Desde el lanzamiento de la Expedición 1 a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) en 2001 (la primera estancia de larga duración durante la construcción de la estación orbital) el equipo de Salud y Rendimiento Humano de la NASA no ha dejado de mejorar y ganar experiencia en la planificación y el abastecimiento de soporte médico a las tripulaciones que se aventuran en los entornos más remotos de nuestro mundo. Cuatro veces al año, enviamos un nuevo equipo de astronautas y cosmonautas a la ISS, donde permanecerán entre seis y doces meses llevando a cabo tareas de ingeniería, diferentes investigaciones, labores de mantenimiento y mejoras para preparar la estación para futuros transportes comerciales. Durante ese tiempo, el acceso a la atención médica es fundamental: la alteración de sus rutinas terrestres y la microgravedad tienen efectos negativos sobre los huesos, los músculos, los fluidos y las funciones inmunes de los tripulantes.

La telemedicina es un componente clave de los cuidados médicos a bordo de la ISS. Aunque el personal médico siempre se ha comunicado con las tripulaciones de las misiones cortas, sobre todo para guiarlos en los problemas de salud más graves relacionados con lo vuelos espaciales, las misiones de larga duración y exploración actuales necesitan "medicina espacial" para cumplir con un objetivo mucho mayor e ir más alla de enfermedades menores y cuidados urgentes. La telemedicina permite cuidados preventivos, diagnósticos y terapéuticos durante muchos meses en el espacio; de forma ideal, permite tratamientos ininterrumpidos antes, durante y después de las misiones. Sin embargo, nuestra experiencia demuestra que alcanzar ese objetivo requiere planificación y formación antes del despegue, además de una buena comunicación y un rápido aprendizaje en el espacio. Estos factores son importantes para hacer realidad todo el potencial de la telemedicina para mejorar la atención médica en otros entornos remotos, extremos y sin recursos.

Planificar el soporte médico de cada misión. La capacidad médica de un programa de vuelo espacial determinado (por ejemplo, el Apolo, el Skylab, la ISS, etcétera) se define a partir de las necesidades médicas de la misión. La atención médica y recursos sanitarios para cada misión del programa dependen del equipo médico terrestre de la NASA, compuesto por médicos, ingenieros biomédicos (BME, por sus siglas en inglés), enfermeros, especialistas en imagen médica y psicólogos. Se presta especial atención al "perfil de la misión", un conjunto de factores que influyen en la salud y la necesidades y riesgos médicos de la tripulación, así como la duración del vuelo, el formato del despegue y aterrizaje, la capacidad de una evacuación médica y el tiempo de traslado hasta la atención médica completa.

El perfil de la misión determina qué medios materiales e intangibles para la prevención de enfermedades, el diagnóstico y el tratamiento se necesitan en cada misión. Las medicinas, instrumentos, consumibles y dispositivos y máquinas de ejercicio pertenecen a los activos materiales. Los activos intangibles incluyen la experiencia médica de a bordo y en tierra, los procesos, procedimientos y los protocolos. La telemedicina combina todos estos activos con un sistema de comunicaciones bien planificado y probado que transmite datos médicos y cualquier otro tipo de información y experiencia médica en los sentidos a demanda.

Formar a la tripulación para que cuiden de sí mismos. Antes del lanzamiento, todos los astronautas son formados para utilizar los activos médicos que se encontrarán a bordo. No siempre habrá un médico a bordo, por lo que algunos astronautas también han de recibir 40 horas de formación profesional paramédica para poder ocupar el puesto de oficial médico de la misión. Estas personas se familiarizan con una lista de problemas médicos previsibles, como un tripulante con problemas respiratorios, y las respuestas de emergencia adecuadas. También aprenden a realizar una exploración física básica y a tratar las dolencias más comunes: náuseas, irritaciones cutáneas y dolores de espalda. Más del 60 % de los astronautas sufren dolor de espalda en el espacio al alargarse y encogerse su médula óseas a medida que llegan a órbita. Después de la formación, saben que pueden llamar a su cirujano en vuelo, el cual podría recetarles un medicamento del botiquín o emplear otro procedimiento para aliviar el dolor.

Durante el transcurso de varios ciclos de lanzamiento, un grupo de médicos, enfermeros y farmacéuticos evalúa periódicamente los procedimientos y botiquines de la NASA para actualizarlos de acuerdo a las mejores prácticas más recientes tanto de la medicina terrestre como de la medicina espacial. Por ejemplo, cuando la Asociación de Hospitales Estadounidenses eliminó la lidocaína del Algoritmo de Parada Cardiorrespiratoria sin Pulso (utilizado para resucitar a alguien), los cirujanos en vuelo de la NASA eliminaron el fármaco de los botiquines en órbita y del procedimiento de Soporte Vital Avanzado de la ISS. Tanto la formación de los astronautas como los procedimientos basados en software utilizados se modificaron en consecuencia para garantizar la disponibilidad de los cuidados médicos más actuales y eficaces.

Buena comunicación y aprendizaje rápido, esencial. Los astronautas, médicos, enfermeros y personal de control de misiones de la NASA aprenden a adquirir buenas capacidades de comunicación operativa mediante clases, la práctica y simulaciones diseñadas a partir de escenarios posibles. Aprenden cómo comunicar y abordar toda una serie de cuestiones médicas. En situaciones de emergencia, como un astronauta que se asfixia, un tripulante dependerá de las formación que haya recibido y los procedimientos de abordo diseñados para tratar el problema de inmediato. En algún momento después de la emergencia, y para problemas médicos menos críticos, la tripulación podría mantener una conferencia privada con un médico en la Tierra para hablar de la mejor línea de acción y el seguimiento del problema. Un ingeniero biomédico o BME establece una conexión segura para que el médico puede mantener una videoconferencia con el astronauta y tratar todos los aspectos de la evaluación de los pacientes, su situación actual y el tratamiento recomendado. En ocasiones se puede consultar también con un especialista, el cual se suma a la llamada para participar en el diagnóstico y tratamiento. Nuestra experiencia ha demostrado que el conocimiento y la formación combinados con un enlace de comunicaciones privadas fiable dan pie a los mejores cuidados.

Un caso de estudio: ecografías en el espacio exterior

La telemedicina en acción puede describirse mejor con un ejemplo. En la mitad de una misión de seis meses, un tripulante de la ISS con un historial de lesiones de rodilla (y que estaba asintomático antes de la misión) desarrolló un molesto dolor de rodilla mientras entrenaba con el dispositivo de ejercicio de resistencia que todos los astronautas utilizan a bordo. Tras dos días de dolor, y al ver que ni el paracetamol ni el ibuprofeno hacían efecto, se programó una conferencia médica privada entre el astronauta y un médico de la NASA en tierra. El médico solicitó una ecografía de la articulación afectada.

Los equipos de ecografía son, por ahora, el único dispositivo médico de visualización que puede utilizarse a bordo de una nave espacial. La tecnología carece de radiación, es versátil, rentable y fácilmente reproducible. Además, sus resultados son más fiables y dependen menos de un técnico especializado que otras técnicas, como las imágenes de tomografía axial computarizada (TAC) y de resonancia magnética.

Los ecógrafos de la NASA guiaron a la tripulación paso a paso a través del proceso médico en cuestión completo. Los astronautas en el espacio también fueron asistidos por un radiólogo ortopédico en remoto. El radiólogo se conectó a través de una red privada virtual y pudo observar las imágenes de ecografía en tiempo real para ofrecer una impresión preliminar. Después de estudiar el conjunto completo de imágenes (descargado desde la ISS en cuestión de una hora por el BME), el radiólogo confirmó el problema. Entonces, se le recetó al astronauta una reducción temporal del ejercicio y algunas medicaciones. Pronto pudo volver a la rutina de ejercicio habitual y completó la misión sin dificultad.

En este caso, se utilizó un procedimiento especializado de imágenes de ecografía dirigidas para mejorar con información objetiva la valoración y el diagnóstico clínico y tomar decisiones precisas. El procedimiento no habría sido posible sin la supervisión médica en remoto de un experto en ecografías desde la Tierra, de un "guía"; y podría haber sido incompleto sin la visión adicional del radiólogo en remoto. La eficacia de este episodio de telemedicina también dependió de las formación médica recibida por los astronautas antes de la misión: habían aprendido las habilidades básicas durante las sesiones de práctica, lo que permitía que la tripulación fuera consciente de los diferentes pasos que les indicaban los expertos en remoto.

Mientras que las ecografías siguen siendo el procedimiento de telemedicina más practicado y avanzado, el enfoque aquí descrito podría aplicarse del mismo modo a otros procedimientos médicos "guiables", como intervenciones dentales, cirugías menores y acupuntura. El paradigma de la supervisión en remoto funciona en situaciones de atención médica en remoto donde existen tecnologías de imagen y conexión a internet, pero falta experiencia local. Esta forma de telemedicina está siendo aplicada con éxito en un número cada vez mayor de entornos rurales, expediciones y misiones militares donde se pueden utilizar y desplegar equipos ligeros fáciles de utilizar, siempre que exista una conexión a internet razonablemente estable.

La experiencia de la NASA con la telemedicina puede trasladarse no solo a lugares lejanos y asilados como la Antártida, sino también a zonas con un servicio médico deficiente, desde zonas rurales de Estados Unidos hasta países en desarrollo. A medida que la tecnología e internet se vuelvan cada vez más accesibles, la telemedicina conectará cada vez más a los proveedores de cuidados médicos con lugares y áreas desatendidas. Puesto que los especialistas médicos tienden a concentrarse en las ciudades más grandes, una buena infraestructura tecnológica combinada con mejores prácticas de telemedicina reducirá las desigualdades existentes en la atención médica.

Mientras tanto, nosotros estamos basándonos en lo que hemos aprendido sobre telemedicina para averiguar cómo ofrecer atención médica durante futuras misiones interplanetarias, en las que se carecerá de comunicación inmediata con la Tierra y se necesitará que la supervisión recaiga en ordenadores de a bordo, inteligencia artificial y software de realidad virtual. Mientras que los enlaces de comunicaciones entre la ISS y el control de misiones suceden prácticamente en tiempo real, guiar paso a paso a un astronauta durante una misión a Marte supondría un retraso de minutos, lo que impide la supervisión en remoto: el conocimiento y las herramientas de supervisión necesarias deben subirse a bordo de la nave antes del despegue. La exploración espacial, de nuevo, podría ayudar a generar nuevas soluciones que finalmente mejoren los cuidados médicos aquí en la Tierra.