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"A Wall Street le da igual".

He asistido a conferencias sobre empresas verdes o sostenibles durante más de 15 años, y he trabajado sobre estrategias de sostenibilidad colaborando estrechamente con altos ejecutivos de distintas multinacionales. Y casi siempre escucho un pensamiento común: a pesar de que el cambio climático ya está creando riesgos materiales y oportunidades para las compañías, y que están aumentando las expectativas de las partes interesadas sobre la responsabilidad social, los inversores no preguntan a los CEO sobre su desempeño en materia de sostenibilidad.

Pero, ¿es posible que eso esté cambiando por fin?

El año pasado hubo un movimiento significativo por parte de la comunidad financiera para presionar a las compañías a que se fijen más en el cambio climático en particular, pero también en otros factores que son importantes para el rendimiento a largo plazo, como los derechos LGBT, la desigualdad económica y la diversidad en las juntas directivas. Luego, el año 2018 comenzó con una especie de explosión que podría indicar un nuevo cambio en las prioridades de los inversores.

La carta anual a los CEO de S&P 500 del CEO de BlackRock, Larry Fink, expresó una defensa total tanto de la creación de valor a largo plazo como del propósito corporativo. Y es algo importantísimo, especialmente porque viene del mayor propietario de activos del mundo. Fink señala que parece que los gobiernos no se están preparando para los problemas a largo plazo y que "la sociedad recurre cada vez más al sector privado" para abordar los retos sociales. (Curiosamente, el verano pasado el CEO de Apple, Tim Cook, utilizó un lenguaje bastante similar sobre el papel de los negocios en la sociedad).

Sin embargo, la cita de Fink sobre el dinero fue esta:

La sociedad exige que las empresas, tanto públicas como privadas, tengan un propósito social. Cada compañía, para prosperar con el tiempo, no solo debe ofrecer un rendimiento financiero, sino también mostrar cómo contribuye a la sociedad de manera positiva.

El periodista financiero de The New York Times, Andrew Ross Sorkin, escribió un informe brillante y resumió el mensaje de Fink como "contribuir a la sociedad o arriesgarse a perder nuestro apoyo".

Son buenas noticias. Pero antes de ilusionarme demasiado, me paro para recordar que ya hemos estado aquí antes. Este es el cuarto año consecutivo en el que la carta de Fink ha lanzado la idea del pensamiento a largo plazo y de la sostenibilidad. El lenguaje de este año es aún más amplio, pero él lleva ya tiempo tocando estos temas:

  • La carta de 2017: "[Está] en sintonía con los factores básicos que contribuyen al crecimiento a largo plazo... atención a factores externos y ambientales... y el reconocimiento del papel de la compañía como miembro de la comunidad en la que opera".
  • La carta de 2016: "La cultura actual de la histeria de ganancias trimestrales es totalmente contraria al enfoque a largo plazo que necesitamos ... Los problemas de los factores medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG), desde el cambio climático hasta la diversidad, tienen impactos financieros reales y cuantificables".
  • La carta de 2015 : Vemos "una gran presión ... para que las empresas alcancen los objetivos financieros a corto plazo a costa de generar valor a largo plazo".

Fink ha usado la frase "a largo plazo" 20 o más veces en cada carta de estos años. A través de estas cartas y otras declaraciones, BlackRock ha dejado claro que la gestión de problemas como el cambio climático y la diversidad crea valor comercial. Pero, ¿han provocado estas cartas muchas diferencias? No está claro.

No estoy poniendo en cuestión la seriedad de Fink para nada. Pero hay un problema crítico estructural aquí. La mayoría de los trillones de BlackRock son inversiones “pasivas”, ubicadas pacíficamente en los fondos índice (y BlackRock señala incluso que los fondos pasivos tienen un impacto limitado en los precios de las acciones). Por lo tanto, BlackRock no puede mover el capital en función de su evaluación de lo bien que las empresas gestionan el valor a largo plazo, a pesar de que posee una gran parte de todas las principales empresas y mantiene los activos "a la par con el PIB de Japón". La compañía es una mezcla extraña y oximorónica de potencia y de la falta de poder sin precedentes.

Tampoco está claro cuánta atención prestan los CEO a estas cartas. El día que salió la carta de este año, hablé con un cliente mío, un CEO de S&P 500. Se encogió de hombros. Él consideraba que los líderes que obtenían el valor de la sostenibilidad para su negocio principal ya estaban haciendo lo que BlackRock quería, por lo que era irrelevante. Y aquellos a quien no les convenza esto pueden no apresurarse a cambiar, ya que el capital no abandonará sus acciones.

Entonces, ¿qué puede hacer BlackRock para aumentar la presión? Le pregunté esto a Ross Sorkin en Twitter. Después de señalar que los fondos índice no pueden mover el capital, afirmó: "Pueden crear votos para echar a los directores fuera de las juntas directivas".

Y quizás es donde todo se vuelve más interesante. La idea de cambiar la composición de una junta directiva solía ser una amenaza bastante débil, pero el aumento de los inversores activistas ha puesto a las empresas mucho más nerviosas. Dicho esto, ¿acaso podría BlackRock, el inversor de índices de bajo riesgo, realmente volverse más agresivo? Fink expresó lo siguiente en la carta de este año: "Debemos ser representantes activos y comprometidos en nombre de los clientes que invirtieron junto con BlackRock, ya que ellos son los verdaderos dueños de la compañía". Eso parece que podría interpretarse como una amenaza encubierta. Al fin y al cabo, "activo" está bastante parecido a "activista".

Y es que el año pasado, BlackRock votó en contra de dos directores de ExxonMobil mientras apoyaba una resolución de los accionistas para obligar al gigante petrolero a “informar sobre el impacto de las medidas globales diseñadas para mantener el cambio climático a 2℃”. BlackRock, Vanguard y State Street Global Advisors ayudaron a impulsar la resolución con el 18% de las acciones de la compañía. Estas voces que alguna vez fueron "pasivas" se volvieron mucho más activas.

Vale la pena hacer una pausa para observar la lógica financiera de apoyar una resolución como esta. Estados Unidos se ha retirado del acuerdo de París sobre el clima, pero todos los demás países del mundo todavía están dentro. Y las probabilidades del petróleo están disminuyendo. Los grandes países están prohibiendo los vehículos de gas y diesel, y Ford acaba de anunciar una inversión de 11 mil millones de dólares (casi 10 mil millones de euros) en vehículos eléctricos. Entonces, sí, las medidas globales para reducir las emisiones de carbono tendrán un impacto directo en el valor de ExxonMobil. Los activos bloqueados no valen mucho.

BlackRock y otros inversores están en esto por el dinero, como siempre. Están cumpliendo bien su responsabilidad fiduciaria. Y, por lo tanto, soy optimista de que la acción continuará, ya que el argumento de la responsabilidad social se encuentra cada vez más en línea con la responsabilidad financiera.

Las intenciones de Fink y sus cartas importan. Pero los votos importan más.