estructuradas. Lo más probable es que muchas de estas sean asumidas por herramientas como la automatización robótica de procesos, que puede acceder a múltiples sistemas, obtener los datos requeridos y aplicar una lógica de toma de decisiones a partir de reglas predeterminadas.

El cumplimiento y la supervisión de la normativa ha sido una de las pocas áreas que ha crecido durante los últimos años en Wall Street, pero un abanico cada vez mayor de herramientas cognitivas también están haciéndose notar. Los sistemas de Digital Reasoning están automatizando la investigación interna de fraudes. Amelia, de IpSoft, facilita el cumplimiento legal dentro de las conversaciones con clientes. Narrative Science automatiza la generación de informes antiblanqueo. RAGE Frameworks automatiza la extracción de datos para el crédito y la gestión del patrimonio, y puede generar informes de cumplimiento automatizados sobre el proceso. En mi opinión, el número de trabajadores en esta área ha alcanzado su nivel máximo y ahora empezará a disminuir.

Los trabajos más básicos de Wall Street, los mismos que realizan los empleados más jóvenes, muchas veces incluyen rastrear entre datos para elaborar un buen argumentario a favor de una transacción financiera determinada.  Pero este tipo de tareas también están automatizándose. Kensho, por ejemplo, es una start-up que analiza datos de mercado y genera informes sobre sus posibles implicaciones. Un artículo de Fortune señaló que "Kensho tiene el potencial de reemplazar la gran cantidad de estrategas de mercado, y su capacidad de analizar datos y aconsejar también debería poner nerviosos a los banqueros de inversión". Otro trabajo común tanto de analistas como abogados es preparar para su publicación los datos del historial financiero de una compañía frente a inversores potenciales. Pero otra start-up, iDisclose, lo hace de manera automática.

Otro rol habitual dentro de la industria financiera consiste en asesorar sobre posibles inversiones. A pesar de que las empresas tradicionales de Wall Street, las que aún existen, no han adoptado el concepto de "roboconsejero" para sus clientes de alto nivel, los consejos automatizados son cada vez más comunes entre el gran público. Vanguard, Charles Schwab y Fidelity han dado pasos en esa dirección, y start-ups como Betterment, Wealthfront y Personal Capital persiguen a los clientes millennials con dinero para invertir. Este tipo de funciones también existen para versiones de gama alta de roboasesores, y unos pocos bancos, como UBS, ya han empezado a probarlas. El asesoramiento financiero es complejo, requiere un gran volumen de datos y cambia constantemente; todo apunta a que habrá muchos menos asesores humanos en el futuro.

Asimismo, existen más tareas o funciones relacionadas con las finanzas que también serán llevadas a cabo de manera automática, incluidas las nuevas oportunidades surgidas de la gestión financiera continua para consumidores, algo de lo que deberían haberse ocupado los bancos hace mucho tiempo. La cuestión clave, sin embargo, es que estas son tareas o funciones, no empleos al completo. No existirá la sensación de un éxodo masivo de trabajadores de Wall Street en un futuro próximo, pero, puesto tras puesto, el trabajo se irá reduciendo a medida que pase el tiempo. Los empleos para recién llegados y nuevos trabajadores serán probablemente los más golpeados: si se puede enseñar a un recién graduado a realizar una tarea, probablemente también se pueda enseñar a una máquina.  

Si existe alguna buena noticia es que habrá un buen número de trabajos que supondrán trabajar mano a mano con máquinas. Si una persona ya está familiarizada con los procesos financieros claves, tendrá muchas más posibilidades de conservar su empleo si aprende a trabajar con las máquinas inteligentes que protagonicen esos procesos –podrá monitorizar su funcionamiento, repararlas y tomar el relevo en caso de que fallen-. O también puede convertirse en un experto en ellas, supervisarlas y desarrollarlas para comprender cuándo el mundo financiero vuelva a cambiar y los algoritmos ya no sean capaces de enfrentarse a él. Por último, por supuesto, habrá muchos empleos relacionados con el desarrollo de sistemas financieros inteligentes. La industria fintech representa una de las áreas tecnológicas de mayor crecimiento, y un buen número de sus enfoques y propuestas incluye la toma de decisiones automatizada.

Nadie sabe qué perturbaciones políticas y económicas causarán el declive continuo de Wall Street y otros empleos del sector financiero. Sin embargo, las pasadas elecciones de Estados Unidos pueden ofrecer algunas pistas. La gente que ya no vislumbra una oportunidad económica o laboral no siempre reacciona enseguida, pero lo hace. Los trabajadores y trabajadoras de Wall Street podrían expresar su insatisfacción de manera distinta al trabajador fabril habitual del cinturón de óxido, pero seguro que no permiten que desaparezca su forma de vida sin protestar.