En el transcurso de un par de semanas, tuve el placer único de volar a cuatro de las ciudades más pobladas del mundo*: Tokio (Japón), São Paulo (Brasil), Ciudad de México (México) y Nueva York (EE. UU.). El área metropolitana de cada una de estas megaciudades es el hogar de más de 20 millones de personas.

Además de darme cuenta de que mi huella de carbono este año sería espantosa, se me ocurrieron dos cosas desde mi posición en el cielo: uno, hay mucha gente, y dos, se puede tener una idea de qué regiones han sido más efectivas a la hora de abrazar energía limpia simplemente mirando sus tejados.

Es obvio que la gente está en todas partes, pero merece la pena recordarlo periódicamente. Ahora hay mucha gente en el planeta. Mucha. La mayoría de nosotros lo sabemos, pero rara vez lo sentimos en nuestros huesos o contemplamos sus consecuencias. Algunos creen que los humanos somos muy pequeños en relación con un planeta tan grande y se preguntan cómo podríamos cambiar el clima o pescar en tanto exceso en los vastos océanos. Lo que no entienden es que ya no somos pequeños, en absoluto.

Sea consciente que 2.000 millones de personas más se mudarán a las ciudades en la próxima generación. Al mismo tiempo, la clase media global se incrementará aproximadamente en el mismo número. Estos dos mil millones más de personas acomodadas exigirán más energía, alimentos, agua, un televisor, un aire acondicionado, mucha ropa, tal vez un automóvil y querrán viajar por negocios y vacaciones. El reparto de nuestros recursos es increíblemente difícil de imaginar, pero debemos intentarlo.

Es en este punto cuando nos encontramos con un problema. Los humanos no somos buenos entendiendo los números grandes: es una "brecha cognitiva" identificable. Empezar con un número de 7.500 millones de personas (el número de personas que habitamos el planeta en este momento) es muy, muy difícil.                                             

Así que, aparte de volar literalmente sobre las ciudades, he creado un ejercicio mental para ayudarnos a visualizar a tantas personas. Imagine un gran estadio de fútbol de 87.000 personas. Eso es más de dos Fenway Parks. Es un Yankee Stadium y medio. Es más grande que MetLife Stadium, donde juegan los New York Giants, y es un poco más pequeño que el Wembley Stadium de Londres. Es algo mayor que el Santiago Bernabéu, y bastante más que el estadio de Maracaná. Vale, ahora piense en esas 87.000 personas saliendo del estadio y extendiéndose sobre un estacionamiento inimaginablemente grande, uno con espacio suficiente para que cada persona pueda ingresar a un nuevo estadio con 87.000 personas más. Estos 87.000 estadios, cada uno con 87.000 personas, albergarían a los 7.500 millones de personas.

ESTADIO WEMBLEY, LONDRES, 1985. FOTO DE DAVE HOGAN/HULTON ARCHIVE/GETTY IMAGES

Si puede imaginarse esto remotamente, ¿le es más fácil entender cómo podemos exceder los límites de lo que incluso un planeta tan abundante como la Tierra puede ofrecer? Posiblemente.

Toda esta gente es, por supuesto, una bendición para los negocios: muchos nuevos clientes y empleados. Pero el negocio no escapa a las consecuencias de la escala de la empresa humana, lo que conlleva un estrés increíble en los sistemas naturales que alimentan (figurativa y literalmente) nuestra economía humana. De hecho, las empresas serán fundamentales para encontrar las soluciones que permitan dar una calidad de vida a 9 o 10 mil millones de personas, y al mismo tiempo permitir que el planeta funcione.

Necesitaremos un nuevo tipo de economía, una economía circular que reduzca radicalmente nuestro consumo de recursos naturales y, en particular, que funcione con energía limpia. Volando sobre muchas de estas ciudades gigantes, pude ver cómo emergía esa nueva economía.

La economía limpia sobre tejado. Una de las soluciones centrales para nuestro problema climático pasa por la energía renovable. Mirar hacia abajo a las ciudades desde el cielo te da una perspectiva interesante de cómo estamos. Pude ver grandes parques eólicos a lo largo de las colinas, por supuesto, pero utilizo una métrica más reducida para cuantificar el progreso: ¿cuántos tejados están cubiertos y en cuánta extensión? Esta medida de la economía limpia es, obviamente, superficial, pero sigue la línea de indicadores como la denominada métrica "Waffle House" que la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos utiliza tras un desastre natural para medir cómo se está recuperando el área.

Gigantes almacenes y centros de distribución se congregan alrededor de la mayoría de los aeropuertos del mundo. Tienen techos grandes, planos y feos que miran al sol todo el día. Muchas ciudades han sido testigos en los últimos cinco años de un cambio rápido en el aspecto de los techos. Algunos ahora están cubiertos de tierra (techos verdes que pueden controlar las temperaturas en el interior de manera muy efectiva) y un número cada vez mayor están cubiertos de tierra procesada, es decir, silicio en forma de energía solar fotovoltaica.

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28 de septiembre de 2017, desde el Aeropuerto Internacional de Newark. Foto de Andrew Winston. 

Siguiendo mi pequeña regla, diría que las áreas de Nueva York y Tokio están haciendo un gran progreso, mientras que São Paulo y Ciudad de México están rezagados. Tomé algunas fotos de mi aterrizaje en Newark, Nueva Jersey (EE. UU.), y fue impresionante (aunque es interesante observar la dicotomía de los enormes paneles solares en los edificios de la derecha con los tanques de refinería al lado).

Sería fácil describir esto como una situación del mundo en desarrollo versus el mundo desarrollado, y ciertamente, hay que tenerlo en cuenta. Pero tiene mucho más que ver con la política regional. La diferencia del apoyo de políticas para adoptar energías renovables, incluso entre los estados de Estados Unidos, es enorme. He volado a Phoenix, EE. UU., recientemente, y la mayoría de los tejados gigantes están vacíos; es doloroso ver esa oportunidad de cosechar aproximadamente 300 días de sol al año, perdida. Por lo tanto, no sorprende que diferentes países gestionen el problema de forma distinta.

Para tener más contexto, hablé con un amigo que administra inversiones de energía limpia para una multinacional en São Paulo (Brasil). Aparentemente, a diferencia de casi cualquier otro lugar en el mundo, el coste de la energía renovable está aumentando en el país. El problema, me dijo, es en gran medida de financiación. La corrupción y los problemas presupuestarios del país están haciendo que las opciones de financiación pasen del sector gubernamental al privado, y este último no proporciona tantas garantías ni términos que sean tan favorables. Por eso es que no vi muchos techos solares.

En cualquier caso, no hay forma de condensar fácilmente la combinación de financiación, política y demanda del mercado que se necesita para impulsar la energía limpia, y aún menos se puede obtener a través de una foto desde el cielo. Aunque dado el crecimiento de la población mundial y nuestra demanda constante de un aumento de los recursos naturales, pronto veremos más cambios en las ciudades y los paisajes. La visión de parques eólicos y campos solares cerca y dentro de las metrópolis tendrá que seguir creciendo. Y si (o, mejor aún, cuando) se hace, todos los que miran hacia abajo deberían sentirse mejor acerca de cómo la humanidad es capaz de superar sus retos.

*La definición de "más" y "ciudad" en esta frase es sorprendentemente fluida. La entrada de Wikipedia de las ciudades más grandes del mundo utiliza tres definiciones diferentes: ciudad propia (población dentro de límites administrativos), área metropolitana (la ciudad y sus suburbios principales) y área urbana (algunos límites más confusos basados en la densidad de población). Por áreas urbanas, Tokio, São Paulo, Nueva York y Ciudad de México son # 1, # 2, # 6, y # 11 en el mundo. Por área metropolitana, son # 2, # 9, # 11 y # 12. Leer detenidamente estas listas es revelador. ¡Guangzhou, en China, es el área metropolitana más grande con 44 millones de personas!